turismo

Domingo, 13 de octubre de 2013

EE.UU. ALGO MáS QUE PARQUES DE DIVERSIONES

La otra Orlando

Casi a la sombra de los grandes parques de diversiones que atraen a decenas de miles de personas cada día, Orlando es una ciudad repleta de atracciones para todas las edades: hay edificios enteros llenos de curiosidades, un barrio histórico y navegaciones para descubrir la naturaleza, al alcance de la mano.

 Por Graciela Cutuli

Cuatro gigantescos parques de Disney, el famoso Disneyworld. Dos de Universal, uno de ellos con Harry Potter como imán sobresaliente. Uno de Seaworld, que tiene en los pingüinos de Antarctica su nuevo caballito de batalla. El nuevo Legoland, el debut en Florida de los ladrillitos daneses. Y varios parques de agua, para aliviar el calor que arrecia buena parte del año. ¿Cómo hacer para conocer todo lo otro que Orlando tiene para descubrir? El dilema asalta a más de un primerizo en las lides de esta suerte de Neverland que parece tenerlo todo para ofrecer en materia de diversión y entretenimiento: gran desafío, sobre todo para las familias con hijos chiquitos, porque parece que las piernas no alcanzan para recorrer todo y los ojos no son suficientes para abarcar todo lo que hay que ver. La única solución es elegir y planificar en función del resto de las actividades y de las edades del grupo. La principal ventaja es que muchas de estas atracciones tienen horarios nocturnos, que permiten realizarlas después de visitar los parques, extendiendo la “jornada vacacional” a veces hasta la medianoche.

ORLANDO CON HISTORIA A pesar de la gran afluencia turística hacia esta ciudad que es la sexta más grande de Florida –y la más grande de las ciudades no costeras del estado–, buena parte de los visitantes no conoce más que los parques de diversiones y las autopistas que conectan unos con otros. Quien llega desde ciudades “caminables” a la europea, como Buenos Aires, probablemente extrañe el paseo por el centro, ya que el Downtown es una zona comercial y de edificios financieros donde mandan los autos: en algunas avenidas, ver un peatón es una rareza. Pero Orlando tiene otro centro, el encantador Winter Park, donde se puede despuntar el vicio de mirar vidrieras fuera de un mall. Se trata en realidad de una pequeña ciudad suburbana del área Orlando-Kissimmee, muy conocida por los coleccionistas por el Charles Hosmer Morse Museum of American Art, que tiene la mayor colección mundial de cristales Tiffany. Pero la zona comercial en torno de Park Avenue merece la visita, sobre todo cuando cobra animación al atardecer y se llenan las terrazas de los restaurantes. Como corresponde a la herencia de una zona fundada por europeos y luego preferida por popes de las finanzas a fines del siglo XIX, hay museos, una escuela y galerías de arte, varios edificios municipales y un amarradero desde donde se pueden realizar paseos en barco. El clima de Florida hizo del lugar un perfecto “winter resort” para bostonianos, pero también atrajo entre los huéspedes célebres del Langford Resort Hotel –hoy demolido– a Frank Sinatra, Ray Charles, Dean Martin y hasta Ronald Reagan y su esposa, Nancy. Ahora el barrio es famoso por su Sidewalk Art Festival, uno de los más antiguos de Estados Unidos, que el año pasado reunió más de 225 artistas de todo el mundo. Después de recorrer el Morse Museumm y Park Avenue, hay que tomarse el Scenic Boat Tour, que a lo largo de una hora recorre el lago Osceola y los canales bordeados de imponentes mansiones, mientras un guía cuenta la historia del lugar y sus habitantes: es el cierre perfecto para una tarde diferente en un rincón bastante insólito de Florida.

Si ese paseo panorámico permite descubrir el lujoso pasado (y presente) de Winter Park, la naturaleza no está muy lejos tampoco. Orlando está cerca de los Everglades, el enorme humedal subtropical de Florida, famoso por sus cocodrilos: hoy un parque nacional protege el 20 por ciento de lo que fue la superficie original de este gran pantanal, y es allí donde se realizan los paseos turísticos en air boat. Hay varias opciones de duración y recorrido, que permiten aproximarse a la rica fauna y flora de estos pantanos y al mismo tiempo disfrutar de la cercanía del agua en plena naturaleza. Es una buena variante a la hora de elegir un día al natural, fuera de los parques y los juegos centrados en la tecnología.

