turismo

Domingo, 19 de abril de 2009

TIGRE > ECOTURISMO EN EL DELTA

En el corazón isleño

Crónica de una excursión a una isla del Delta sobre el río Carapachay, donde se organizan caminatas ecológicas, avistajes, cabalgatas, paseos en bicicleta y salidas en canoa. La experiencia de atravesar los pastizales, pajonales, lagunas y espesos cañaverales de la agreste tierra isleña.

 Por Julián Varsavsky

La jornada de ecoturismo comienza en la mañana, en el kilómetro 13 del río Carapachay, Primera Sección del Delta. Luego de un té de bienvenida en una hermosa casona de 1898 rodeada por árboles de nuez pecán, emprendemos una caminata hacia el interior de la isla donde está Bonanza Deltaventura, con su propuesta de pasar un día de actividades al aire libre que incluyen caminatas, una cabalgata y un paseo en canoa canadiense o bicicleta.

El guía –especializado en los secretos de ese mundo que fluye en el delta– nos cuenta que estas islas tienen la forma de un plato hondo, con los bordes elevados y hundidas en el medio. Al atravesar la hendidura de ese plato –a pie, a caballo o en bicicleta, según se lo prefiera–, van apareciendo los distintos ambientes que encierra esta isla de 60 hectáreas. El primero es el pajonal, donde predominan las cortaderas, la paja brava, la espadaña y la serrucheta. Luego desembocamos en un antiguo embalse artificial cubierto por toda clase de plantas flotantes como helechitos, lentejitas y pinitos de agua. Paso seguido avanzamos hacia el “monte”, una semi-selva boscosa difícil de penetrar debido a la profusión de lianas, enredaderas y arbustos espinosos. Allí observamos un vistoso hocó colorado, con su cuerpo negro y el pecho bordó.

El paseo continúa sobre un albardón –un caminito artificial elevado sobre el terreno–, flanqueado por una hilera de casuarinas. Y más allá el agua de la laguna y los terrenos inundados. Con un largavista curioseamos en detalle el hogar de los horneros y vemos en primer plano la cotidianidad de los zorzales. En el cielo una bandada de cuervillos se pierde en el horizonte volando en forma de V. Y más adelante aparece la laguna Grande –rodeada de ceibos con ramas retorcidas–, cavada a pala en la década del ’30 para transportar madera en un terreno que perteneció a la tradicional familia Bemberg. La “expedición” culmina en la laguna de las Nutrias, de origen natural.

EL CAÑAVERAL El bosque de bambúes es la parte más curiosa y divertida del paseo. La densidad de sus lisos troncos levemente arqueados es tal, que por momentos no se puede avanzar. El ambiente se oscurece de manera asombrosa y en algunos tramos hay que avanzar de costado. Al salir del cañaveral encontramos en la orilla de la laguna las huellas de una pareja de carpinchos.

En la isla de Bonanza Deltaventura se descubren aves que ya casi no se encuentran en esta sección del delta: pájaros carpinteros, martines pescadores, garzas moras y brujas, patos silvestres y hasta algún lobito de río.

El paseo desemboca en el mismo punto de partida, en los fondos de la casa, entre unos frutales donde los anfitriones nos esperan con un suculento asado. Por la tarde se realiza una segunda actividad a elección, que puede ser por ejemplo salir a remar plácidamente en una canoa canadiense para tres personas por un entramado de canales. Lo normal es salir con un guía, aunque los expertos prefieren hacerlo solos, con la ayuda de un mapa. Generalmente se va río arriba por el Carapachay y se ingresa en la laguna Idahome, donde los días calurosos son ideales para un chapuzón. En total son 5,5 kilómetros ida y vuelta.

Una alternativa es salir a recorrer el circuito de cicloturismo con bicicletas mountain bike. Y también se puede experimentar un salto en tirolesa, “volando” colgados de un arnés desde un eucalipto hasta casi la cima de un nogal. También hay una canchita de fútbol, mesa de ping pong, tejo... aunque lo más codiciado por muchos es simplemente tumbarse en las hamacas colgadas entre dos árboles a orillas del río.

UN DELTA EN CRECIMIENTO Según explica la guía de Bonanza Deltaventura, a principios del siglo XVI, cuando los navegantes europeos como Solís y Gaboto exploraban el Río de la Plata, las islas del Delta formado por la desembocadura el río Paraná estaban a la altura de Campana. Con el tiempo, el delta ha seguido en constante crecimiento, ya que las aguas del río transportan grandes cantidades de sedimentos color marrón que se van depositando río abajo. Como consecuencia, la sucesión de islotes crece alrededor de 50 metros por año hacia Buenos Aires. Y se estima que en los últimos 500 años se formaron alrededor de 2000 kilómetros cuadrados de islas.

El crecimiento de las islas del Delta es tan rápido que incluso influyó claramente en hechos históricos como la fundación de Buenos Aires. El adelantado Pedro de Mendoza situó la original Santa María del Buen Ayre a orillas del río Luján, entre Campana e Ing. Maschwitz. Ese primer asentamiento fue despoblado en 1541 y cuando Juan de Garay vuelve a fundar la ciudad, en 1580, no pudo encontrar la desembocadura del Luján porque la generación de nuevas islas había tapado la boca. Por eso la segunda fundación se hizo 50 kilómetros más abajo. En teoría, a este ritmo, en el año 2200 habrá islas a la altura de la Avenida General Paz. Y hacia el año 2500 tendremos islas en la Capital Federal hasta La Boca del Riachuelo.

Cuánto cuesta: El precio de la excursión, que incluye traslado en lancha colectiva, desayuno, asado para el almuerzo, merienda y dos actividades a elección entre las cuatro que se realizan, cuesta $ 142 por persona (niños hasta 10 años pagan el 50%).

Alojamiento: Bonanza Deltaventura cuenta con dos habitaciones matrimoniales, una doble con camas separadas y una triple (cada dos habitaciones comparten un baño). Alojarse por dos días y una noche con pensión completa y actividades cuesta $ 365.

Reservas: Tel.: 4728-1674 15-56037176 www.deltaventura.com

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Una siesta en la hamaca bajo el cálido sol otoñal.
 
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