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Viernes, 20 de febrero de 2009

Lo mismo pero diverso

La consigna era “por el mismo amor”; sin embargo, el picnic organizado para reclamar el derecho a la legalidad de las parejas y familias queer mostró –a pesar de la escasa concurrencia, seguramente ahuyentada por el calor– que no hay una misma forma de ser, de amar y de estar en el mundo; aunque todas merezcan los mismos derechos.

 Por Diego Trerotola

Muy mala costumbre la puntualidad. Mejor dicho, costumbre inoportuna: a quién se le ocurre llegar temprano a un picnic sabatino en Palermo durante el verano porteño, con un sol criminal y no sé cuantos grados a la sombra. A mí, por supuesto, ni se me pasó por la cabeza ser puntual porque llegué media hora tarde, pero igual era tempranísimo. No es que no estuviesen ni los perros, a las 14.30 perros sobraban en frente al Planetario lógicamente enmarcado por un cielo celeste perfecto, sin mancha de nube. Había al menos dos perros, una creo que se llamaba Lola y estaba atada a un cartel contra la discriminación, frente a un gazebo que la Federación LGBT había armado para surtir de panfletos y forros a todxs. El otro perro también era una perra: se llamaba Juana, aunque su tamaño autorizaba el diminutivo Juanita, y era una mezcla extraña de manto negro y salchicha, según palabras de su madre Ariana Cano, una de las protagonistas de la nota del viernes pasado de Soy. "Les voy a mandar una carta documento porque le cambiaron el sexo a mi perra en la nota de la semana pasada: es mujer, aunque un poco torta, porque le gusta jugar a la pelota", arranca a pura joda la locutora trans que, junto a su pareja Tomás, fueron una de las primeras familias en llegar, ya habían extendido su manta y tenían una conservadora llena de comida de suegra. Su hija Juanita casi no les daba bola, jugaba con una pelota, muy chonga ella.

La gente que había apenas superaba la veintena y se distribuía en las sombras de dos árboles para salir viva del abrazo del sol. Estaban principalmente quienes convocaban a esta actividad bajo la consigna "Picnic familiar por el mismo amor", que eran, además de la Federación, el sitio Elmismoamor.org, creado por algunos de los mismos que intentaron sostener hasta hace un tiempo la franquicia argentina de Gay.com. La invitación oficial al picnic que circuló por la web, multiplicada en Facebook, anunciaba: "Vení con tu pareja, tu familia, tus amigos, porque tenemos el mismo amor y queremos los mismos derechos con los mismos nombres".

Se entiende, claro, que debería existir justicia social, basada en la igualdad jurídica para todos y todas, y que haga posible el acceso a todas las posibilidades sociales, pero ¿eso realmente quiere decir una consigna como ésa? ¿Lo "mismo" tantas veces, no será más de lo mismo? ¿No se cae en el pozo de las posturas activistas- asimilacionistas que terminan sepultando la dimensión crítica de la diferencia para perpetuar el problema de la uniformidad que se quiere combatir?

EL BESO DE LA MUJER CHONGO

Vinieron más personas, claro, aparecieron varias decenas más, bastantes para un día de febrero y para la poca visibilidad glttbi pública y diurna que hay en Buenos Aires, a pesar de tener el mote de Capital Gay de Latinoamérica, porque esta ciudad gay vive de noche (cada vez más puertas adentro) y de día se duerme, se vuelve pacata, se hace la boluda o se esconde en un sauna. Wanda y Lala sí enfrentaron los rayos de Febo y salieron preparadas para un picnic minimal pero bien aporteñado: sólo trajeron termo y mate. La yerba, sin embargo, era otra, bien diferente, que ellas preparan con una receta que no quisieron revelar, una pócima personal, íntima que hacía del agua caliente un trip único. Lo que sí revelaron con sus caricias y sus besos era su deseo, y fueron las primeras, y casi las únicas, en chuponearse sobre el pasto. Ellas salen hace cuatro meses, Wanda fue profesora de cocina naturista de Lala y tras esas clases surgió otra clase de amor. Wanda, además, es parte de la Asociación Argentina de Chongos (AACH), cuya filosofía, que se puede seguir en carnetdechongo.blogspot.com, reclama: "Basta de decirnos que no se nos nota la tortillez (¡como si no quisiéramos que se nos note!)". Si hay diferencia que se note, y por eso defiende "el término CHONGO como manifestación de una identidad subversiva y de resistencia queer". Wanda aclara, como si hiciese falta, que es medio anarquista y que ahora está leyendo a la Judith Butler de Deshacer el género: y por eso no cree que el matrimonio sea su primera reivindicación, pero que está segura que ayudará a muchas personas, claro, y que si viene, que venga. Wanda, por lo pronto, no estaba ahí por lo mismo, estaba para deshacer con la visibilidad que proponen sus besos, su yerba y su blog cyberqueer.

Y de a poco hubo otras visibilidades. Llegaron varias familias; la más numerosa fue la de Roberto Piazza y su cónyuge, Walter Díaz, que trajo a su madre Ana Rosa, a su prima y a gran parte de su parentela. También estuvo Laura, de 33 años, con su hija de siete, Carolina Canevaro, ambas sobre una tradicional manta de picnic a cuadros, pero con más actitud de playa, pelándose al sol en mayas. Laura se identifica como madre soltera bi (antes estuvo casada, ahora está separada) y defiende esa soltería como una buena forma de educar a sus hijxs, porque también tiene otro. De matrimonio, el mismo o el diferente, por ahora Laura no quiere saber nada. Y así se fue llenando la sombra de los dos árboles: llegaron, entre otros, un joven de look disco con gorra dorada, un punk con remera de Ramones, la drag de civil Charly Darling con tocado de trenzas recién hechito, una docena más de gays, pero pocos se atrevieron a besarse en público. Las chicas les, bi, tortas, chongas, etc., estaban amorosamente más fuera del closet esa tarde, especialmente cuando cayeron las chicas Brandon (www.brandongayday.com.ar), infaltables, que cruzaron la plaza flameando, volando, con la bandera glbt del arco iris tamaño XXL que luego usaron como manta: ellas, todas luminosas, siempre están "over the rainbow". A todo esto, alguien repartía unos panfletos para una apostasía colectiva porque la "Iglesia Católica Argentina viola la ley en nombre de tu bautismo" (www.apostasiacolectiva.org); mientras el grupo de Cristianos Gays y Lesbianas de Argentina (www.cegla-argentina.com.ar) volanteaba "que deberíamos procurar vivir de acuerdo a los principios del amor y respeto del Evangelio". El amor, religioso en este caso, parecía no ser el mismo, pero convivía pacífico y sudoroso en este picnic. Y, aunque no éramos muchxs, fuimos lxs suficientes para visibilizar que la diversidad amorosa dejaba más paso a lo otro que a lo mismo. Y si se trataba de celebrar el amor diverso, siempre fue con distinto nombre: si para algunxs ese 14 de febrero fue el día de San Valentín, para mí, por lo menos, era el día de Valentín, a secas, no sólo porque soy laico, sino porque ese día se lo dedico al personaje homónimo de la novela El beso de la mujer araña de Manuel Puig. Valentín, el revolucionario encerrado en las ficciones pasionales de su compañero de celda, la Molina, y en las mías. Valentín, mi chongo, que no es el mismo chongo lésbico con carnet que reivindica Wanda. Este es otro chongo, que no es ningún santo pero la novela que lo crea sí es una hagiografía profana, pero de la Molina, una maricona martirizada por amor a la carne. Pobre santa.

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