turismo

Domingo, 23 de diciembre de 2007

CHUBUT > PESCA CON MOSCA EN RíO PICO

Cómo engañar a la trucha

Río Pico es un pueblito perdido en la estepa chubutense, rodeado de ríos y lagos, que atrae todos los veranos a pescadores aficionados y expertos en el arte de la pesca con mosca. Excursiones embarcadas con guías a lugares solitarios donde se obtienen truchas arcos iris y fontinalis de gran porte.

 Por Julián Varsavsky

El pueblo de Río Pico, en pleno sur de la provincia de Chubut, permanece casi desierto la mayor parte del día. Sólo de vez en cuando aparece un paisano a caballo por las calles de tierra en las que el viento levanta remolinos de arena. Además de la belleza de los paisajes, el pueblo atrae en particular a los pescadores con mosca, esos viajeros con alma solitaria que buscan, por sobre todas las cosas, lugares de quietud absoluta para pescar en paz con unos pocos amigos y poca gente a la vista.

La foto testimonia una imagen fugaz: en instantes, la trucha deberá ser devuelta al agua.

Guias con secretos

“Lo primero que hace el guía de un grupo de pesca con mosca en esta zona es meterse al agua y levantar las piedras para ver las ninfas que hay debajo y su color según el mes del año, ya que cambian todo el tiempo; así se determina la forma y el color de la mosca que está comiendo la trucha en ese momento.” Así lo explica Horacio Brunt, un guía nacido en Gaiman que vive en la zona y conoce los secretos del pique. “En noviembre se pesca mejor al mediodía, cuando hace calor, momento en que los insectos salen a buscar alimento... y también las truchas. En cambio, en enero y febrero no vale la pena intentar pescar al mediodía porque en esas horas las truchas se sumergen en las profundidades para escapar del calor.” A esta altura ya queda claro que los guías de pesca –sin dudas imprescindibles–, son expertos semiólogos que se dedican a estudiar signos en el ambiente y a relacionarlos entre sí. De hecho los guías que dirigen grupos de pescadores por lo general no pescan, evitando perder la concentración para ubicar así los mejores lugares donde tirar la caña.

El “latigazo” sobre las aguas chubutenses desde un gomón con motor fuera de borda.

Los pesqueros

Desde el lago Vinter al llamado Lago 2 –un área de 60 kilómetros cuadrados–, los pescadores disponen de más de 20 lagos, ríos y lagunas donde probar suerte (aunque en verdad esta clase de pesca depende más de la técnica que de la suerte).

Una de las singularidades de la zona de Río Pico es que sus pesqueros son lugares tranquilos –esto implica mayor abundancia de truchas–, ya que para llegar a ellos se necesita un vehículo doble tracción. Respecto a los portes, si se compara con la provincia de Santa Cruz, el promedio de las truchas en Río Pico es menor y va de 4 a 4,5 kilos, mientras que en la provincia más sureña del territorio continental se pueden obtener truchas de hasta 6,5 kilos. Pero los portes son mayores si se los compara con las piezas que se pueden capturar en Bariloche, Esquel y San Martín de los Andes. Además, en Río Pico hay gran cantidad de truchas –15 ejemplares por día es un número promedio–, y en un buen día de pesca pueden llegar a pescarse hasta 25 por pescador.

Otro aspecto singular de Río Pico es que los pescadores pueden definir de antemano el tamaño o la cantidad de truchas que quieren pescar. Es así que si se trata de capturar muchas piezas sin importar el tamaño, pueden elegir un determinado río. Y si lo que les interesa es un buen porte, por ejemplo, una trucha de seis kilos, sólo tienen que rumbear hacia alguno de los lagos.

Curiosamente, la mayoría de los lagos que rodean a Río Pico no tienen nombre sino número, del 1 al 5. El 3 y el 1 –junto con el Vintter–, son considerados los mejores, porque allí casi todo pescador tiene garantizada una pesca de varias truchas por jornada, con portes entre 3 y 4 kilos. Entre los ríos, los mejor reputados son el Corcovado y el Pico, a los que les siguen el Nilson y el Pampa. Pero claro, hay mil secretos muy bien guardados por los guías, como por ejemplo, que en un pozón de la cascada Salto de Paso hay decenas de truchas pequeñas.

Con las piernas dentro del agua, el pescador espera poder engañar a la trucha.

Trucos y truchas

El modo de pesca principal es con mosca –fly fishing–, y embarcado en un gomón inflable con motor, aunque en algunos lugares se impone el tradicional sistema de la caña de spinning. La devolución de las piezas vivas al agua debe ser total, según el reglamento, o sea no se permite llevarse ni una sola. Las especies que más abundan son las truchas arco iris y marrón, aunque también se pesca la variante fontinalis o trucha del arroyo. Además pueden picar algunos salmones.

Las moscas más recomendadas son los streamers, con unos anzuelos grandes que imitan a los alevinos; las ninfas, útiles en los ríos; y las moscas secas que flotan en la superficie del agua. Pero claro, de nada sirve tanta tecnología si uno no la sabe usar. La mosca seca, por ejemplo, sólo sirve durante unos 20 minutos al atardecer, cuando sobre los juncos de los lagos se posa un insecto llamado cádiz, una especie de mosquita que sobrevuela las aguas y es cazada por las truchas. Por eso se usa esta clase de mosca, que no se hunde, especialmente en la boca de los arroyos que alimentan los lagos, donde la corriente trae toda clase de insectos, incluyendo minúsculas arañitas.

Este deporte, que bien podría llamarse “el arte de engañar a la trucha”, tiene un sinnúmero de secretos. Los guías –igual que los magos y los artesanos que no revelan sus técnicas– apenas declaran en público sus trucos más obvios que, sin embargo, para un lego son todo un descubrimiento. “Las truchas no están nunca en la correntada, sino siempre detrás de algo, esperando que llegue el bocado”, dice Horacio Brunt. “En el mes de febrero se acercan bastante a la costa porque hay muchas gatas peludas, y por eso como mosca se usa una ninfa de mariposa. En los días muy calurosos de enero hay muchos saltamontes, así que les tiramos un señuelo con forma de saltamonte. Y una trucha marrón es capaz de comerse hasta un ratoncito. Pero ese es nuestro límite; hasta hora nadie inventó una mosca con forma de ratón.”

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