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Viernes, 18 de septiembre de 2009

A LA VISTA

El paciente inglés y la medalla de oro

Los arrepentimientos oficiales, los pomposos discursos de perdón, las sumas retroactivas a los familiares de las víctimas, aun cuando lleguen con un retraso mortal, tienen el poder de guiar la mirada hacia lo que pasó y hacia lo que no puede pasar nunca más. Por esto es que miles de personas, entre ellas el novelista Ian McEwan y el científico Richard Dawkins, exigieron al primer ministro inglés, Gordon Brown, una disculpa oficial para el científico Alan Turing, uno de los creadores del sistema que permitió descifrar los códigos nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que luego de ganada la guerra fue condenado por su homosexualidad a la castración química. Turing se suicidó poco después. Tenía 41 años. Brown no sólo no tardó en responder, sino que dejó constancia del orgullo de ofrecer una disculpa oficial: “Aunque Turing fue tratado de acuerdo con las leyes vigentes en aquel tiempo y no podemos hacer retroceder el reloj, debemos reconocer que el tratamiento que se le dio fue absolutamente injusto, y tengo el placer de tener la oportunidad de decir cuán profundamente sentimos todo lo que le pasó. Alan y miles de otros hombres gays que fueron condenados como él lo fueron bajo leyes homofóbicas. A través de los años, millones más vivieron bajo el temor de la condena. Este reconocimiento de Alan, como una de las famosas víctimas de la homofobia en Gran Bretaña, es otro paso, largamente esperado, hacia la igualdad”.

Por estos días y lejos de Gran Bretaña, pero en el mismo mediático mundo, se han filtrado los análisis de género de la corredora sudafricana Caster Semenya, quien ganó una medalla de oro en Berlín. La prensa diagnostica con la palabra hermafrodita y detalla que adentro no tiene ni útero ni ovarios sino dos testículos que producen altos niveles de testosterona. Seguramente perderá el oro ganado por culpa de su condición de intersexual, probablemente por esa misma condición no la dejen competir ni con chicas, que es lo que corresponde, ni con chicos, que es lo que mandaría una lógica castradora. Caster Semenya nació así, es así, vivió así toda su vida y parte de esta condición genética ha contribuido, como en el caso de otras personas intersex, a que sea una atleta excepcional. ¿No era que estos certámenes premian la excelencia, es decir, las mejores condiciones físicas, las cuales, en muchísimos casos, son de origen genético? De manera que no tiene ninguna lógica excluir a los intersex de dichas competiciones por la sola razón de que su particularidad genética afecta la asignación social de género.

Ya se oyen voces que dicen que tendría que operarse, solucionarse, rectificarse y dedicarse a otra cosa. ¿Cuantos años deberá esperar Semenya para que el discurso oficial se dé cuenta de que cometió una atrocidad que, a propósito, es tan parecida a la que cometió con Turing?

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