turismo

Sábado, 31 de diciembre de 2011

CUBA. LAS PLAYAS DE LA ISLA, DE ESTE A OESTE

Cubanitas de arena

Vacaciones de verano en las playas de Cuba. Desde los clásicos Varadero y Cayo Largo hasta lugares menos conocidos en Villa Clara, como los cayos Las Brujas y Ensenachos. Un informe sobre paquetes con todas las opciones de alojamiento: desde un complejo de bungalows frente al mar hasta un resort con todas las estrellas imaginables.

 Por Julián Varsavsky

Ir a Cuba nada más que a la playa –dejando de lado su historia rebelde, su cultura y su arquitectura colonial– es casi como no haber ido. Pero saltearse la playa en la mayor de las Antillas, donde están algunas de las más lindas del mundo, equivale a la misma falta. Se podrá elegir entre un viaje con mucha o poca playa, pero el gusto de recostarse en una hamaca entre dos palmeras frente a un mar azulísimo, con un mojito a mano, hay que dárselo.

A la hora de elegir, Varadero es la playa clásica no muy lejos de La Habana, con muchos grandes hoteles y vida nocturna entre discotecas y restaurantes gourmet. Entre los cayos, el clásico y pionero es Cayo Largo, que sigue siendo uno de los más vírgenes. Pero hay otros por toda la isla que tienen opciones diferentes, desde el lujo de un hotel cinco estrellas superior, en el Cayo Santa María, hasta los adorables bungalows frente al mar en Cayo Las Brujas. En lo que va del año más de 70.000 argentinos han viajado a Cuba y, para nuestra temporada de verano, los viajeros tendrán la comodidad de vuelos charter casi todos los días para llegar directo a los destinos de playa, que se ofrecen dentro de paquetes con todo incluido. A continuación, un informe con las mejores playas de Cuba y los precios de cada alternativa.

VARADERO Ubicada en el noroeste de la isla, en la Península de Hicacos, Varadero es la tradicional playa cubana para el turismo internacional. Se trata de una angosta lengua de tierra que avanza sobre el mar, con 20 kilómetros ininterrumpidos de playas y una línea de hoteles detrás.

Desde Varadero se navega en velero hasta el virginal Cayo Blanco, para experimentar las primeras brazadas en deportes como el snorkeling y el buceo. Una lancha arrima a los turistas hasta la zona, donde la profundidad del mar no supera los dos metros y el oleaje es una caricia. Allí abajo, en la barrera de coral, el buceador puede encontrarse de repente en el centro de un cardumen con cientos de peces rojinegros que se acercan curiosos al acrílico de la máscara. Luego sólo resta sumergirse apenas un metro y nadar a toda velocidad entre edificios de coral multicolor. Sus habitantes son el pez de cristal, con el cuerpo transparente que deja traslucir la columna vertebral; el pez mariposa, con aletas en forma de alas; el pez papagayo, con la boca como un pico, y los simpáticos caballitos de mar.

CAYO LARGO, UN CLASICO Visto desde el aire, el archipiélago parece un conglomerado de puntos dorados que se descompone en seiscientas islas donde no hay agua dulce ni casi vegetación. Muchos de estos cayos permanecen tan vírgenes como cuando Colón llegó a Cuba y los rodea un aura silenciosa que eleva al extremo la sensación de tranquilidad caribeña. Por eso no es extraño que semana a semana aterricen en Cayo Largo, y en otros similares, decenas de aviones que llegan sin escalas desde las principales metrópolis del planeta, trayendo ciudadanos del “primer mundo” desesperados por escaparse de allí.

El archipiélago de Los Canarreos, cuya isla principal es Cayo Largo del Sur, es la quintaesencia de las playas cubanas, a 40 minutos de vuelo desde La Habana o Varadero. Allí están las que quizá sean las mejores playas de Cuba –el Caribe en su máxima expresión– con sus blancas arenas tan finas como talco y una suavidad tal que, al tomar un puñado, éste se escurre entre los dedos hasta el último grano.

Cayo Largo es un gran banco de arena alargado que emerge del mar y se interna 25 kilómetros en el agua. Para mantener virgen el resto del cayo, hay en total seis hoteles medianos concentrados en su punta norte, con una arquitectura que no sobrepasa los dos pisos y se mimetiza con el paisaje. La política en el lugar es no construir más hoteles a pesar de que sobra lugar, y los que hay son solamente con un perfil tres y cuatro estrellas.

En algunos lugares las palmeras se asoman a la orilla, rozando el mar con la punta de sus hojas. Y la transparencia de las aguas es tan perfecta que cualquier botecito anclado frente a la costa parece levitar sobre la arena. Y eso sí: para poder nadar un rato hay que irse muuuuy lejos de la costa, atravesando los incontables tonos que van del azul al turquesa hasta que el mar llega, al menos, un poco por sobre la cintura.