EL REINO DEL REVES Literalmente, así es Wonderworks visto desde afuera. Esta casa puesta “patas para arriba” por un supuesto tornado es un centro de entretenimientos a medio camino entre la diversión porque sí y la ciencia, que no deja de despertar curiosidad cuando se transita por International Drive. Según la leyenda inventada para la ocasión, todo empezó en un laboratorio secreto en el Triángulo de las Bermudas, que por un error de cálculo científico salió mal..., y así, cual casa de Dorothy, la mansión aterrizó al revés en el centro de Orlando. Por suerte, todos los experimentos quedaron intactos, de modo que allí es posible –después de entrar por un túnel que dará la impresión de quedar cabeza abajo– experimentar los movimientos de un terremoto, ser sacudido como un astronauta en pleno entrenamiento, acostarse como un fakir sobre una cama de clavos y probar muchas otras sensaciones y experimentos, incluyendo un circuito aéreo de cuerdas con luz negra. La experiencia es novedosa, es distinta de lo que ofrecen los parques y vale la pena dedicarle el par de horas –y algo más– que dura la recorrida.

Muy cerca hay otro lugar curioso para conocer: el museo Believe it or Not!, el famoso “Aunque usted no lo crea” que durante años dibujó Robert Ripley y tuvo versiones en radio, televisión y hasta una cadena de museos que incluye esta sede de Orlando. Más allá de las rarezas que presenta –las hay y muchas–, el sitio está muy bien organizado y resulta entretenido para todas las edades, aunque para disfrutar la visita conviene saber inglés para comprender las explicaciones de la exhibición o explicarlas a los más chicos (que se fascinan con una curiosidad tras otra y varios juegos interactivos). También aquí hay que contar unas dos horas de visita, que se pueden combinar con la de Wonderworks por la cercanía y porque ambos abren hasta bien entrada la noche.

LA HORA DEL TITANIC Pasado el centenario del trágico naufragio, el Titanic ya no ocupa tanto centimetraje en diarios y revistas, pero la triste fascinación que ejerce no merma en absoluto, como lo prueba la afluencia de visitantes en Titanic-The Experience, una muestra íntegramente dedicada al famoso paquebote abierta el año pasado sobre el International Drive. La invitación es a un viaje en el tiempo, que comienza cuando cada “pasajero” recibe su tarjeta de embarque con el nombre de un pasajero auténtico. A lo largo del recorrido se sabrá su destino de salvación o muerte, mientras se pasa por varias salas con modelos a escala, planos, reliquias del barco, la historia de sus gemelos Olimpic y Gigantic, y sobre todo una espléndida reconstrucción de la famosa Gran Escalera que daba paso a la primera clase, con sus barandas y paneles de madera tallada. Sin embargo, probablemente el sector más conmovedor sea la puerta que da paso a la cubierta del barco, en medio de una noche tan negra como fría, casi sin estrellas en ese falso cielo del Atlántico Norte. El visitante se siente como abandonado a su suerte y a merced del aire gélido. En otra sala se puede también poner la mano sobre un auténtico bloque de hielo, como para completar el realismo de la experiencia.

A pocos metros de Titanic-The Experience está CSI-The Experience, un juego interactivo basado en la famosa serie CSI-La escena del crimen, que propone “resolver” un crimen basándose en pruebas forenses. Convenientemente ataviados de bata médica, los participantes reciben un caso sobre tres posibles y van circulando por un circuito donde se les presenta un caso, sus sospechosos y las distintas pistas que van siendo analizadas por la ciencia. El juego está en inglés y en castellano, de modo que resulta fácil seguirlo, y llegar a la conclusión en algo menos de una hora. La visita se puede completar con la de otra exposición contigua, que estuvo en Buenos Aires y sigue convocando gente: The Body, una revelación de los misterios del físico humano a través de la exposición de cuerpos verdaderos. Tanto el juego de CSI como la muestra son buenas alternativas los días en que no se pueden realizar actividades al aire libre.

VIAJE A LA EDAD MEDIA Con su capacidad casi infinita para generar entretenimiento, Orlando también se apropia de ese universo de castillos, torneos y batallas a golpe de lanza que se asociarían más naturalmente con un escenario europeo. Medieval Times propone todos los días una cena que hará sentirse a los comensales como en el año 1200, asistiendo a un auténtico y espectacular torneo entre varios caballeros que son tanto actores como expertos jinetes, capaces de hacer realizar notables destrezas a sus caballos sobre la pista. Dispuesto en forma de rectángulo sobre las gradas, el público tendrá que comer con la mano –al fin y al cabo, esto es la Edad Media– y alentar los colores del héroe que le haya tocado en suerte en su intento de conquistar a fuerza de hazañas la mano de una princesa, que junto a un rey imaginario dirige la batuta de las batallas. El conjunto es entretenido, colorido y lleno de acción, de modo que hasta el más escéptico se sorprende de encontrarse entusiasmado gritando a todo pulmón entre quiebres de lanzas y batallas de espadas. Pura diversión, una vez más la promesa cumplida de Orlando.

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La exhibición consagrada al Titanic reconstruye al milímetro partes del interior del transatlántico.
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