turismo

Domingo, 24 de julio de 2011

MERCADOS DEL MUNDO. ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

De todo, como en botica

Cada vez más los turistas deseosos de palpar la esencia de un sitio visitan los mercados de los destinos emblemáticos del mundo. ¿Qué come, qué compra y cómo se comporta la gente de un lugar? Todo ello se ve en los mercados que, hoy como ayer, siguen siendo un punto indiscutido de reunión social.

 Por Mariana Lafont

EL CAIRO - KHAN EL-KHALILI Basta entrar en el laberíntico Khan el-Khalili para ver lo que uno imagina de un gran bazar oriental. El mercado más importante de la capital egipcia, que data de 1382, es una telaraña de callecitas angostas, bellos arcos y diminutos negocios organizados por gremios. Algunas tiendas tienen talleres propios en dimensiones increíblemente reducidas. Si ve algo que le gusta, cómprelo (previo regateo), porque difícilmente vuelva a encontrar ese puesto: uno siempre termina perdiéndose en ese laberinto. Aun así, déjese llevar por sus sentidos y aprecie los papiros, las pilas de hibiscus, las coloridas lámparas, los narguiles, las esencias, los perfumeros, las aromáticas especias y muchas cosas más.

Y cuando sus pies no den más, busque una tetería o, mejor aún, vaya al Café Fishawi. Este bar, que no cierra desde hace 200 años, también es conocido como el “Bar de los Espejos” por tener en sus paredes espejos de toda forma y tamaño. Aquí vienen turistas y locales a fumar y tomar té con menta fresca, mientras vendedores ambulantes desfilan ofreciendo billeteras, almohadones, collares o dibujos con henna. De yapa, los amantes lectores de Naguib Mahfuz, Premio Nobel de Literatura 1988, pueden visitar el callejón Midaq, donde está ambientada su novela El callejón de los milagros.

El Gran Bazar de Estambul: un laberinto de pasillos con puestos de todo tipo de mercaderías.

BARCELONA - MERCADO DE SAN JOSE (LA BOQUERIA) Barcelona tiene muchos paseos clásicos y, sin dudas, éste es uno de ellos. Con más de 300 puestos surtidos de productos locales y extranjeros, el Mercado de San José o La Boquería es el mercado más grande de Cataluña. Nació en una de las puertas de la antigua muralla (Pla de la Boqueria), donde los vendedores ambulantes y los campesinos de otros pueblos y masías de la zona se instalaban con el fin de vender sus productos. Hoy es un paraíso del jamón crudo, los embutidos y excelentes pescados frescos cortados por las manos expertas de las señoras que atienden las pescaderías. También hay buenas carnicerías, y con tanto sudamericano dando vuelta por la ciudad se pueden conseguir muchos cortes de carne uruguayos y argentinos. Mientras la gente recorre sus pasillos, los puesteros ordenan coloridas frutas y verduras; entretanto van de mano en mano los jugos naturales hechos en el momento. Infaltable: con un buen pan caliente y un poco de jamón disfrute de un exquisito sandwich en pleno mercado, el mejor almuerzo ligero para tomar fuerzas y seguir paseando.

En su ubicación actual se encuentra desde 1836, pero sus orígenes (que no son del todo precisos) fueron en la calle. Se dice que nació en el siglo XII como mercado ambulante en La Rambla, adonde acudían campesinos de la zona a vender sus productos. Con el tiempo La Rambla se transformó en paseo y el mercado se trasladó al lugar donde está hoy.

En Barcelona, la clásica y colorida fachada de la entrada a La Boquería.

BUENOS AIRES - MERCADO DEL PROGRESO En tiempos donde priman los grandes supermercados cuesta ver a señoras con changuito como las de antaño. Sin embargo, aún quedan algunas y se ven en los pocos mercados que sobreviven en Buenos Aires, como el del Progreso, en el barrio de Caballito. Se trata de un típico mercado de barrio, donde el verdulero y carnicero amigo recomiendan a sus clientes qué comprar, cuál es el mejor trozo de carne y hasta sugieren alguna receta.

