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Viernes, 24 de junio de 2016

Panorama desde el golpe

Con un perfil tan académico como televisivo
-fue el ganador de Gran Hermano Brasil en 2005-, Jean Wyllys es el único legislador abiertamente gay de su país. Desde su banca como diputado del Partido Socialismo y Libertad, como representante de la población lgbti, los afros, los sin techo, los sin tierra, analiza qué consecuencias tendrá el golpe blando para esos sectores de la población.

 Por Dolores Curia

En 2005, Jean Wyllys, quien ya por ese entonces era profesor universitario de Comunicación, probó suerte para entrar al Gran Hermano Brasil con fines exploratorios. “¿Qué otra forma mejor de estudiar ese fenómeno?”, respondía a quienes desconfiaban de sus objetivos etnográficos. Y no sólo entró, sino que también ganó. Emergió de ese programa ante los ojos del público como el primer académico en llegar a la final del reality y se ha dicho que esa fama sumó bastante a la hora de ser elegido como diputado por Río de Janeiro, cinco años después, por el Partido Socialismo y Libertad, un desprendimiento del Partido de los Trabajadores. Wyllys es hoy el primer (y el único) legislador abiertamente gay en un país, al que cataloga como “nación homofóbica en vías de convertirse en republica teocrática”, en referencia al poder aparentemente irrefrenable que han ido ganando las iglesias evangélicas, religión a la que adhiere un veinte por ciento de la población brasileña. En 2014 Wyllys lo hizo de nuevo: fue reelegido como el séptimo más votado entre los diputados federales de Río. Nada mal para alguien que creció en una casa sin electricidad ni agua potable de la periferia de Bahía -ciudad de la región nordeste, la más pobre del país- y que durante su época de estudiante sobrevivía vendiendo pochoclos en la calle.

¿Podrías relatarnos algunas de las situaciones a las que te enfrentaste siendo el único diputado fuera del closet en tu país?

-Lo más hermoso es el cariño que recibo de miles de personas que sienten por primera vez que alguien las representa. El lema de mi campaña fue “uno de nosotros”, que jugaba con dos lecturas: el hecho de ser una persona común y no un político profesional, que es algo muy importante para mí (siempre digo que no soy diputado, sino que estoy diputando) y, a la vez, el hecho de ser uno de “nosotros”, la comunidad lgbt, un gay orgulloso que por primera vez le da voz en el parlamento a los que antes no la tenían. No me creo representante de toda la comunidad, que es muy diversa, pero recibo el reconocimiento de miles de personas (no solo lgbt, sino también de otras minorías y gente progresista) que me ve como un representante. Lo más feo son los insultos. Hay un diputado de ultraderecha que se sienta siempre cerca mío en las reuniones de comisión y me insulta, me dice “maricón”, “puto” y cosas peores. Parece un chico maleducado de diez años, pero es diputado federal...

¿Cuánto te ayudó en tu carrera política la popularidad que te dio ganar Gran Hermano Brasil?

-Al principio de mi primer mandato, generó prejuicios. Los medios me nombraban como “el diputado ex-Big Brother”, como si yo hubiese nacido ahí. Cuando llegué al programa ya tenía una carrera, estudios de posgrado, libros publicados, militancia social, pero algunos medios querían reducirme a eso. Por suerte, eso ya pasó. Fui reelecto con casi 145 mil votos, gané tres veces un premio que otorgan periodistas acreditados al mejor diputado del país, tengo más de un millón de seguidores en Facebook que no tenía al comenzar mi mandato y que son por mi trabajo en el Parlamento y no por ese programa. Nunca negué esa parte de mi vida, entré al Big Brother como parte de una investigación en el área de los estudios culturales. Gané y eso me hizo feliz, no tengo nada de qué arrepentirme. Pero creo que con el tiempo la mayoría entendió que no fue lo más importante que hice ni me define. Mi papel hoy es otro.

