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Viernes, 28 de agosto de 2009

TEATRO

Hacerse hombre

Cinco mujeres se draguean en escena para ponerles el cuerpo a los estereotipos machistas más evidentes.

 Por Guadalupe Treibel

“Hay que desestabilizar el binarismo social de género, derribar los saberes, provocar repulsa y fascinación, poner en crisis las categorías de lo masculino y femenino para desarrollar a las personas en su singularidad”, (re)cuenta Alejandra Arístegui, directora de la recientemente repuesta Cosa de machos, una pieza francamente feminista que se anima a ironizar la tipología de macho, poniendo —literalmente— el cuerpo en el eje de la cuestión. Con la actuación de Marcela Díaz, Patricia Roncarolo y Florencia Rosemblat, explota los masculinos misóginos desde el dragueo. “Históricamente, la mujer siempre ha sido parodiada, siempre ha sido objeto de humor; lo que parece imparodiable es el varón blanco de clase media. A él apuntamos nosotras”, define Arístegui.

El grupo En Vilo se formó en 2005, después de que sus integrantes asistieran a un taller de Drag Kings que brindó la actriz argentina —con residencia en Nueva York— Susana Cook. “Como plantea la estudiosa Judith “Jack” Halberstam, la identidad se crea desde el cuerpo. La idea no era que las chicas fueran hombres sino que funcionaran como tales, con todas sus características. De todas formas, se hizo el trabajo de cómo pararse, usar el espacio y, en ese sentido, fue una revelación para nosotras tomar conciencia de que el espacio que el hombre usa es siempre más amplio que el que utiliza la mujer. Hay algo expansivo en la forma de hablar y de pararse, ya naturalizado. Nosotras, en cambio, intentamos molestar lo menos posible”, explica Arístegui, quien integra el equipo de talleres para jóvenes dentro del marco del Programa de Participación Juvenil de la Secretaría de Derechos Humanos.

Futbolistas, pibes barriobajeros amantes de la cumbia, un juez misógino, dos marines (¿norteamericanos?), unidos por una línea invisible que pone en contacto a todos los personajes. Y también por los insultos: “Es profundamente degradante. Pareciera que lo peor que pueden decirse es mariquita”, ejemplifica Arístegui, que trabajó la dramaturgia del espectáculo junto a Díaz y Roncarolo.

Por supuesto, nada está librado al azar en Cosa de machos. La misma canción que musicaliza la espera y el ingreso a la sala es la sugerente “Mejor no hablar (de ciertas cosas)”, de Sumo. Palo y a la bolsa, en dichos populares. Al respecto, Alejandra desarrolla: “La parodia al hombre blanco exitoso con su estructura familiar es impensable porque, en el inconsciente colectivo, es a lo que se aspira. ¿Cómo ironizar lo que está legitimado? Y, en realidad, da para reírse muchísimo porque es un sueño americano, un mandato ridículo. Pero, claro, era inconcebible como performance. Más, hecho por mujeres”.

Drag Kings. Cosa de machos, viernes de agosto y septiembre a las 21 en el Centro Cultural Caras y Caretas, Venezuela 370. Tel.: 5354-6618. Entrada: $ 25.

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