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Viernes, 28 de agosto de 2009

ES MI MUNDO

Lo amo Sr. Spock

¿Aragorn y Legolas dejan las batallas en Tierra Media para escapar en un fin de semana romántico? ¿Frodo y Sam usan el anillo para comprometerse? No, no son reinterpretaciones de El señor de los Anillos, son ejemplificadoras historias de slash fan fiction, un subgénero literario en el cual las chicas sacuden un poco la testosterona de nuestros héroes

Crossover es la palabra que en el mundo del comic define un cruce de personajes de historias diferentes, pero que una vez reunidos interactúan entre sí para vivir aventuras inigualables. Harry Potter visitando a Aragorn de El señor de los Anillos en Tierra Media sería un ejemplo. En el mundo real, la relación ya clásica: mujer (hétero) y hombre (gay) ha atravesado varios terrenos. Desde los comienzos de las luchas por sus derechos pasando por la amistad, el amor, el desprecio y la marginación. Esta dupla vuelve a cruzarse en el crossover más “particular” de su historia: el slash fan fiction, un nuevo ¿subgénero literario? en el cual los fans de los programas, libros, películas y series de tv más exitosas deciden por el solo placer de hacerlo, escribir nuevas historias donde los personajes principales (generalmente masculinos) mantienen una relación gay. ¿Dónde está el cruce? Simple: la mayoría de los escritores de slash son mujeres heterosexuales.

Los culpables

“Kirk tomó el rostro de Spock entre sus manos. Lo miró sonriendo, con una sonrisa que decía mucho más que las palabras. Después lo empujó suavemente para besarlo otra vez. Primero besó el párpado izquierdo de Spock, que tenía los ojos cerrados. Más tarde empujó despacio la cabeza de Spock hacia la izquierda, y recorrió con la lengua su oreja, hasta el extremo puntiagudo, que besó amorosamente.” Este párrafo es sólo un ejemplo de los relatos que podemos encontrar en los centenares de sitios web dedicados al slash de Star Trek. Y es que allí empezó todo.

A finales de los años ‘60 algunos de los seguidores de la serie Viaje a las estrellas decidieron tomar la historia original y manipularla a gusto hasta, en muchos casos, cambiarla completamente. Este tipo de relato, por algunos catalogado como género se llama Fan fiction (literalmente ficción hecha por fanáticos). En sus inicios estas historias alternativas eran editadas en publicaciones independientes (fanzines). Algunas fanáticas no tardaron mucho en convertir la tensión sexual que existía entre los protagonistas de la serie en una relación homosexual en la cual se centraban las nuevas aventuras. A este tipo de fan fiction se lo llamó Slash: nombre en inglés de la barra oblicua “/” que era la que se utilizaba para separar a los involucrados (Kirk/Spock) y que con el tiempo se transformó en el símbolo para etiquetar las historias que se centran en una relación homosexual: Harry/Draco, en Harry Potter; Jack/Sawyer, en Lost, y las combinaciones son infinitas.

Y es que cuando Internet se masificó en la década del 90, se convirtió en el medio adecuado para distribuir las historias. La comunidad de slashs (escritoras y lectores) comenzó a reunirse en centenares de sitios web, como fanfiction.net, dedicados a publicar y criticar los nuevos relatos. Cada uno de estos websites contiene a su vez cientos de historias. Prácticamente no existe serie de tv, libro o película taquillera que no tenga su versión fan fiction y por supuesto una slash.

La otra dupla clásica

La palabra homosexual en muchos casos es asociada al escándalo, o para no ser tan tajantes, a la polémica. Como es de suponer, el slash ha generado numerosas discusiones que van más allá de los derechos de autor. Algunos fanáticos sostienen que estas historias “empañan” a los personajes originales al presentarlos de una manera en la que no fueron concebidos. Esto, obviamente, en referencia al carácter homosexual y frecuentemente erótico de los relatos. Las autoras, por su parte, afirman que las obras originales tienen un subtexto romántico. Ellas son las que se encargan de explicitar la tensión sexual entre dos personajes que son “grandes amigos” (como por ejemplo los slash Starsky/Hutch) o “eternos rivales” (Obi Wan Kenobi/Darth Mhaul, en Star Wars). En la página

www.HarryPotterPrincipeMestizo.com, uno de los websites de slash de Harry Potter más populares, una autora llamada Callie (la mayoría de las autoras usan seudónimos) define un poco más la situación: “Viendo con ojos de slasher (escritora de slash), las relaciones, la tensión, pueden o no estar ahí (esa es la naturaleza del subtexto después de todo). Lo que más me gusta del slash es que transforma los programas, libros, etc. Transforma ese universo. ¿Y eso no es lo que el romance hace, transformarlo todo en el mejor de los mundos posibles?”.

