turismo

Domingo, 28 de noviembre de 2010

SANTA CRUZ. ESTANCIAS PATAGONICAS

Solos en la inmensidad

Viaje a fondo por la provincia de Santa Cruz, durmiendo en antiguas estancias de la estepa infinita y entre tupidos bosques andinos a lo largo de la Ruta 40. Un itinerario por Los Antiguos, Lago Posadas, El Chaltén y El Calafate, visitando la Cueva de las Manos y el Parque Nacional Perito Moreno para disfrutar el placer de dormir, literalmente, en medio de la nada.

 Por Julián Varsavsky

Dormir en una estancia patagónica, en plena estepa, es algo así como el ideal de aislamiento para el viajero en busca de tranquilidad absoluta, con muy poca gente en cientos de kilómetros a la redonda. Esos inmensos campos ovejeros a lo largo y en las adyacencias de la Ruta 40 suelen tener cascos de estilo inglés que brindan alojamiento a quienes recorren el vasto territorio de la provincia de Santa Cruz, tan grande como Gran Bretaña.

El viaje por las estancias santacruceñas tiene aires de travesía y requiere un mínimo de diez días. De una a otra, se visitan también en el itinerario la Cueva de las Manos y los famosos glaciares, además de secretos naturales como los extraños paisajes del Camino del Monte Zeballos, rarezas geológicas como el Arco del Lago Posadas y el Parque Nacional Perito Moreno, que no es el mismo de los glaciares.

Desde el parador La Leona —entre El Chaltén y El Calafate— se organizan bajadas de rafting.

COMIENZO DEL VIAJE Quien planifique este viaje por Santa Cruz con auto propio puede iniciar el periplo por el norte de la provincia, bajando desde Bariloche y Esquel por la Ruta 40 hacia la localidad de Perito Moreno y siempre bordeando la Cordillera de los Andes. La otra alternativa es volar hasta El Calafate y alquilar allí un auto para devolverlo luego en Bariloche. El sector de la Ruta 40 que se propone recorrer en esta nota está pavimentado en un 50 por ciento, y la entrada a las estancias es de ripio. Aunque en general se encuentra en buen estado, los días de lluvia este detalle puede complicar el tránsito con un auto común. Un vehículo 4x4, o al menos elevado, es lo más recomendable.

Si se ingresa desde el norte por la Ruta 40 hacia Perito Moreno, se puede seguir viaje 60 kilómetros más hasta la estancia Cueva de las Manos, desde donde se visita el famoso sitio arqueológico. Quienes dispongan de un vehículo 4x4 pueden dar una vuelta más larga, yendo primero a Los Antiguos. Allí es posible hacer noche en algún hotel o seguir viaje hacia el sur por el deslumbrante Camino del Monte Zeballos, una ruta de ripio que ofrece algunos de los paisajes más espectaculares de toda la Patagonia.

Conviene recorrer sin apuro el Camino del Monte Zeballos (RP 41) para tomarse el tiempo de una parada en el sitio, donde hay unas extrañas geoformas llamadas “diques basálticos”, que se ven desde la ruta como cuchillas de piedra trepando las laderas. El destino final es el pueblo de Hipólito Yrigoyen, a 170 kilómetros de Los Antiguos, donde se puede dormir en la antigua posada del Lago Posadas o seguir 38 kilómetros más hasta la estancia Suyai.

El atractivo principal de Hipólito Yrigoyen son sus lagos, el Posadas –con su curioso arco natural– y el Pueyrredón, separados por un estrecho istmo por donde pasa un camino que lleva hasta la estancia Suyai. El origen de la estancia, a orillas del Pueyrredón, se remonta a la década del ’20: pertenecía por entonces a la firma Casa Folch, dueña de un barco que traía lana desde Chile navegando por el lago argentino-chileno. La estancia, sobre unas 2500 hectáreas, tenía una pulpería y un almacén de ramos generales, cuyo largo mostrador de madera y estanterías hasta el techo se han conservado hasta hoy.

La estancia Suyai cuenta con dos cabañas y tres dormitorios más con baño privado. Además hay un camping con baños, agua caliente y luz eléctrica, y un refugio para ocho personas. Los viajeros suelen quedarse hasta una semana y se dedican a pescar, salir en cuatriciclo, a caballo o a pie, o simplemente a descansar.