DESDE HOLGUIN A lo largo de los 40 kilómetros de litoral en la provincia de Holguín, en la región oriental de la isla y de cara al Atlántico, se alinean cuarenta y una playas entre las cuales Guardalavaca es la más famosa. El perfil de las playas de Holguín es para viajeros que busquen, por un lado, tener a mano alguna ciudad oriental cubana para que el viaje no sea sólo playa. Y las alternativas son Holguín misma y Santiago de Cuba, a dos horas, la mayor ciudad del este, donde está el famoso Cuartel Moncada abierto para una visita histórica. Al mismo tiempo, el paisaje es distinto al de los cayos, ya que las playas están en medio de la exuberancia vegetal de una zona de sierras. En comparación los precios son algo más económicos que en los cayos y las opciones de hotel más amplias, desde un tres estrellas hasta un cinco estrellas superior.

Aquí también, cada semana arriban al aeropuerto Frank País de la ciudad de Holguín varios vuelos charter directamente desde Europa y Canadá. Guardalavaca es la playa preferida de los canadienses, a quienes les gusta la pachanga tanto como a los cubanos. En la playa una tupida vegetación ofrece su generosa sombra a lo largo de 1300 metros de arenas inmaculadas que forman una herradura.

La otra opción importante desde Holguín es playa Esmeralda, conocida hasta hace unos años por el oscuro nombre de Estero Ciego. Ahora, a los efectos del turismo, fue rebautizada con un nombre más acorde y se ha convertido en una de las más visitadas gracias a la construcción de varios hoteles. Los árboles de uva caleta cubren parte de los 900 metros de playa con arenas de oro y los hoteles están ocultos tras una vegetación donde sobresale la esbelta palma real. Para esta temporada hay programados varios vuelos charter que van directo a Holguín desde Buenos Aires y regresan con una escala en La Habana.

TRES CAYOS Para aquellos a quienes les gustan los lugares “que no conoce nadie”, en la costa norte de Cuba (en la provincia de Villa Clara, sobre el Atlántico), hay tres cayos relativamente nuevos llamados Santa María, Ensenachos y Las Brujas. Están a 30 kilómetros de la isla grande y se llega mediante un pedraplén de 40 kilómetros. Esta ruta conecta los cayos entre sí y tiene 46 puentes que cruzan la Bahía de Buenavista, declarada Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco. El viaje hasta los cayos por el pedraplén, desde el pueblito de pescadores de Caibarién, ya es un paseo increíble entre aguas turquesas con toda clase de aves marinas revoloteando alrededor. Y a lo lejos se ven varios de los Cayos de la Herradura, que suman más de 500 desperdigados en un área natural de 1300 kilómetros cuadrados, surcados por los canales de un laberinto de islotes cercanos a la ruta donde Ernest Hemingway perseguía submarinos nazis, otrora refugio de corsarios y piratas.

El primero es el Cayo Las Brujas, con su formidable playa de dos kilómetros que se extiende en el litoral norte y alberga al único hotel de este islote, un complejo de 24 cabañas de madera considerado entre los mejores de Cuba. Además de un descanso intimista, la playa del Cayo Las Brujas es ideal para los amantes del buceo, la pesca y la navegación, aprovechando las instalaciones de la Marina Gaviota.

Siguiendo el curso del pedraplén se llega al Cayo Ensenachos, un antiguo asentamiento indígena con forma de herradura y con las mejores playas del archipiélago, llamadas El Megano y Ensenachos. Aquí también hay un solo hotel y no se planea abrir otros para preservar el ambiente: en este caso un cinco estrellas de 500 habitaciones con vista al mar, rodeado de cocoteros, palmas de corojo y floridas buganvillas.

El tercer cayo que aparece al final de “la carretera de las aguas” es el Santa María, el mayor de todos, con 14 kilómetros de largo y dos de ancho. Es también el más visitado, ya que tiene tres hoteles y diez kilómetros de playa. Ubicado 45 kilómetros mar adentro, sus playas tienen un poco más de oleaje que las de otros cayos y se practican en ellas actividades acuáticas. Además hay 24 sitios de inmersión para buceadores.

Desde cualquiera de los tres cayos se suele visitar Remedios, un pueblo con un casco colonial famoso por sus “parrandas navideñas”; la ciudad de Santa Clara, donde está el mausoleo del Che, y Trinidad, un pueblito que permaneció detenido en el tiempo desde la época de la colonia

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Los veleros parecen levitar sobre la transparencia de las aguas.
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