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Viernes, 26 de agosto de 2011

ENTREVISTA

El hombre de al lado

Jean Wyllys, diputado brasileño por el Partido Socialismo y Libertad, se convirtió en una figura popular antes de dedicarse a la política: fue en Gran Hermano 2005 cuando habló de su orientación sexual ante millones de televidentes y terminó ganando esa edición del programa. Ahora trabaja para lograr una enmienda constitucional que habilite el matrimonio a todas las parejas en un país que carga tanto con esa imagen de sensualidad de exportación como con un número cada vez más elevado de crímenes de odio.

 Por Federico Sierra

¿Qué impacto tuvo la aprobación de la ley argentina de matrimonio igualitario en Brasil?

—La aprobación de la ley tuvo un impacto muy grande: todos los diarios le dieron cobertura especial. Hubo mucha repercusión en todos los medios y colocó a la Argentina como referencia, no sólo de Brasil sino de toda América latina como ejemplo de un país que decidió fortalecer su estado democrático a través de la ampliación de derechos y pensar los derechos humanos de modo más abarcativo.

¿En qué sentido impulsó el debate por el matrimonio igualitario allá?

—Culturalmente existe cierta rivalidad entre Brasil y Argentina. Brasil, a pesar de tener un potencial económico mayor y una moneda más fuerte, quedó atrás al respecto del cumplimiento de los derechos humanos. Con respecto al aborto también: en Argentina la discusión está más avanzada que en Brasil.

¿La aprobación de la ley en España y Portugal también los influyó?

—Sí, la aprobación en España, Portugal, Sudáfrica: todas ellas van colocando a Brasil en una situación reñida, siendo que se trata de un país que firmó tratados internacionales de derechos humanos y debería cumplir con ellos. La presidenta Dilma Rousseff dijo que su gobierno estaría pautado por la erradicación de la pobreza y por la defensa intransigente de los derechos humanos. Bueno, parece que llegó la hora de “cobrarle” a la presidenta por ese compromiso. Es necesario que el gobierno se posicione respecto al matrimonio igualitario y ayude al movimiento LGBT, a la sociedad civil y a los diputados de izquierda a enfrentar a las fuerzas conservadoras que están representadas por las iglesias evangelistas, católicas y sus políticos conservadores.

¿Quiénes son los principales opositores al Proyecto de Enmienda Constitucional que usted propone para que todas las parejas accedan al matrimonio civil?

—El frente parlamentario que forma la bancada evangelista, son los principales opositores al matrimonio igualitario y a todas las iniciativas de la ciudadanía LGTB. Ante cualquier extensión de derechos ellos se organizan y bloquean tanto políticas públicas como proyecto de ley. Estas iglesias crecieron mucho en poder, no pagan impuestos, y usan el dinero para financiar campañas. Demonizan a los homosexuales y su lucha por los derechos civiles.

¿Qué pasó con el programa “Escuela sin homofobia”?

—El proyecto es una política pública del Ministerio de Educación que incluía material didáctico para escuelas primarias y secundarias para combatir el bullying y la discriminación. El material se elaboró luego de diversas investigaciones sobre la homofobia en los colegios que constataron que el nivel de agresión era muy fuerte para adolescentes lesbianas, trans y gays. Esa violencia está llevando a muchos chicos al suicidio y al abandono escolar. Así, se confeccionó material para ser distribuido entre alumnos, docentes y directores. Esa iniciativa fue aprobada durante el gobierno de Lula con el aval de la Unesco. A pesar de eso, los diputados evangélicos decidieron hacer una campaña sucia para sabotear el proyecto.

¿Qué sucedió?

—Llevaron material falaz y que no tenía relación con “Escuela sin homofobia” a la prensa para iniciar una campaña sucia a la que gran parte de la prensa adhirió alegremente. No todos, pero sí los sectores más conservadores, aun sabiendo que era mentira. Se generó cierta histeria colectiva y ahí aprovecharon para advertirle a la presidenta Rousseff que si no suspendía el proyecto la bancada evangelista iba a apoyar el pedido de interpelación parlamentaria al ministro Antonio Palocci, quien estaba siendo acusado de corrupción. Eso era algo que dejaba en situación delicada al gobierno. La presidenta no asumió públicamente que fue chantajeada pero todos sabemos que eso ocurrió. Fue víctima de un chantaje.

