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Viernes, 31 de julio de 2015

Las víctimas que nunca son inocentes

 Por Lohana Berkins

Cuando nos llegó la convocatoria por el Ni una menos, inmediatamente sentimos que teníamos una cita en ese lugar, a esa hora, pero a medida que se iba acercando el día comenzamos entre nosotras a debatir cómo lo haríamos. Algunas querían ir a la marcha con un cartel que dijera “No a la transfobia”. Otras dijimos que no, que llevaríamos un cartel que dijera (numeral) “Basta de travesticidios”. Las mujeres son las afectadas por la violencia, pero también lo son miles de compañeras travestis a causa de los travesticidios. No queríamos usar el término transfobia, que supone una enfermedad, si lo usás le estás concediendo al opresor un lugar de enfermo. Aquel día, el 3 de junio, aprovechamos ese escenario –en el que se visibilizó la enorme cantidad de mujeres que eran oprimidas y violentadas–, llevamos nuestro cartel y generamos una dialéctica: a nosotras también nos pasa lo mismo. Entendemos que la matriz de todo esto está en el patriarcado y el capitalismo, que nos oprime a todos y todas. Hay una transversalidad entre unas y otra. Hay que cambiar este sistema androcéntrico. La moral pública la siguen ejerciendo los varones, el humor, la moda, es su dominio: es alguien que vuelca sus fantasías sobre nosotras. Corre el eje del cuerpo, la funcionalidad de la ropa, la comodidad desaparece absolutamente en función de la industria cultural y del capitalismo.

Los relatos sobre las muertes travestis siguen teniendo una mirada morbosa. Cuanto más se noten los detalles sangrientos, mejor. Y se produce una observación revictimadora del cuerpo: “Con el lomo que tenía podría haberle pegado”. Con respecto a la Justicia, ésta se aggiornó en muchas cuestiones excepto en la estructura del lenguaje. Antes, en las estadísticas nos ponía como varones y ahora como mujeres, pero no da cuenta de nada más, no da cuenta de lo que están diciendo esos cuerpos. “La mataron en la zona roja” o “la mató un cliente”, ésta es la versión que dan los medios hegemónicos y después, en vez de buscar los motivos de la violencia ejercida hacia la compañera, se dice de ella que era así o era asá. Una muletilla de los medios es “Murió una víctima inocente”. Si es Ángeles Rawson entonces es inocente, la contracara son las travestis. Lo que se debería decir es que murió una víctima. Y punto.

El cuerpo, en realidad, no se lee. A mí me gustaría saber qué dicen en las morgues, cuál es la estadística que tienen, si esos cuerpos que llegan allí tienen ya un deterioro previo. Es bastante lamentable que la justicia no pueda dar cuenta de compañeras que hayan muerto y sus crímenes hayan sido investigados. Son crímenes que para gran parte de la sociedad no cuentan. Marcharon por Nisman sin tener ninguna certeza, pero no sé si lograríamos por una de nosotras una convocatoria semejante.

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Imagen: Agustina Guimaraes García
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