Un alto en el Camino del Monte Zeballos para explorar los vericuetos del paisaje.

HACIA LA CUEVA DE LAS MANOS Desde Hipólito Yrigoyen, la gira continúa por la RP 39 hasta un poblado muy pequeño llamado Bajo Caracoles, donde se toma la Ruta 40 hacia el norte hasta la estancia Cueva de las Manos. Quienes no hayan hecho el rodeo por Lago Posadas directamente llegarán a cualquiera de las dos estancias por la 40 desde Perito Moreno.

En la estancia Cueva de las Manos se organizan excursiones a dos de los sitios arqueológicos más antiguos del país: la Cueva de las Manos y el Alero Charcamata. Para llegar a la famosa cueva, se hace un trekking de exigencia media –justificado por la imponencia del paisaje– que atraviesa el cañadón del río Pinturas. También se puede llegar en vehículo, por el camino habitual.

La siguiente parada, siempre en el norte santacruceño, es en el poco visitado Parque Nacional Perito Moreno, que no debe ser confundido con el Parque Nacional Los Glaciares, donde se encuentra el glaciar Perito Moreno. A pesar de su imponencia no es tan conocido, y la única explicación posible es su lejanía y aislamiento.

En el parque, la naturaleza patagónica sorprende no sólo por su belleza sino también porque presenta un perfil diferente a cualquier otro, con paisajes montañosos sin bosques en plena Cordillera de los Andes. Desde la zona de Cueva de las Manos se llega desandando el mismo camino por la Ruta 40 hacia el sur –previo paso por Bajo Caracoles– para tomar la RP 37 hacia el oeste (no está pavimentada).

Dentro mismo del Parque Nacional Perito Moreno se levanta la estancia La Oriental, donde los huéspedes suelen quedarse dos noches. Hay quienes visitan el sitio en dos días, sumando alguna cabalgata o caminata dentro de la estancia. La estadía también permite conocer actividades propias del quehacer rural como el amanse de potros, la esquila de las ovejas o el carneo de una vaca. Todos los viajeros llegan con auto, ya que no hay prestadores que ofrezcan excursiones al parque.

La estancia La Oriental tiene un perfil rústico. Sus dueños originales fueron unos uruguayos que se instalaron en la zona entre 1915 y 1918; sin duda, el nombre permite adivinarlo... La estancia tiene 21 mil hectáreas, de las cuales seis mil están dentro del parque: dado que es un área protegida la estancia no puede criar ganado; sólo debe ofrecer servicios para el turismo.

En el trayecto hacia La Oriental suelen verse manadas de ñandúes corriendo despavoridos, tropillas de decenas de guanacos y hasta algunas escurridizas mulitas. Uno de los paseos más deslumbrantes es a Piedra Clavada, en camioneta 4x4 y con guía de la estancia. La estancia también tiene un camping con luz eléctrica, cocina, baño y duchas.

El exótico arco del Lago Posadas brota del agua en medio de la nada.

RUMBO AL CENTRO Para el siguiente tramo hay dos estancias que sirven como opción: La Angostura y Río Capitán. Para llegar hasta ellas hay que desviarse de la Ruta 40 por la Provincial 35. En el caso de La Angostura recibe a los viajeros el dueño de casa, Antonio Kusanovic, patagónico de cuarta generación, que ameniza las sobremesas guitarra en mano y, entre zambas, milongas pampeanas y chacareras, declara su respeto por los huelguistas de la Patagonia Rebelde. El anfitrión cuenta a sus huéspedes historias familiares, como la de su bisabuelo austro-húngaro que se coló como polizón en un barco europeo rumbo a América y terminó aceptado como grumete. Llegó a Buenos Aires en 1870 y mientras deambulaba por el puerto conoció al comandante Luis Piedrabuena, uno de los exploradores de la Patagonia. Motivado por Piedrabuena, se embarcó otra vez rumbo a la costa de Santa Cruz y se quedó a vivir en el sur. Allí se casó con una mujer de sangre tehuelche, bisabuela de don Kusanovic, quien en la década del ’90 debió cerrar su estancia por la crisis de la producción de lana y se dedicó a su otra profesión: maestro.

