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Viernes, 27 de mayo de 2011

ES MI MUNDO

Sintonía queer

En el mes del aniversario de la resistencia en Stonewall, las señales TCM e I.Sat rescatan de sus archivos películas antológicas capaces de ablandar un poco más los pies de barro de la homo/lesbo/transfobia. Orgullo y prejuicio es el nombre de ambos ciclos –en el caso de TCM, presentado además por Eusebio Poncela– de los que aquí rescatamos diez imperdibles.

 Por Diego Trerotola

La reina Cristina
(Queen Christina, 1933),
de Rouben Mamoulian

Se supone que esta película biográfica sobre la reina sueca del siglo XVIII falsea o atempera la verdadera bisexualidad del personaje real. Sin embargo, la belleza andrógina de Greta Garbo, a mediados del ’30, ya sería suficiente afrenta para dar con la ambigüedad que el retrato de la realeza polimorfa necesitaba. Por si esto fuese poco, Garbo se traviste, pasando por hombre para abandonar el trono, y besa en la boca a una mujer, tratando de sacarle el podio a Marlene Dietrich, que por esa época también le gustaba lengüetearse con alguna mina en la pantalla hollywoodense. Puede que Dios no salve a la Reina, pero la cultura gay la seguirá adorando como figura de culto.
Martes 7, a la 0.10, por TCM

Rebelde sin causa
(Rebel without a Cause, 1955),
de Nicholas Ray

El deseo homoerótico por James Dean hizo posible que, al volver la vista atrás, se considerara Rebelde sin causa como un clásico gay. Pero, en realidad, al revisar esta película, es fácil reconocer al también trágico actor Sal Mineo como el verdadero rebelde, por apartarse, en la ficción y en la vida real, de la hipocresía de la mala época que le tocó sufrir. Mártir marica, Mineo interpreta al adolescente enamorado de Dean, que por sólo insinuar su deseo en la escuela secundaria es aniquilado por sus compañeros, como homofobia exterminadora, como bullying homicida, frente a la expresión, aunque tímida, de su orientación sexual. Warhol pintó a Dean de icono pop y la historia hizo de Mineo el San Sebastián cinematográfico.
Martes 14, a las 22, por TCM

Los vulnerables
(Victim, 1961),
de Basil Dearden

Se dice que los casos de chantaje a homosexuales en Inglaterra de los primeros ’60 eran altísimos. Y esta película refleja la doble vida de un hombre casado que enfrenta una extorsión para no ser empujado fuera del closet. En un país que aún dictaba que la homosexualidad era un crimen, previo al espíritu liberador del Swinging London, Dirk Bogarde tuvo la gallardía de encarnar a un puto con todas las letras bien puestas. Dijo entonces: “Mientras filmábamos, nos decían que estábamos atacando la Biblia y nuestros abogados se lavaban las manos tras leer el guión. Fue la primera película en que un hombre le dice a otro: ‘Te amo’. Escribí esa escena. Les dije: ‘O hacemos una película sobre putos o no la hacemos’”. Y se hizo justicia estética.
Martes 21, a las 22, por TCM

Cruising (1980),
de William Friedkin

Gracias a Tarde de perros de Sidney Lumet, Al Pacino se había convertido en una suerte de latin lover homoerótico. A inicios de los ’80, capitalizando parte de la visibilidad Glttbi de la década anterior, Pacino aceptó protagonizar el policial Cruising y su signo cambió, porque fue bastante odiado por la comunidad gay a causa de la supuesta homofobia que la película descargaba en su retrato de un ambiente leather ligado a los crímenes de odio. Hay una discusión abierta en esta película de Friedkin, que también dirigió la amarga adaptación de la obra de teatro gay Los chicos de la banda. Acá el yiro por las calles de Nueva York se viste de cuero para mostrar la tensión entre la diversidad sexual, lo aberrante, la ley y el orden.
Martes 28, a las 22, por TCM

But I’m a Cheerleader (1999),
de Jamie Babbit

Pocas películas tratan sobre las terapias presuntamente reparadoras a las que son sometidas algunas personas que se apartan de la heterosexualidad obligatoria para construir su personalidad y su vida. En este caso, Megan, una estudiante de diecisiete años, se la sospecha lesbiana porque no disfruta los besos de su novio y es enviada a un campo para reprogramar su deseo. La ópera prima de Jamie Babbit se juega por una búsqueda dentro de los estereotipos, a veces de una manera incómoda en su forma de representar los géneros. Hay un cast de culto, que cuenta con actuaciones de RuPaul, en un papel sin drag, y de Mink Stole, actriz fetiche de todas las películas de John Waters, cineasta que fue una inspiración para la directora.
Lunes 13 a las 22, por I.Sat

