turismo

Domingo, 30 de agosto de 2009

SAN JUAN > ASTRONOMíA Y DEPORTES

Un universo de aventuras

Desde el apacible pueblo de Barreal, en la precordillera sanjuanina, una visita al Complejo Astronómico El Leoncito y al Barreal Blanco, una singular y extrañamente hermosa planicie barrosa que alguna vez fue un lago y donde hoy se realizan competencias de carrovelismo.

 Por Guido Piotrkowski

La región de Cuyo, pegadita a la cordillera, sorprende con su belleza extrema a cada paso. Rodeado por el marco rojizo del espectacular paisaje andino, el valle de Calingasta combina el verde apabullante de sus campos con el blanco mágico de un extraño desierto conocido como la Pampa del Leoncito.

Desde el bucólico pueblo de Barreal, un recorrido por este vergel del sudoeste sanjuanino donde es posible asomarse al Universo con el poderoso telescopio del Observatorio Astronómico y también vivir la aventura terrestre de hacer carrovelismo en la reseca planicie llamada Barreal Blanco.

INVESTIGAR EL COSMOS Un corredor de esbeltos álamos da la bienvenida al visitante en la entrada al Parque Nacional El Leoncito, en las inmediaciones de la Sierra del Tontal, a unos 40 kilómetros de Barreal y a más de 2500 metros sobre el nivel del mar.

Este bello paraje fue el que eligieron los científicos de la Universidad de San Juan en la década del ‘60 para instalar su complejo astronómico, uno de los más importantes de la región. Estratégicamente enclavado en medio de un área de cielos diáfanos y estrellados, El Leoncito registra unas 300 noches despejadas al año. Además, el viento casi nulo, el clima seco y su lejanía de los centros urbanos que lo resguarda de la contaminación, favorecen la observación astronómica.

La estrella del Leoncito es el telescopio Jorge Sahade, de 215 cm de diámetro, bautizado así en honor al precursor de la idea original. Adquirido en los años ’60, fue el tercero más grande del mundo en el ’62, aunque hoy día es considerado un telescopio chico. Y tuvieron que pasar unos veinte años para que se pudiera crear el complejo, cuya inauguración oficial tuvo lugar en septiembre de 1986.

Los astrónomos de cualquier parte del mundo pueden pedir un turno –con varios meses de anticipación– y permanecer hasta cuatro noches. Una vez que el científico cumplió con sus tareas frente al telescopio, las investigaciones son seguidas por los astrónomos del observatorio, quienes irán enviando vía Internet los nuevos resultados de sus observaciones. La estadía, marcada con este límite de jornadas, es para poder satisfacer la demanda de todos los que se interesan por venir hasta aquí. “Este es el único observatorio donde se puede pedir un turno para los proyectos”, señala Pablo Ostrov, doctor en Astronomía de la Universidad de La Plata, quien opera el telescopio desde 2002. Cabe destacar que el complejo funciona por un convenio entre las universidades de La Plata, Córdoba, San Juan y el Conicet.

En sus inicios, el telescopio se manejaba manualmente y la observación era directa, pero a partir de 1990 se automatizó y comenzó a operarse desde la sala de control. Hoy las cosas no son tan románticas como antaño: el Universo se ve a través de la pantalla de una PC.

VIAJE A LAS ESTRELLAS En El Leoncito no sólo se brinda a la comunidad astronómica argentina y extranjera la posibilidad de utilizar el telescopio para diversas investigaciones sino que también se acoge a los turistas ávidos de vivir una experiencia distinta, como lo es pasar una noche de ensueño en compañía de los astros.