En tu cara

Wyllys es autor de los proyectos de ley de matrimonio igualitario, identidad de género, legalización del aborto y legalización de la marihuana. Ninguno de ellos fue aprobado en el Congreso que, dice, está “cooptado por completo por el campo conservador que representa los intereses de banqueros, agroempresarios y fundamentalistas religiosos”. En abril de este año, durante la votación en la Cámara de Diputados de Brasil que dio inicio al proceso de impeachment que suspendió el mandato de Dilma Rousseff, distintos legisladores dedicaron su voto a Dios, a la familia y a la inocencia de los niños. El diputado Jair Bolsonaro lo dedicó su “sí” al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los torturadores de Dilma. Cuando le llegó el turno a Wyllys, en medio por una catarata de silbidos e insultos como “maricón”, dijo: “Estoy obligado a participar de esta farsa, una elección indirecta, conducida por un ladrón, instada por un traidor, conspirador, y apoyada por torturadores, cobardes, analfabetos políticos y vendidos. Una farsa sexista. En nombre de la población lgbti, del pueblo negro exterminado en las periferias, de los trabajadores de la cultura, de los sin techo, de los sin tierra, yo voto: No al golpe, canallas”. Acto seguido -tal como se puede ver en un video de YouTube que se viralizó por esos días también en las redes argentinas- Wyllys escupió en plena cara de Jair Bolsonaro. Una reacción que explica así: “es lo que se merecía. No temo enfrentar un proceso. Un proceso debería afrontar quien es racista, machista, provoca violencia, defiende la memoria de alguien como Brillhante Ustra, quien es un símbolo de la tortura en este país. Eso debería escandalizar, no la escupida en el rostro de un canalla.”

Llamaba la atención cuántos de los legisladores que votaron por el “sí” al impeachment dijeron hacerlo por “el bien de la familia”… ¿Por qué este énfasis?

-Lamentablemente el Congreso de mi país está prácticamente tomado por una coalición formada por fundamentalistas religiosos evangélicos de extrema derecha, por ruralistas, ex policías y militares que defienden el discurso de la “mano dura” y la criminalización de la pobreza, y diputados del “bajo clero”, por su parte, investigados por la justicia en diversos escándalos de corrupción. Buena parte de ellos fueron electos por partidos a los que el PT se alió para llegar al poder y conseguir la gobernabilidad y, cuando los efectos de la crisis y un mal manejo de la economía empezaron a minar la popularidad de la Presidenta, se aliaron a la oposición de derecha para derrocarla. Esa gente usa como principales banderas una serie de posiciones de falso moralismo: contra el aborto legal, contra los derechos civiles de lesbianas, gays y trans, contra la legalización de la marihuana, contra la educación sexual en las escuelas y, al mismo tiempo, un discurso de endurecimiento penal como solución para los problemas de seguridad pública. Hablan, entonces, de Dios y de la familia, pero lo que realmente les preocupa son sus causas judiciales y sus cuentas bancarias en Suiza.

Durante tu discurso en el Congreso, el día que se decidía el juicio político, dijiste que la votación era “una farsa sexista”. ¿Cuánto de misoginia hay en este proceso golpista?

-Mucha, muchísima. Sin querer disculpar los errores cometidos por Dilma, que fueron muchos y por eso yo milito en la oposición de izquierda a su gobierno, lo cierto es que hay una parte del sistema político y de la sociedad que no toleraba la idea de tener una mujer presidenta. Le hicieron la vida imposible, boicotearon su gestión desde el primer día y la atacaron de forma sexista, inclusive tratándola de loca desde la tapa de una revista. Lo que le hicieron a ella no se lo hubiesen hecho nunca a Lula.

¿Qué ha aportado el mandato de Dilma con respecto a los derechos lgbti?

-Casi nada. Esto se debe a sus acuerdos con la bancada evangélica, la misma que luego la traicionó y apoyó el impeachment. La mayoría de lo que conseguimos fue por otras vías. Por ejemplo, organizamos una campaña por el matrimonio igualitario y el apoyo que conseguimos de la sociedad fue muy importante. Llegado el momento, presentamos un recurso ante el Consejo Nacional de la Justicia, que reglamentó el matrimonio igualitario en todo el país. Mi proyecto de ley aún no fue aprobado, pero gracias a esa decisión del poder judicial ya contamos con la posibilidad de matrimonio igualitario como en Argentina, que nos inspiró mucho. También soy autor del proyecto de ley de identidad de género, para el que recibí ayuda de Vilma Ibarra y Silvia Augsburger.

Si tuvieras que hacer un cuadro de situación de Brasil hoy…

-Tenemos que seguir movilizando a la sociedad para conquistar derechos y para defender el Estado Laico, que nunca estuvo tan amenazado en nuestra historia como hoy. Están desmontando el Estado y prácticamente todas las políticas sociales del gobierno anterior. El avance del fundamentalismo es un peligro para la democracia y los derechos humanos. Este golpe significa un retroceso en todos los aspectos relativos a los Derechos Humanos. Es un golpe conducido por enemigos declarados del pueblo, de los derechos humanos y de las minorías. Si antes había un gobierno condicionado y presionado por sectores reaccionarios, ahora esos sectores tomaron el poder sin los votos. Para dar este golpe los sectores más reaccionarios de la coalición que apoyaba a Dilma se unieron a los sectores más reaccionarios de la oposición y a una ultraderecha fascista que desprecia la democracia. Tenemos que derrotarlos.

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Imagen: Daryan Dornelles
 
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