Beautiful Boxer (2004),
de Ekachai Uekrongtham

El cine queer tailandés parece proliferar en los últimos años, con algunas muestras asombrosas de su poder subversivo, como los soldados enamorados de Tropical Malady de Apitchapong Weerasethakul o el porno-terrorismo de las últimas películas de Thunska Pansittivorakul. Beautiful Boxer sigue un subgénero abierto por la también tailandesa The Iron Ladies: películas basadas en historias reales sobre las nuevas corporalidades con que las personas trans irrumpieron en el mundo del deporte. En este caso, la biografía de Nong Thoom, campeona de kickboxing, actriz y modelo, es también una buena introducción al mundo de las katoeys, una forma particular de la comunidad trans extendida en el Sudeste asiático.

Lunes 13 a las 23.45, por I.Sat

Al otro lado (The Edge of Heaven, 2007),
de Fatih Akin

El cineasta turco-germano vuelve a ubicarse en la frontera, en el borde, donde todo amor es tan eléctrico, inefable como político, visto desde el cruce de culturas en conflicto constante con sí mismas y con el entorno. En su bifurcado relato coral sobresale una relación binacional entre dos mujeres, la activista política Ayten y su novia Lotte, un amor luminoso y espontáneo que se debe enfrentar al contexto ideológico europeo, con sus leyes inmigratorias y la persecución por defender la libertad de la protesta social. Con un sentimentalismo directo, por momentos algo incómodo, logra replantear, en un contexto distinto, algunos tópicos del drama carcelario entre mujeres, un subgénero históricamente lesbofóbico, sin caer en la necesidad de la corrección política.
Lunes 27 a las 22, por I.Sat

Fabulous! The Story of Queer Cinema (2006),
de Lisa Ades y Lesli Klainberg

Una historia del cine queer implica cierta incorrección en la representación de la diversidad sexual en la pantalla, como una grieta por donde se abren y se escurren las certezas sobre la identidad de género y la orientación sexual como formas petrificadas de construir, nombrar y politizar los cuerpos y las prácticas. Parte de eso trata este documental que recorre, con clips y testimonios, un relato que empezó en los márgenes de la posguerra para llegar al cine comercial, trazando un siglo XX con imágenes que pusieron en crisis la estabilización y regulación de las formas del deseo. Fabulosa oportunidad para aprender nombres que no tuvieron circulación local, y que serán nuevos criterios de búsqueda por Internet, donde se puede seguir ampliando la diversidad cultural que históricamente nos fue negada.
Martes 28 a la 0.20, por I.Sat

Morir como un hombre
(Morrer como um homem, 2009),
de Joao Pedro Rodrigues

Luego del periplo radical en plan sexualidad vagabunda de O Fantasma y del melodrama queer fantástico Odete, el cineasta portugués vuelve a redefinir el deseo, en rara cruza de géneros y subgéneros que van del melodrama artificioso al simulacro bélico, fundiendo posibilidades de erotismo gay y trans, del fetichismo por los uniformes y la seducción del maquillaje viril y femenino. Hay estética de chongo rufián, pero también glam de vedette, pasando por formas de retratar nuevas familias y relaciones, donde del dolor al placer hay un rango de matices difíciles de definir. Tal vez desde el Fassbinder de En un año de trece lunas, nadie encaró con tanto espesor cinematográfico un relato desgarrado, indeterminado y extremadamente diverso.
Martes 7, a la 0.40, por I.Sat

Blokes (2010),
de Marialy Rivas

Basado en un cuento de Pedro Lemebel, con guión de Rodrigo Bellot, este corto chileno participó en la competencia del Festival de Cannes. Su historia, en la espesura de la resistencia a la dictadura pinochetista, es el microcosmos de iniciación sexual entre ventanas de un barrio obrero de Santiago, donde el voyeurismo gay retratado por la película de Rivas logra un erotismo de fútbol barrial, con su respectivo chongo en musculosa y pantalón corto apretado, muy de esos ’70 donde la ropa al cuerpo era una invitación a la sensualidad de la carne y sus bultos. Aunque por sobre todas las cosas esta película tal vez sea la mejor apología de la apoyada en el colectivo. La revolución erótica de la clase obrera.
Dentro de la programación rotativa de Cortos I.Sat

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