soy

Viernes, 19 de septiembre de 2014

TEATRO

ESTRELLITA MÍA

Miranda: una famosa actriz de telenovelas encarnada por la actriz trans Lucía Romina Escobar irrumpe en un velorio y no deja muerto en paz.

 Por Pablo Gasol

La historia gira en torno de un velorio hecho a la vieja usanza, en una casa de San Pedro. Para sorpresa de la viuda Cora (interpretada por Ana Ricciardi), el hijo del difunto Luis (encarnado por Ulises Puiggrós), y la esposa de éste, Carmina (en la piel de Tati Martínez), irrumpe la afamada actriz, quien mantenía una relación muy cercana y secreta con el difunto. La llegada de Miranda al hogar provinciano es tan sorpresiva como la muerte del propio don Carlos, quien perdió la vida al sacar la basura y ser interceptado por una esquirla de un avión que explotó en el aire.

Situada en 1988, La obra, escrita y dirigirá por Ulises Puiggrós, en colaboración con Lucía Romina Escobar, nos muestra cómo el machismo, la transfobia más cruenta y los viejos secretos familiares pueden unirse para traer aún más dolor ante una circunstancia tan bestial como es la muerte de un padre o esposo.

Una escenografía maravillosa (realizada por Laura Pla) nos transporta a la vieja casa pueblerina, donde el empapelado parece ser la estrategia de quienes la habitan, acostumbrados a ocultar y negar lo que les resulta doloroso e incomprensible. Hay algo de reproche de parte de quienes no logran salir de ahí, y no pueden perdonar a quienes han podido.

Momentos deliciosamente jocosos e instantes conmovedores llevan con buen ritmo al espectador a transcurrir los sesenta minutos de duración casi sin darse cuenta, es muy fácil zambullirse en la historia y entregarse a la fe poética. La actuación de Tati Martínez frente al televisor es memorable. El elenco conforma muy convincentemente personajes sólidos, quizás de tan sólidos un poco acartonados por momentos. La trama es muy dura, y suavizar algunos momentos le sumaría una textura mucho más interesante, y la haría aún más fácil de digerir.

Que una obra como Miranda esté en escena en la actualidad, nos sirve para no olvidar cómo eran las cosas en un pasado no tan cercano, y ver por qué es tan necesario empezar realmente a educar en la diversidad, para que este tipo de cosas no sigan ocurriendo. Es importante utilizar la magia del escenario para poner frente a los ojos del espectador el maltrato y la humillación. Lucía Romina Escobar con su don escénico logra transmitir el quebranto y la desolación del alma expulsada. Miranda también es una exiliada, una desterrada. Nos habla también del dinero, del poder, y de cómo éstos sacan a relucir, como siempre, la miseria humana. La obra transmite y educa sin caer en obviedades.

Miranda. Viernes a las 21. Taller del Angel. Mario Bravo 1239

Compartir: 

Twitter
 

 
SOY
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2018 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.