turismo

Domingo, 29 de abril de 2012

BUENOS AIRES. OTOñO EN EL TIGRE

Reino acuático

El otoño resulta un buen momento para escaparse al Tigre. Con menos gente dando vueltas en el río, el Delta se convierte en una de las mejores opciones para pasar un fin de semana soleado gracias al relax que ofrece el agua, con alguna dosis de aventura y bastante de buen comer. Si el tiempo no ayuda, varios museos esperan con sus puertas abiertas.

 Por Guido Piotrkowski

El Tigre ruge cada vez con más fuerza, ya convertido en un auténtico planeta acuático que los turistas buscan por su combinación de relax, gastronomía y cultura, mientras funciona también como inspirador de escritores, pintores y otros artistas. Hay muchos modos de recorrerlo, y sin duda el agua es el más tentador y tradicional, pero quien quiera empezar por tierra antes de adentrarse de lleno en el mundo isleño bien puede optar por una vuelta en bicicleta, que permita descubrir el Tigre urbano.

Frente a la estación de tren, Tigre en Bici alquila bicicletas por hora o por día. Para llegar desde allí hasta el tradicional Puerto de Frutos hay que pedalear sólo unos diez minutos: una vez en el lugar hay un “bicicletero” donde dejar el vehículo para caminar relajados, tomarse un buen jugo natural, comer un waffle o llevarse alguno de los tantísimos objetos regionales y artesanales que se consiguen por aquí: muebles en mimbre y madera, hamacas, lámparas, plantas y productos de talabartería.

Desde aquí hay que pedalear directo al Paseo Victorica, un agradable boulevard lindero al río Luján, con un puñado de bares y restaurantes para sentarse de cara al río, almorzar o tomarse una cerveza helada. Un buen punto es el restaurante Victoria Victorica, justo frente al edificio del Club de Regatas La Marina. La especialidad del lugar es la parrillada. Al lado, en La Terraza, hacen unos sandwiches de crudo y queso altamente recomendables.

Tigre en Bici alquila bicicletas para pedalear por calles urbanas y a orillas del Luján.

MUSEOS JUNTO AL RIO En Tigre también hay una interesante oferta cultural. Sobre el arroyo Gambado se encuentra la Casa Museo de Haroldo Conti, en homenaje al escritor de Sudeste, desaparecido durante la última dictadura. La vivienda fue recuperada y transformada en museo y espacio para escritores, luego de más de veinte años de abandono.

El emblemático Museo de Arte Tigre se emplaza en lo que alguna vez fue el Tigre Club, un clásico y bellísimo edificio de la Belle Epoque. Su colección cuenta con obras de arte figurativo de finales del siglo XIX y del siglo XX. Organizadas temáticamente, las siete salas proponen al visitante un recorrido por los aspectos más destacados de la historia del arte nacional: el paisaje y la arquitectura, la figuración humana, la naturaleza muerta, el puerto, la génesis de nuestra plástica y el Tigre como referente estético. Precursores como Pellegrini, Paliere y Rugendas se encuentran con maestros como Castagnino, Spilimbergo, Sívori y Berni. En 1979 el edificio fue declarado de interés patrimonial histórico, y en la década del ’90 se acondicionaron sus instalaciones dando origen al actual museo, abierto al público en 2006.

Otro sitio que visitar es el Museo Sarmiento, instalado en la casa junto al río Carapachay, que perteneció a Domingo Faustino Sarmiento, un precursor de la zona, que eligió el Tigre para descansar y escribir dejando un nutrido legado vinculado con la producción y la vida local. En este lugar, declarado Monumento Histórico Nacional, se encuentran todo tipo de objetos personales, muebles de su despacho del Consejo Nacional de Educación, documentos, cuadros, sillones y su cama. Frente a la casa hay un busto de él y otro de su madre, doña Paula. Y junto al museo funciona una biblioteca para habitantes del Delta, donde se realizan talleres y exposiciones.