Esta feria abrió sus puertas un 9 de noviembre de 1889 en la esquina de la avenida Rivadavia y Silva (hoy Del Barco Centenera). Construida por la Sociedad de Progreso de Caballito, al comienzo se pobló de trabajadores mayormente inmigrantes que abastecían los barrios de Almagro, Caballito y Flores. A fines de 1920 se encargó al arquitecto Remo Bianchedi remodelar el interior y la fachada, decorada con los elementos Art Déco que luce todavía hoy. Además trabajan a la vieja usanza, de lunes a viernes en horario cortado para el almuerzo, y los sábados a la mañana, hasta las 13. En plena ciudad aquí se consiguen pollos de campo (sin hormonas de crecimiento), hierbas aromáticas, frutos secos, hongos variados y mucho más. Un lugar ameno para recorrer y el sitio ideal para conseguir buena mercadería.

Los papiros inundan el Gran Bazar de El Cairo, un souvenir egipcio clásico.

VIETNAM - MERCADO DE BAC HA Más que un mercado el de Bac Ha, en el norte de Vietnam, es todo un evento social al aire libre. Cada domingo, con sol o sin él, desde la mañana van llegando pobladores de los distintos grupos étnicos –h’mongs, h’mong flor, dzaos, zays y otros– que habitan esta zona montañosa cerca de Sapa, a 60 kilómetros de Lao Cai, ciudad pegadita a la frontera con China. Se trata de una región verde y montañosa salpicada de aldeas donde la vida fluye a otro ritmo, la gente vive de la tierra y las casas asoman entre terrazas de arroz esculpidas en las laderas. Además de hacer compras, los vecinos se reúnen para ver a familiares y amigos, hablar, comer, hacer trabajos artesanales o, simplemente, cortarse el cabello. Mientras las madres parlotean y se cuentan los últimos chismes, los hijos toman un helado y juegan con sus amigos. Y dentro de este vibrante mar de colores, las que más se destacan son las mujeres de la etnia h’mong flor, con sus prolijos atuendos de cáñamo bordados con tiras de todos colores.

Además de comida, frutas y verduras los pobladores llevan animales para vender o intercambiar. En una zona apartada del mercado se encuentran los grandes búfalos de agua, pequeños chanchitos que no dejan de gritar (saben su destino por lo visto), gallinas que asoman de las canastas y patos que corretean por donde pueden. Entretanto un hombre toca una flauta, las mujeres ofrecen unos “cestos-mochila” hechos a mano y un cliente manda un mensaje de texto mientras con la otra mano sostiene una gallina patas arriba. El movimiento es incesante en esta fiesta de color, entre puestos de ropa, telas, paraguas, sahumerios y mucho más. En los siempre humeantes puestos de tabaco los hombres hacen degustaciones en largas pipas de bambú hasta encontrar el que más les gusta y luego recién compran. Si llueve la feria no se suspende: se improvisan techos de nylon y el mercado continúa.

En Budapest, ajíes y páprika. Imposible no llevarse una bolsita del gran condimento húngaro.

BUDAPEST - MERCADO CENTRAL Salamines. Lo primero que uno ve al entrar al Mercado Central de Budapest son tentadores salamines que cuelgan de los prolijos puestos de embutidos y fiambres. Picado grueso, picado fino, con páprika (el condimento por excelencia en Hungría), picante, semipicante y como se le ocurra. Y le siguen los puestos de verduras con guirnaldas de ajos y ajíes rojo intenso. Más lindo, imposible. Es un mercado amable y tranquilo, donde la gente mayor va con su changuito haciendo las compras del día.