La cuestión legal con los slash fan fiction no es tan sencilla: si consideramos las narraciones de las fanáticas como derivadas de creaciones protegidas por los derechos del copyright, son ilegales. Pero si son entendidas como creaciones originales quedan dentro de lo legal. En ambos casos se trata de temática homosexual y escandaliza lo mismo: la empresa Lucas Films, por ejemplo, ha iniciado acciones legales para prevenir y evitar cualquier reinterpretación gay de los personajes de La guerra de las galaxias (ocurre que las luchas con sables luminosos están servidas en bandeja). También son notorios los intentos de Anne Rice para detener la produccion de slash basadas en sus Crónicas vampíricas. A pesar de esto por lo general los grandes estudios o editoriales no arremeten contra el slash. Se sabe que mientras más se hable de un producto, más se lo consume y que no es aconsejable ofender a los fans.

El lápiz no es japonés, es femenino

En los últimos años el slash ha sido objeto de estudio, no tanto por la temática queer de las nuevas producciones, sino por el hecho de que, según las encuestas, las autoras en su mayoría son mujeres heterosexuales jóvenes, transitando sus veinte años. El debate en cuestión gira en torno de la pregunta ¿por qué las mujeres quieren leer y escribir acerca de hombres que se relacionan con hombres? En su foro de discusión, nuevamente Callie pretende responder a esta cuestión: “Fundamentalmente escribo y leo slash porque me gusta. Poner mis dedos sobre los personajes me parece sexy. No puedo explicarlo de otra manera. A algunas personas les gustan los cuentos de hadas, a otras les gusta Playboy, a mí me gusta el slash. Y si te gusta, te gusta, y si no, no”.

Pero el tema es mucho más complejo que una simple cuestión de gustos. El slash ha sido definido como importante para la comunidad glttb y para la formación de la identidad queer, ya que representa un tipo de resistencia a la heterosexualidad obligatoria. Al mismo tiempo se lo ha descrito por una parte de la comunidad gay como no representativo, se lo entiende más como un medio para expresar la frustración feminista con la ficción en general.

Kirby Crow, una de las autoras más prolíficas de slash Harry Potter, en algunas ocasiones, ha sido acusada por algunos círculos gays de no entender las costumbres de los homosexuales, ante lo cual aclara: “Esto no es acerca de porno gay. Las mujeres heterosexuales disfrutamos del slash básicamente por el nivel de intimidad que existe entre los personajes masculinos. Las mujeres usamos el slash para tener control sobre el cuerpo de los hombres para nuestra propia diversión, como los hombres han estado haciendo con el cuerpo de las mujeres durante siglos. Si un hombre me calienta, dos hombres me calientan aún más, eso es algo que los hombres han estado diciendo durante años acerca de las lesbianas”.

Más allá de las opiniones contrapuestas, lo cierto es que el slash saca a los televidentes y a los lectores de su rol de pasivos y los hace interactuar. Estas autoras al tomar el subtexto de romance queer y ponerlo como eje central de sus historias están cambiando el paradigma heterosexual dominante, están reescribiendo su narrativa ampliando el espectro de posibilidades: “Estamos tomando el control de nuestra propia sexualidad y sensualidad. El lápiz es más fuerte que la palabra. Y en nuestras manos el lápiz es femenino”, sentencia Crow.

Queremos héroes propios

El tema de las mujeres como autoras de slash desconcierta y mucho. La heterosexualidad impuesta como obligatoria y su necesidad de clasificarlo todo para saber con qué se enfrenta, y poder “atacar”, choca de lleno ante este nuevo subgénero literario: no existe una etiqueta para nombrar a una mujer que escribe sobre hombres que se relacionan amorosamente con otros hombres. No se las puede ajustar a esa gran caja que son las relaciones sexuales “reales”.

Pese a esto el fenómeno slash sigue creciendo. Aparecen términos como Femslash, para remarcar las historias sobre dos mujeres, y surgen en los relatos los primeros personajes travestis o transgénero, aunque en muchísima menor cantidad.

Algunos teóricos sostienen que el fan fiction en general, y dentro de este, el slash, son una vuelta de los mitos al pueblo: “Es una forma cultural de reparar el daño que ha causado un sistema donde los mitos no son propiedad de la gente sino de las corporaciones”. Quizá sea así, y quizá sea esto lo que moleste cuando las mujeres hacen que los personajes principales de los producciones más exitosas mantengan una relación homosexual. La heteronormativa cultural prohíbe los héroes homosexuales en la mitología contemporánea. De todas formas, la mecha ha sido encendida.

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