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Viernes, 11 de noviembre de 2016

La lucha es Mocha

El ensayo de Sabrina Testa La existencia del Mocha Celis o la invisibilidad en la visibilidad educativa explica por qué este bachillerato hace escuela.

 Por Paula Jiménez España

Solamente ocho veces la palabra inclusión puede leerse en el texto de la Ley de Educación Nacional y ninguna referida específicamente a las personas trans o queer, cuenta la investigadora Sabrina Testa en La existencia del Mocha Celis o la invisibilidad en la visibilidad educativa (La mariposa y la iguana, 2015). Para más información sobre el resistente binarismo que subyace, pese a todo, a la legalidad argentina, Testa agrega que hasta la misma ESI (Ley de Educación Sexual Integral) muestra la hilacha en el Inciso B del Artículo 3, al buscar “procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres”. Trazando un recorrido histórico sobre la cuestión homosexual, los estudios de género y el surgimiento de los bachilleratos populares, la autora intenta delinear las condiciones sociales y teóricas que posibilitaron -o más bien empujaron a- la creación del Mocha. Surgido como necesidad de albergar a la población travesti y trans, violentada y excluida del sistema de educación tradicional, esta escuela plantea desde sus comienzos un nuevo paradigma en la enseñanza, no verticalista ni igualador, en el sentido de un patrón único a imitar. Con un cambio de visión que ubica al alumnx en el rol del educandx (una actitud participativa y receptiva de los contenidos), el Mocha abrió sus puertas en 2011 con el objetivo de igualar también, pero desde la diversidad de las construcciones identitarias. Este interesante ensayo de Testa es el resultado de una compleja investigación que entrecruza variables socioeconómica, lingüística y teoría queer. Sobre el final, la autora incluye una entrevista a la directora académica, Vida Morant, quien explica: “Las identidades trans empoderadas desde el conocimiento, se tornan capaces de desarrollar herramientas para que el trabajo sexual no se les presente como la única opción de subsistencia, para quienes no elijan este medio como sustento económico, y al mismo tiempo deciden emprender acciones sociopolíticas que las posicionen como sujetxs de derecho. A quienes reivindiquen al trabajo sexual como un trabajo, que éste pueda estar protegido y enmarcado legalmente”.

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