También es muy interesante el Museo de Arte en el Delta Argentino (MADA), construido por el artista y arquitecto Miguel D’Arienzo. Ubicado a orillas del río Luján, antes de la desembocadura del Carapachay, este sitio que fue refugio de pintores como Xul Solar es un conjunto arquitectónico formado por la vivienda del propio artista y por tres módulos hechos en hierro y chapa, unidos por puentes y rampas. En el jardín hay esculturas realizadas con objetos encontrados en las islas, como maderas, troncos, chapas y hierros, mientras en el interior hay pinturas de gran formato.

Por último, también se puede visitar el Museo de la Reconquista, que brinda un atractivo recorrido por la historia de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, además de la historia del Partido de Tigre. Y el Museo del Mate, curioso aditivo criollo, propone un acercamiento a la costumbre más cotidiana y tradicional de los argentinos con una colección de mates, bombillas, pavas, calderas, braseros y yerberas.

La Casa-Museo Sarmiento, en el río Carapachay.

DESCANSO EN EL DELTA En las islas existe buena cantidad de alojamientos y campings que ofrecen actividades diversas, de la aventura al relax, sin dejar de lado la buena gastronomía.

Isla Chamamé, sobre las aguas quietas del arroyo Espera, a una hora de la Estación Fluvial de Tigre, es el lugar que soñaron Guillermo y Débora para recibir huéspedes y hacerlos sentir “como en casa de un amigo”. Hastiados del trajín urbano, se vinieron al Delta, compraron su casa y construyeron tres cabañas que bautizaron con los nombres de los frutos del lugar: Peral, Nogal y Pomelo, todas muy bien equipadas y con wifi. “Quisimos generar un espacio donde la gente tuviera acceso a las cosas propias de la naturaleza de la región. Estamos un poco lejos del circuito convencional, en una zona más tranquila”, explica Guillermo entre mates y una deliciosa torta hecha con peras del lugar. “Nosotros vivimos acá –destaca Débora–. Entonces tratamos de que la gente se sienta como en casa de un amigo que te invita a disfrutar. Nos gusta charlar, tener un trato cordial con los huéspedes. Al ser un sitio chiquito, te permite dedicarle tiempo a la gente.” Aquellos que vienen a pasar el día pueden probar un buen asado, mientras quienes se alojan pueden hacerlo en las parrillas de las cabañas.

En Isla Chamamé hay kayaks y un sendero especialmente abierto por la pareja en medio del monte para caminar entre las zarzamoras, sauces, ligustrinas, ceibos, pajonales y juncos que crecen en este vergel.

Entre tanto, en el kilómetro 13 del río Carapachay se encuentra Deltaventura, refugio ideal para el ecoturismo. Trekkings interpretativos con avistajes de aves, cabalgatas, canoas canadienses y mountain bike se cuentan entre las actividades que se pueden practicar. Rosana di Mecola es la propietaria de esta antigua y hermosa casona del siglo XIX, que pertenecía a sus abuelos y donde ella correteaba de niña. Rosana ya lleva una década recibiendo turistas y cuenta orgullosa que este año agrandaron la tropilla para que más gente pueda cabalgar hasta la bellísima laguna IdaHome. “Tuvimos el primer potrillo, que se llama Isleño, y está a punto de parir la segunda yegua. De nuestra huerta sacamos los productos para las ensaladas, y los dulces y budines artesanales los hacemos con los cítricos, los pecanes y las moras del lugar.”

Luego del desayuno campero con torta frita y alguna actividad matinal, llegará el asado para el almuerzo, y otra vez al ruedo. Más tarde, una merienda y una pequeña demostración equina para despedir a quienes emprenden la vuelta, que no es obligatoria: en esta antigua casona de campo hay cuatro habitaciones con capacidad para hospedar hasta diez personas que deseen pernoctar bajo el cielo estrellado del Delta y amanecer con el canto de algunas de las numerosas aves que habitan este rincón bonaerense. “En las estadías de más de tres días realizamos cabalgatas nocturnas, salidas en canoas bajo las estrellas y caminatas nocturnas en la naturaleza”, completa Rosana.

