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Viernes, 28 de agosto de 2009

PD

Una de amor

cartas a [email protected]

Mucho se ha escrito ya sobre la nueva versión de The taking of the Pelham 123. Nada nuevo: pocos comentarios salen del típico cliché de que las remake, nunca son buenas. Intentaré acá otra lectura: detrás del film de acción hollywoodense se esconde uno de amor con final trágico. John Travolta, el secuestrador, se enamora de Denzel Washington, empleado convertido en negociador, lo que lo lleva a echar a perder su plan. Todo comienza con una voz que lo seduce. Ante su pérdida, el enamorado no duda en matar a un rehén para recuperarla (¿quién no se ha dado cuenta del efecto que eso produce en los otros de cualquier orientación, cuando un teléfono, una radio o un comunicador les tensa su identidad en formas que les cuesta tolerar?) Como suele pasar en estos casos ambiguos, Travolta, tratando de retenerlo, se enorgullece en la charla de sus amores con una mujer. Luego viene la alegría de conocer al amado, dejarlo escapar con vida esperando un reencuentro, para terminar confesándole su amor —“You are my hero”, es su última frase— cuando ya todo es imposible. Las citas —que hoy vuelven a estar escondidas para las nuevas generaciones que no las conocieron— hablan de otra época: el blanco que se enamora del negro, la estadía en un espacio exclusivamente masculino como la cárcel, el aro en la oreja izquierda de Washington, o los mostachos de Travolta. Y este último, buen conocedor de esas cosas, las interpreta magistralmente: sus sonrisas son apenas más pronunciadas que lo que dicta la moral establecida, sus miradas se detienen décimas de segundo más de lo esperado, y los silencios son prolongados míninamente para gritar lo que se calla. En Sleep with me, de Rory Nelly (1994), Quentin Tarantino —partícipe del guión de TopGun— ensaya una lectura gay de aquel icono ochentoso protagonizado por Tom Cruise —se sigue sumando gente a la fiesta— y dirigido por Tony Scott, que no es otro que el director de la remake del Pelham 123. Quizás, con el tiempo, haya ciclos de su obra en los festivales de cine GLTTB —o, mejor aún, en los de cine bisexual masculino que aún no nos hemos animado a organizar la “minoría dentro de la minoría”—. Por ahora, no queda más que presentar estas notas, y volver a ver la película para detenerse en los guiños que el gran Travolta nos lanza todo el tiempo a los entendidos, como si nos estuviera diciendo “We wonna make it”.

El Vasko

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