La Angostura es una casa de campo de seis habitaciones –con precios más accesibles e incluso un camping– donde se saborean suculentos corderitos a la parrilla y se organizan cabalgatas y caminatas por la estepa. Una singularidad de esta estancia de 17.000 hectáreas, que reabrió para el turismo hace unos años y ahora cría ovejas otra vez, es una laguna con centenares de pájaros que atraen a expertos observadores de aves de varios continentes. Sobre todo para encontrar el macá tobiano, un ave zambullidora blanquinegra endémica de la Patagonia.

En el centro-oeste de la provincia –a 55 kilómetros de la Ruta 40–, está la estancia Río Capitán, cuyo particular encanto justifica una estadía de más de un día. El establecimiento ovejero ocupa unas 28.000 hectáreas y su casco mantiene el sobrio estilo inglés de las estancias patagónicas de fines del siglo XIX, con techos de chapa roja, paredes blancas y ventanas verdes.

Las habitaciones de la estancia son particularmente confortables y bien calefaccionadas, y hay un living de grandes ventanales con vista a la estepa. También se organizan salidas de pesca a la laguna del Toro, donde de manera asombrosa las truchas pican una tras otra. Y, por supuesto, se hacen cabalgatas y caminatas, durante las cuales se cruzan a cada rato aves autóctonas y algunos de los 500 guanacos que habitan en las tierras de Río Capitán.

Uno de los aspectos que más entretiene a los visitantes es la charla con los anfitriones, quienes explican con sumo gusto las complejidades de la vida en medio de la nada. Y las curiosidades, como la existencia de los mercachifles, mercaderes ambulantes que recorren la provincia de estancia en estancia en una camioneta cargada con toda clase de mercancías. A veces recurren todavía al sistema del trueque, recibiendo a cambio de los productos pieles de puma y de zorro o plumas de ñandú. Los mercachifles salen de gira tres o cuatro veces al año –nunca en invierno– así que los viajeros que anden de travesía por la Patagonia, si tienen suerte, se cruzarán con alguno de estos personajes en vías de extinción.

Los gauchos patagónicos siguen haciendo su trabajo en las estancias turísticas.

PARA VISITAR EL CHALTEN A mitad de camino entre El Chaltén y El Calafate –sobre la Ruta 40– está el histórico Parador y Hotel de Campo La Leona, donde se puede pasar la noche o simplemente hacer un alto en el camino para comer o tomar un café. El parador fue levantado con ladrillos de adobe en 1894 por una familia de inmigrantes daneses y funcionaba como pulpería y almacén de ramos generales, el único negocio en su tipo en muchos kilómetros a la redonda, aún hoy. Allí iban a beber los peones de las estancias de la zona, quienes no pocas veces terminaban a los cuchillazos.

El parador está junto al río La Leona y a metros del lago Viedma, justo en el mismo lugar en que al Perito Moreno lo dejó malherido una “leona” -–una hembra de puma– en 1877. Entre los huéspedes famosos del parador estuvieron Kid Sundance, Butch Cassidy y Etta Place, y el padre D’Agostini, un cura aventurero que a comienzos del siglo XX exploraba y escalaba montañas desconocidas. El episodio más funesto del parador fue en tiempos de la Patagonia Trágica, cuando numerosos peones fueron apresados en La Leona y luego fusilados junto al río.

El tramo final de este cruce norte-sur por la provincia de Santa Cruz es El Calafate. Y Eolo Patagonia’s Spirit es un lodge de campo que se puede utilizar como base para visitar el glaciar Perito Moreno. Ubicado en una gran planicie alargada cuyos límites laterales son dos cadenas de montañas paralelas, Eolo es la opción más lujosa de las estancias de Santa Cruz. Con pileta climatizada y wi-fi, no tiene televisión para no romper el silencioso sortilegio y porque en cada cuarto hay varias “pantallas planas” transparentes ocupando más de media pared, detrás de las cuales no se ve otro programa que el paisaje infinito de la Patagonia, como al alcance de la mano. Difícilmente entonces alguien quiera cambiar de canal

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El idílico casco de la estancia Río Capitán, en el centro de Santa Cruz.
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