El relax absoluto se puede encontrar en Rumbo 90, un hospedaje con excelente gastronomía, spa y pileta a sólo 30 minutos de navegación sobre el Canal Este. En este sitio donde deambula una decena de hermosos pavos reales se puede andar en canoa, caminar por los senderos del bosque de sauces americanos, hacer avistaje de aves, realizar paseos por los pintorescos ríos en lanchas privadas y hasta jugar al fútbol en la canchita, para finalizar el día con una buena sesión de masajes en el spa.

Isla Chamamé, un rincón tranquilo con tres cabañas en el arroyo Espera.

AVENTURAS EN EL SPA Patricio y Fabián Redman, responsables de Delta en Kayak, recorren los intrincados canales del Tigre desde hace unos quince años. Allí se adentran cada fin de semana para guiar a sus alumnos y otros kayakistas un tanto más expertos en travesías diversas por ríos y arroyos pintorescos y tranquilos, como el Fulminante, el Gambado, el Sarmiento, arroyo Abra Vieja y el Canal Rompan. “A lo largo del paseo tenemos posibilidades de observar aves y mucha naturaleza. Normalmente hacemos la vuelta al Sarmiento, que es un recorrido muy interesante –dice Patricio–. Se rema aproximadamente una hora y media de ida y una hora de regreso, a ritmo tranquilo. En el medio hacemos un descanso en nuestro parador con playa, donde pueden comer o tomar algo.”

En el flamante parador, donde antiguamente estaba la chacra de Bordelois –que data de 1932–, los hermanos Redman preservaron los bosques nativos de ceibos y sauces, manteniendo así un entorno selvático ubicado a sólo quince minutos de remada de Tigre. Está sobre la margen derecha de la isla Providencia, en el río Sarmiento, en la primera sección del Delta. El acceso al lugar, con una amplia playa de arena para embarque y desembarque, es gratuito. Hay cafetería, baños, duchas y vestuarios.

Delta en Kayak organiza salidas más prolongadas durante los feriados largos. Los recorridos varían por diferentes lugares, como una forma de continuar con la actividad y aprovechar lo que se va aprendiendo durante el año. “Se puede empezar en cualquier momento, ya que todos los fines de semana hay gente tomando su primera clase. La clave es ir a un ritmo pausado, sin matarse, con la cadencia que permita una remada fluida y que se pueda sostener en el tiempo.”

Travesías en kayak por los laberínticos canales del Delta.

GIRA GASTRONOMICA Quienas quieran agregarle un buen itinerario gastronómico al paseo tigrense –además de los sitios ya mencionados– pueden arrancar desayunando liviano y bien natural en Isla Xocolatl, “el” lugar de comida natural en Tigre. Aquí sirven café de malta de cebada con horchata, licuados a base leche de almendras y miel, yogur con granola deshidratada sin agregados químicos, y el novedoso wheatgrass o pasto de trigo orgánico, un energizante natural que ayuda a desintoxicarse. Al mediodía, un buen programa resulta tomarse la lancha colectiva hasta La Polola, sobre el río Luján, en Villa La Ñata. Es un lugar delicioso, con muelle y amarradera propios, pileta, un amplio jardín y una casa de té. Hasta aquí se puede también venir a pasar el día. Sirven carnes al asador, pero la especialidad de la casa son los ravioles mediterráneos: salen hechos al horno, con salsa de frutos de mar y rellenos de salmón.

El restaurante El Ceibo, del Villa Julia Resort, es una tentadora opción en el centro del Tigre, tanto para cenar como para tomar el té o una buena picada en su amplio y verde jardín. Para concluir el día, hay que cenar en Milho, el restó ganador del último concurso Menú Tigre, que tuvo como finalidad la elección de un menú que resuma los sabores y el espíritu del Delta usando productos de la zona.

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Rumbo 90, un hospedaje con excelente gastronomía, spa y pileta.
Imagen: Guido Piotrkowski
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