soy

Sábado, 19 de abril de 2014

TEATRO

El sospechoso de siempre

En el ámbito de una piscina municipal se produce la duda. ¿El profesor dio un beso inocente para consolar a un niño lloroso o estamos frente a un pedófilo en potencia, como acusan los padres? Director y dramaturgo comprometido, el catalán Josep Miró Coromina provocó en 2011 con su obra GangBang el escándalo de los guardianes de la moral y de la religión. Ahora, con El principio de Arquímedes parte de la excusa de la pedofilia para cuestionar las bases en que se asienta la sociedad actual.

 Por Sebastián Santillán

Parece que un profesor le dio un beso a un nene. Mientras el rumor se expande por el barrio al ritmo de las redes sociales, la sospecha comienza a recaer sobre Rubén (Juan Minujín). La dueña de la piscina, Ana (Beatriz Spelzini, que como es habitual actúa extraordinariamente), se atreve a inmiscuirse en su vida privada. La primera pregunta es, por supuesto, con respecto a su orientación sexual: ¿sos gay? La segunda es si tiene o no una pareja estable. Como si la pedofilia fuera un asunto exclusivamente de gays o estuviera ligado a la promiscuidad (culpemos otra vez al puto sórdido) y no, como lo prueban mayoritariamente las estadísticas, un asunto preferentemente heterosexual. Su compañero de trabajo (Martín Slipak) comienza a cuestionarlo por hechos que en otro momento hubieran pasado desapercibidos: una mentira trivial, un exceso de alarde sexual, bromas machistas y homofóbicas que pueden esconder el germen de la perversión.

Pero, más allá del tema de la pedofilia que sobrevuela la trama, la obra se interroga respecto del modelo social en el cual queremos vivir. Pregunta particularmente actual en esta Argentina proclive a los linchamientos, a la justicia por mano propia y al reclamo incesante por la seguridad, el público es instado a elegir (y desde la escenografía y la aparición de pocos elementos se le ofrecen diferentes puntos de vista) si prefiere que los mecanismos de control y sospecha detengan cualquier eventual o posible peligro o donde pueda pensarse que los gestos de afecto son parte de la comunicación humana. Hoy en día los docentes, ni hablar si se trata de maestros jardineros o de profesores de música en las escuelas, apenas se atreven a tener el mínimo contacto físico con sus estudiantes por temor a una posible denuncia, poniendo en riesgo el proceso pedagógico de enseñanza y aprendizaje que necesita per se de la contención, de la ternura y de la manifestación de cariño y de confianza en el otro.

Para algunos, tu obra es una crítica a las sociedades de control que planteaban Deleuze o Foucault; para otros, la metáfora de la sociedad que desconfía en nombre de la mentada seguridad. ¿Vos qué decís?

Quería hablar del miedo y de las consecuencias en términos afectivos y de comportamiento. Rubén, cuando se le cuestiona por haber dado un beso a un niño asustado, dice que después de una acusación así ya no sabe cómo se tendrá que relacionar con los niños en una profesión como la suya (profesor de natación), en que el contacto es prácticamente inevitable. Por eso me parecía interesante plantear la obra en un espacio aséptico como una piscina. Nuestra sociedad también lo es. Cada vez más. Nos hemos vuelto tan políticamente correctos que cualquier gesto o opinión se puede convertir en algo censurable. La violación de la intimidad y la influencia de las redes sociales también eran elementos claves.

Hay una constante en tu obra que es el hecho de obligar al espectador a tomar posición. A la función que fui, y debió haber pasado en varias, en muchos momentos el público expresaba sus juicios a boca de jarro. ¿Qué posiciones notaste en torno del personaje de Rubén?

En una sociedad aburguesada, y con una tendencia teatral con mayor omnipresencia del show business, es una satisfacción cuando te dicen que es una obra que genera debate y que no es un mero preámbulo social para ir después a cenar. Me han preguntado muchas veces si Rubén es inocente o culpable. Yo les pregunto a qué conclusión han llegado y les digo que cada espectador saldrá con su verdad, y que es interesante que se pregunten por qué piensan una u otra cosa y que su conclusión tendrá que ver con ellos mismos, su mirada moral y sus miedos. A esto añado: ¿culpable de qué? A Rubén se lo acusa no por lo que ha hecho sino por lo que podría haber hecho. Es una acusación a la potencialidad. Otro aspecto que también me gusta indagar es en el concepto de verdad. Siempre digo que la verdad no es objetivable. La mentira, sí. Las verdades son múltiples. En El principio de Arquímedes, los cuatro personajes tienen su verdad y sus motivos. Los espectadores también.