El edificio de este mercado tiene mucha historia a sus espaldas. Se construyó en 1897 y es el más grande de los cinco que abrieron en la ciudad a fines del siglo XIX, con el fin de controlar la calidad de los alimentos y mejorar su estado de conservación en una época de muchos problemas sanitarios. En la Segunda Guerra Mundial la estructura del edificio quedó gravemente dañada, y en los años siguientes fue perdiendo status hasta que cerró en 1991. Pero tres años después fue restaurado y hoy es uno de los edificios más emblemáticos de Budapest.

Si la hora del almuerzo lo sorprende en el mercado vaya a los localcitos del primer piso y cómase un rico y económico goulash (ideal en el gélido invierno húngaro) o unas salchichas con una cerveza tirada bien helada. No hay patio de comidas sino que se come en unas barras con sillas altas, entre locales y turistas. En el mismo piso hay puestos con artículos típicos y souvenirs. Cierra los domingos, pero el mejor día para ir es el sábado por la mañana, cuando hay un lindo ambiente de feria.

Los pescados son los grandes protagonistas de este mercado junto al mar en Seattle.

SEATTLE - MERCADO DE PIKE PLACE Cerca del Waterfront, en la Bahía Elliott, se encuentra el famoso y centenario Mercado de Pike Place, abierto desde 1907. Aquí hay una enorme variedad de comercios que ofrecen frutos frescos de mar, panes, verduras y flores. La variedad de pescado es impresionante, con especialidades locales como cangrejos, salmones plateados, meros, vieiras rosas, camarones, almejas y ostras reposando en pilas de hielo picado. Uno de los puestos de venta es célebre por sus “peces voladores”, cuando los vendedores se arrojan mutuamente los productos que la gente compra y siempre sorprenden a algún espectador desprevenido. Por estar ubicado muy cerca del centro financiero, a la hora del almuerzo se llena de oficinistas en busca de excelentes opciones gastronómicas, con los productos más frescos y a muy buen precio. Dato curioso: en Seattle nació la cadena cafetera Starbucks y fue precisamente en este mercado donde abrió (y sigue funcionando) el primer local en 1971.

ESTAMBUL - GRAN BAZAR Y BAZAR DE LAS ESPECIAS Así como el Palacio Topkapi era el centro político del Imperio Otomano, el Gran Bazar en la ciudad vieja era el centro económico. Tras incendios y terremotos varios, sigue en pie desde 1461 y sus calles son un laberinto para pasar horas entre alfombras, lámparas, molinillos, sedas y miles de artículos más. Mientras los turistas deambulan, los puesteros los atraen hablándoles en el idioma que sea con tal de vender. No se sorprenda si alguien le dice en español: “¿Hola, no necesita una alfombra?”. Están tan acostumbrados al turismo que reconocen la nacionalidad de la gente enseguida. El Gran Bazar, tal como su nombre lo indica, es el más importante de la ciudad y uno de los más grandes del mundo: 58 calles, 4 mil tiendas y más de 300 mil visitantes. Aún conserva su organización en “gremios” y las tiendas se agrupan por actividad. Hay zonas de joyería, orfebrería, cueros, especias y alfombras; las calles llevan además el nombre del gremio que las ocupa. Si bien es demasiado turístico (y por lo tanto pierde cierto encanto), no se puede no ir a esta pequeña ciudad. Si va a comprar algo, asesórese antes y prepárese a regatear ferozmente, ya que los precios están un poco “inflados”.

En Eminönü –a pasos del Puente de Gálata– está el Bazar Egipcio o de las Especias. Aunque no compre nada, este colorido zoco es un placer para los sentidos por el perfume a especias que se huele al entrar y la cuidada decoración de los puestos. Este mercado de 1663 es más pequeño que el anterior, y se siente un poco menos turístico porque hay más gente local comprando. El bazar tiene aproximadamente cien tiendas que, antiguamente, vendían artículos y especias de Egipto. Sin dudas es “el” lugar para adquirir dulces, frutos secos, tés o “viagra turco”

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Vendedoras de sahumerios en el Mercado dominical de Bac Ha, Vietnam.
Imagen: Mariana Lafont
 
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