turismo

Domingo, 14 de junio de 2009

AñO NUEVO MAPUCHE > EL WIñOY XIPANTU

Cuando llegan las estrellas

Esta celebración del Wiñoy Xipantu es a la cultura mapuche lo que el Año Nuevo para las culturas occidentales. La ceremonia comienza cuando en la madrugada del 24 de junio aparece en el cielo el primer grupo de estrellas que anuncia la llegada del sol y el inicio de un nuevo ciclo de la naturaleza. Folklore, cultura y reclamos en un rito que no es sólo de paso.

 Por Guido Piotrkowski

Los primeros rayos del alba se asoman tibios en la larga y fría noche patagónica, y en cada una de las comunidades del milenario pueblo mapuche saludan y festejan una vez más la llegada del sol, que el 24 de junio marca el inicio de un nuevo ciclo. Es el Wiñoy Xipantu, conocido también como el Año Nuevo mapuche, en el que se renuevan las fuerzas de la naturaleza y de la persona, o “che” en el idioma mapuzungun.

EL CICLO DE LA VIDA El frío hiela los huesos pero la sangre se mantiene caliente durante la ceremonia que se lleva a cabo en un espacio llamado Elpún, dentro del cual se construye el Rewe, un lugar que representa la diversidad que existe en la naturaleza y donde los presentes forman un semicírculo. El cullcull (instrumento hecho con un cuerno de buey) abre la ceremonia y los longkos (jefes), realizan sus rogativas, clavan las banderas y ofrecen a la mapu (tierra) los alimentos que han estado preparando los más jóvenes en los días que preceden al festejo, al compás de instrumentos como el cultrun (especie de caja coplera) y la tutruka (cuerno similar al erke).

“Desde el punto de vista cultural, el Wiñoy Xipantu significa la vuelta del ciclo de la vida. Es una fecha bien precisa, que está señalada por las estrellas. La capacidad de los viejos fue la de estar mirando y encontrar el conocimiento de que todo vuelve a comenzar el 24 de junio”, dice Roberto Ñancucheo, titular de la Dirección de Pueblos Originarios.

“Estamos celebrando una fecha natural, nuestros mayores sabían que esa noche era la más larga del año y entonces nos concentramos a esperar la aparición por el Este de un grupo de estrellas. Ese grupo es el que marca el momento exacto en el que el sol se aleja al máximo de la Tierra, y a la vez comienza su acercamiento. Porque lo que nosotros celebramos es la vuelta del sol a este punto del hemisferio”, agrega Pety Piciñam, miembro del Centro de Educación Mapuche de Neuquén.

“La ceremonia se basa en la comunicación que tenemos con la naturaleza. Es un momento de compromiso, de cumplir nuestro rol y cuidar la armonía. Por eso, además de festejar un nuevo ciclo que comienza, a través de este rito nos comprometemos a mantenernos en equilibrio con el entorno natural –continúa Pety–. Construimos vasijas de barro, arcilla y todo lo que tengamos propio para poner los alimentos y ofrecérselos a la madre tierra en el Rewe, un lugar único donde ponemos todo lo que es nuevo.” Es por eso que son los más jóvenes, y no los mayores, quienes preparan los alimentos y las bebidas a base de trigo o manzana, que son ofrendados en el momento de la ceremonia. “Es así como conversamos con la naturaleza para renovar las fuerzas, nuestro espíritu y nuestro compromiso”, afirma Piciñam.

INSIGNIAS MAPUCHES Dentro del Rewe hay diferentes banderas. Allí están presentes las insignias mapuches y otras que pueden ser blancas, celestes o amarillas. “Puede haber cuatro o más banderas –dice Ñankucheo–, pero el número siempre debe ser par. El cuatro es un símbolo muy importante porque cuatro son nuestros orígenes, cuatro son nuestros abuelos, cuatro son las estaciones, cuatro los puntos cardinales y cuatro las partes de la Tierra. La amarilla y la azul simbolizan la fuerza del sol y del agua respectivamente. Y la bandera blanca, el pedido de las lluvias.”

Las insignias mapuches son una síntesis de las distintas visiones de las diferentes zonas del territorio. Así, la guarda hecha en negro y blanco –el ñi-miñ– representa el arte y el conocimiento del pueblo mapuche. “No es casual, tiene que ver con cada parte de la Tierra –aclara Ñankucheo–. Entre los colores principales, el rojo simboliza la memoria histórica; el verde, que aspiramos a un territorio fértil; y el azul, a la tierra de arriba, el wenu mapu, la tierra donde existen otras fuerzas como el rayo, el sol o los truenos, que dan vida a los que estamos acá.”

El símbolo que está pintado dentro del cultrun –“el mal llamado tambor”, dice Pety– es donde está representada toda la cosmovisión del pueblo mapuche. Pety lo resume así: “Nosotros explicamos la visión del mundo a través del cultrun. No todos tienen los mismos dibujos, en cada uno se representa la identidad territorial del pueblo mapuche. Es un instrumento sagrado, es nuestra visión de mundo, nuestra espiritualidad, y cumple la función de comunicar a las personas con la naturaleza. Representa la circularidad, la dualidad, lo opuesto complementario, las cuatro partes de la tierra y las fuerzas que hay en el cielo”.

IDENTIDAD Y CULTURA Después de la ceremonia –reservada casi exclusivamente para los mapuches–, el pueblo abre el juego a “la sociedad no mapuche” para compartir otros momentos del festejo, como el baile del choike (ñandú), en el que cinco personas se disfrazan con plumas y danzan en el rewe. En cada una de las diferentes regiones la danza puede variar y también los animales que se representan, como por ejemplo el baile del tregul o el tero. Luego se abre paso a un acto “intercultural” donde cada uno de los miembros de las diferentes comunidades expresa sus problemáticas, presenta sus reclamos y el folklore y la cultura le ceden paso al tinte político.

“Respetar los ciclos propios es una manera de poder armonizarse con el entorno natural, y nosotros como pueblo originario siempre lo hicimos. Instamos a la sociedad no mapuche a respetar y celebrar los ciclos naturales que ocurren aquí y no en Europa, como sucede con el calendario gregoriano”, enfatiza Pety.

El 24 es una fecha simbólica para plantear el día nacional mapuche, porque todo el conocimiento y la filosofía de vida del pueblo está manifestada en esta celebración en la que se reafirma su identidad y se renueva el compromiso de recuperar el equilibrio de todas las vidas. El pueblo mapuche intenta recuperar sus tierras, sus orígenes, sus tradiciones y su lengua, tantos años prohibida y relegada. Y el Wiñoy Xipantu es una manera de rescatar los valores de este pueblo originario que no cesa de luchar.

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UN JOVEN MAPUCHE HACE SONAR EL ÑOLQUIN CUANDO LOS LONGKOS (JEFES) COMIENZAN LA CEREMONIA.
Imagen: Guido Piotrkowski
 
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