¿La postura de Rousseff es ambigua por momentos?

—Dilma tenía este año para tomar medidas arriesgadas, para enfrentar a las fuerzas de derecha y sus expresiones en los medios de comunicación. Sin embargo, ella cedió. Al contrario de Cristina Kirchner, que enfrentó a los oligopolios de comunicación y a los sectores más reaccionarios de las iglesias de un modo más corajudo. Es una pena. Actualmente, el programa “Escuela sin homofobia” está suspendido.

¿Y dónde están los apoyos políticos?

—En el Partido Comunista de Brasil, en el Partido Verde, incluso hay muchos apoyos del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), por raro que suene. Yo pensé que el PT en masa iba a apoyar el proyecto, pero también hay pequeñas disputas personales conmigo por ser del PSOL. Por eso todo el tiempo es necesario trabajar esto como una causa suprapartidaria por encima de intereses de los partidos.

Ustedes llegan al debate parlamentario con un fallo del Superior Tribunal Federal de Brasil en el que señalan que “dos varones o dos mujeres pueden constituir una familias y tienen los mismos derechos y obligaciones”. ¿Esto simplifica el proceso?

—Por el contrario, parece que la batalla en Brasil es más ardua. Porque, a pesar del fallo de la Corte, necesitamos todavía organizar a la sociedad. Todavía está muy desinformada y desinteresada. Además, todavía falta mucho trabajo político para obtener la mayoría en Diputados. El hecho de tratarse de una enmienda constitucional requiere de la aprobación de dos tercios del Congreso: es mucha gente. En Argentina se trataba de modificar el Código Civil, lo que facilitaba las cosas.

¿Recibiste amenazas de muerte?

—Así es. Al mes de asumir, cuando anuncié que iba a impulsar esta enmienda constitucional, comenzaron las amenazas por redes sociales y por teléfono. Pero tengo bien en claro que quieren intimidarme y hacer que desista, pero no lo voy a hacer.

¿Es necesaria la voz en primera persona de un diputado gay en el Congreso o los heterosexuales bien pueden llevar adelante esta batalla?

—(Piensa) Y, lo ideal sería que haya varias voces homosexuales en la Cámara. Pero soy el único por el momento. Es un reaseguro para que otros sectores no agredan de modo tan impune. Y cuento con muchos diputados aliados heterosexuales. Si no fuese por ellos no avanzaría en la lucha. Sería importante que haya más diputados gays asumidos, pero en cuanto eso sucede, trabajo con todos los heterosexuales que se quieran sumar. 

¿Cómo te trató la prensa al asumir? ¿Hay cierto morbo por tu vida personal?

—Antes de ser diputado yo fui una figura muy conocida en Brasil por mi participación en Gran Hermano 2005. Yo gané esa edición y hablé de mi sexualidad dentro de la casa. Ya vivía sin ocultar mi orientación desde los 16 años y entré al programa como parte de la investigación para realizar mi tesis de doctorado que indagaba en el formato y la dinámica de los reality shows como género. Al salir, comencé el proceso inverso, me alejé de los medios y no quise exponerme más. Seis años después me postulé para diputado y los medios me recordaron, claro.

¿Qué pasó cuando contaste que eras gay dentro del programa?

—Y, tuvo muchos efectos políticos. Siempre traté de construir una referencia positiva de la homosexualidad. Y eso ayudó mucho a muchos televidentes. Por eso, pienso yo que mi participación en Gran Hermano no me desmerece, no me lo pueden echar en cara como algo negativo.

Parece haber dos imágenes de Brasil: un país sensual, libre y diverso. Y otro violento, atrasado y evangelista. ¿Ambos son reales?

—Son las contradicciones de un país tan grande y complejo, con una gran diversidad cultural. Allá las cosas no son blancas ni negras, están mezcladas, y el país que promociona el turismo gay es a la vez uno de los más homofóbicos de América latina. Así como es un país de mayoría afrodescendiente es también profundamente racista y les niega a los negros el acceso al consumo, a los puestos de trabajo, a las universidades. Ese es nuestro país.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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