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Viernes, 23 de mayo de 2014

CONSULTORIO BDSM

Sádicos asesinos

Tengo muchas ganas de incursionar en el BDSM como esclavo –me escribe Tomás, un lector de Tigre–. Tengo miedo de que me toque un loco. ¿Hay un modo de detectar que mi amo no es un sádico asesino?

Es frecuente el prejuicio de que quienes pertenecemos a la comunidad BDSM somos como mínimo violentos. En muchas películas sobre bares leather, siempre hay un asesino o un violador que los frecuenta. Es el caso de Cruising, la famosa película en la que Steve Burns (Al Pacino) recibe el encargo de sus superiores de infiltrarse en el “sórdido ambiente leather homosexual neoyorquino” (Wikipedia) para encontrar a un asesino serial de gays. En la película Irreversible, de Gaspar Noé, un violador es buscado por el novio de una de sus víctimas en el leather bar Rectum. En la película Saló de Pasolini, inspirada en la novela del Marqués de Sade, un grupo de poderosos secuestra en un palacio a 18 jóvenes a los que asesinarán en prácticas sadomasoquistas no consensuadas. Sin embargo, en las sesiones de sadomasoquismo siempre debe haber consenso entre quienes participan. No es frecuente, al menos nunca nos pasó a mí ni a mis amigos, toparse con un asesino; incluso es, a mi entender, menos frecuente que en otros ámbitos. ¿O no encontramos acaso tipos que torturan y/o matan a sus mujeres y a sus hijos en el marco de la sagrada institución de la familia? Es posible encontrarse con gente peligrosa en la calle o en un boliche. En el ambiente BDSM, más específicamente en prácticas de bondage, el consejo que circula es no dejarnos atar por un desconocido en nuestra propia casa.

En mi caso, siempre soy cauteloso cuando elijo con quién voy a tener un encuentro, tanto S/M como “vainilla”. Diez minutos de conversación me bastan para saber si una persona está loca o no, y soy consciente de que alguna vez puedo equivocarme: lo peor que me pasó fue llevar a mi casa a un tipo que conocía bastante de los clubes leather. Sin que yo tuviera suficiente capacidad de reacción para frenarlo, me dejó la espalda marcada de cinturonazos. Esa noche los dos estábamos muy borrachos, así que en parte también fui responsable.

En Internet doy mucha importancia a los textos de los perfiles y descarto a los que sin mediar conversación insisten en venir a mi casa. Algunos perfiles me inspiran más confianza, sobre todo los que muestran fotos propias y más si son perfiles que sé que están desde hace tiempo: supongo que el perfil de un criminal no debería ser fácilmente rastreable.

Nunca presencié momentos violentos en el ambiente BDSM (sí conocí alguna gente jodida o boluda, pero en ningún caso peligrosa). Al contrario, encontré gente divertida, hice muy buenos amigos y, por supuesto, tuve mis mejores experiencias sexuales.l

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