Una vez que oscurece, concluido el recorrido por las instalaciones, se ofrece una cena, y luego se dedican unas dos horas a la observación, que en este caso sí tiene el aderezo romántico de poner el ojo en la lente y mirar de forma “directa” diversos objetos celestes. Dependiendo de las condiciones particulares de cada día se pueden ver desde planetas, galaxias y la luna, hasta formaciones más extrañas, como estrellas dobles y cúmulos globulares. “Durante las visitas nocturnas se pueden observar los objetos más lindos: podés ver a Saturno con sus anillos, el Tucán, el Cofre de Joyas”, enumera entusiasmada una de las responsables del recorrido en esta suerte de “viaje a las estrellas”.

Para poder aprovechar al máximo esta singular experiencia, lo ideal es realizarla en grupos de no más de ocho personas. El complejo también se puede recorrer en una breve visita diurna de unos 40 minutos aproximadamente.

CARRERAS EN EL BARREAL BLANCO Al salir del observatorio, al otro lado del camino, nos topamos con una superficie que parece de otro planeta y, si bien uno puede creer que aún está soñando u observando los astros, la Pampa del Leoncito o el Barreal Blanco no es una ilusión óptica, ni un resto onírico, es pura realidad: sólo basta con pisar su suelo arcilloso, tocarlo y sentir su sequedad extrema, ponerse de frente al viento y experimentar la brisa cordillerana en la cara bajo el sol duro e implacable que inunda este paisaje lunar.

La curiosa planicie, de unos 5 kilómetros de ancho por 14 de largo, es lo que quedó de un viejo lago que se fue resecando a lo largo de miles de años. A su vez, las partículas de arenilla arrastradas desde las montañas, por acción de las lluvias, se fueron depositando gradualmente en el antiguo lecho. Esta zona de depresión, la más baja de las pampas cuyanas, está a unos 1900 metros sobre el nivel del mar.

Hoy, el fantástico Barreal Blanco es uno de los mejores sitios del país –y del mundo quizá– para practicar carrovelismo o windcar, algo así como windsurf en la superficie. El carrovela es un vehículo armado con tres ruedas neumáticas, dos de auto –las traseras– y una de moto –la delantera–, una vela similar a la que se utiliza, justamente, para el windsurf, y un mástil de aluminio que se mueve con el viento. Se maneja de forma similar a un velero y puede llegar a alcanzar los 135 kilómetros por hora, merced a los vientos que aquí soplan a unos 80 kilómetros por hora. “El carrovelismo se puede practicar durante todo el año porque predomina el ‘Conchabao’, un viento que viene del lado chileno y es ideal para practicarlo”, explica el guía Federico Agüero.

Sin embargo, la mejor época para disfrutar de este singular deporte es entre octubre y abril, cuando el viento sopla con más fuerza. Desde 1975 se realizan competencias oficiales de nivel internacional, en las que varios carros munidos de coloridas y llamativas velas se deslizan velozmente, dejando una huella que pronto el viento borrará. Generalmente, entre los meses de noviembre y diciembre suele haber carreras por estos lares, aunque para este año aún no están confirmadas las fechas. En Barreal hay prestadores turísticos que cuentan con carros biplazas para experimentar esta especie de fantástica navegación terrestre acompañados por un guía. Una buena forma de aprender a conducir, o simplemente relajarse y dejarse llevar por los vientos de El Leoncito.

DATOS UTILES

Observatorio Astronómico El Leoncito: los paquetes con alojamiento incluido deben contratarse con antelación y a través de la agencia Yafar Destinos: [email protected] - Tel.: 02644-204052. Página web de observatorio: www.casleo.gov.ar

Prestadores en Barreal:

Cóndor Expediciones: 02648-441144.

Alquiler de carrovelas: Rogelio Toro, tel.: (0264) 15-6717196.

Fortuna Viajes: Mariano Moreno s/n, Barreal. Tel.: 02648-441004. www.fortunaviajes.com.ar - [email protected]

Fuga: Presidente Roca s/n (5045), Barreal. Tel.: 02648-441002, [email protected]

Más información: Casa de San Juan en Buenos Aires: Sarmiento 1251. Tel.: 4382-9241, www.sanjuan.gov.ar - www.ischigualasto.com

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