El principio de Arquímedes fue estrenada en varias partes del mundo. ¿Qué diferencias notaste en las diversas adaptaciones o en la repercusión pública del tema?

En Buenos Aires, por ejemplo, pesa mucho el análisis sobre el tema de la sospecha, la duda, el prejuicio... En México se insiste más en el tema de la culpabilidad o la inocencia de Rubén. Pienso que tiene que ver con que en este país hay una mayor preocupación por la seguridad de los niños. Hay un diálogo que me resulta particularmente muy bello en el texto, entre Rubén y Ana:

Rubén: Un beso es algo inocente.

Ana: No. No siempre.

Puede ser una frase acusadora, puede ser una frase imbuida de un profundo romanticismo. ¿En qué pensabas cuando la escribiste?

Me parecía muy interesante presentar la idea de un gesto que pudiera ser interpretado en claves tan opuestas: ternura y horror. Nuestra sociedad, cada vez más asustada y enferma, está censurando la afectividad. El personaje de Ana, que interpreta Beatriz Spelzini, manifiesta que en un tiempo relativamente breve, retrocediendo un par de décadas, ha cambiado algo, ya que acciones que entonces serían absolutamente inocentes ahora son motivo de sospecha.

GangBang transcurría en un sauna masculino en Barcelona desbordado de clientes por la coincidencia con la visita del Papa a la Sagrada Familia. Había curas, catequistas, un muchacho que festeja sus 18 entregando su cuerpo. ¿Esperabas o buscabas el escándalo que suscitó?

No. No imaginaba que llegara a dimensiones como que un grupo ultracatólico pidiera al conceller de Cultura que se retirara la obra del Teatre Nacional de Catalunya antes de estrenarse, o que dos legionarios de Cristo interrumpieran una función al grito de “¡Cristo Rey!”. Siempre he dicho que GangBang (Abierto hasta la hora del Angelus) es una obra más poética que polémica. Sin GangBang no existiría El principio de Arquímedes. Empecé a escribirla coincidiendo con su estreno y en medio de ese jaleo. Me parece increíble que se pidiera su retirada por ofensiva, sin que aún se hubiera estrenado. Que se dijera que un teatro público no podía hacer aquello. Curiosamente, el grupo que se sentía ofendido pertenece a una religión que, en muchas ocasiones, ofende a la mujer, a los homosexuales, a las víctimas de abusos por parte de esta misma institución, pone en riesgo la salud con su discurso antipreservativo... a mí todo esto sí que me ofende.

En GangBang uno de los personajes dice que lo mejor que le podía haber pasado esa noche es haberse muerto después de que se lo hubiera follado todo el mundo. ¿Te parece un buen momento para morir?

(Se ríe) Me parecería una falta de respeto a quien te acompaña en el acto. En el caso del personaje de GangBang tiene un punto autodestructivo, un chaval que cumple 18 años y decide entregar su cuerpo a todos los clientes del local, indistintamente de si le gustan o no. Es un concepto del placer cuantitativo y no cualitativo. Tiene un poco que ver con esa frase de Warhol: “En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos, todo el mundo debería tener 15 minutos de gloria”. Hay quien lo encuentra en una aparición esporádica en la televisión, en la configuración de “su personaje” en las redes sociales, con un tweet con muchos seguidores... el personaje de GangBang cree que lo encontrará con un acto sexual masivo que acabe con su vida. Volviendo a la pregunta... preferiría que fuera plácido, no molesto para nadie y, sobre todo, tranquilo y satisfecho con mi vida.

¿Por qué decidiste escribir una obra sobre la pedofilia?

No diría que he escrito sobre la pedofilia... Aparece en dos obras, pero no como temática central. En El principio de Arquímedes es un pretexto para acabar apuntando hacia otro sitio. La primera escena puede dar la impresión de que es una obra sobre la pedofilia, pero a medida que va avanzando, la acusación, el prejuicio y la sospecha van desplazándola y se convierten en los auténticos ejes temáticos. En GangBang también aparecía, pero tampoco era el centro del relato.

El principio de Arquímedes.
De miércoles a sábado a las 21 y
domingos a las 20, Teatro General
San Martín, Corrientes 1530.

Compartir: 

Twitter
 

Imagen: Sebastian Freire
 
SOY
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.