turismo

Domingo, 30 de marzo de 2014

SANTA FE. EL PUB BEATLESMEMO DE ROSARIO

Loco por Los Beatles

En el barrio rosarino de Pichincha hay un pub inspirado en Los Beatles, con un museo lleno de reliquias acumuladas por un coleccionista a lo largo de 45 años: discos de oro, el manuscrito de “Lucy in the Sky with Diamonds”, un fragmento de un ladrillo del Cavern Club, posters y memorabilia de todo tipo.

 Por Julián Varsavsky

Fotos de Silvio Moriconi

Ricardo Miechi tiene 62 años y asegura que hace 45 comenzó a coleccionar objetos de Los Beatles. Luego de décadas acumulando reliquias que sólo veían sus amigos, Miechi inauguró a fines de 2011 un bar en su Rosario natal donde exhibe los mejores hallazgos de casi toda una vida dedicada –según sus propias palabras– esencialmente a este afán de coleccionismo.

Su profesión de médico lo llevó por varios continentes, aprovechando los congresos de su especialidad, para salir en busca de nuevas adquisiciones. Aunque, con la llegada de las subastas por Internet, la logística para esta cara afición se ha abaratado bastante (no así los objetos de colección, cada vez más caros).

En su utopía de poseer materialmente a sus ídolos, Miechi acarrea triunfos y fracasos. En las vitrinas de su bar-museo falta, por ejemplo, el autógrafo individual de John Lennon, una de las figuritas más difíciles y por lo tanto más caras para la tribu global de los fetichistas de los “Fab Four”. “Una firma auténtica de John Lennon cuesta desde 10.000 dólares para arriba. Hace un tiempo estuve a punto de comprar una inconclusa que John hizo borracho, un día que se había peleado con Yoko Ono. Valía 3500 dólares, y cuando la estaba por comprar se me cayó Internet y otro me ganó de mano”, cuenta Miechi.

Los hallazgos exitosos son los que se exhiben en las vitrinas del segundo piso del Beatlesmemo, organizada a la manera de una timeline que se recorre con una audioguía.

LA LINEA DEL TIEMPO En el comienzo del recorrido –junto a las mesas del pub– se encuentra, por ejemplo, la copia de una hoja arrancada del boletín escolar de John Lennon en 1955, donde en el área de Instrucción Religiosa dice: “His work has been low standard”. Esta copia avalada por Yoko Ono es el “original” de una de las mil reproducciones que se hicieron oficialmente del boletín.

También es una copia autenticada el manuscrito de la canción “Lucy in the Sky with Diamonds”, mientras en una vitrina se exhibe un pedacito de ladrillo del Cavern Club donde Los Beatles comenzaron su carrera. El fragmento mide un centímetro y costó 1500 dólares. No menos curiosidad despierta un trocito de madera del escenario donde tocaron Los Beatles en un famoso concierto en Hamburgo de 1961: es el fragmento número 257 de los 500 certificados de manera oficial que existen desperdigados por el mundo.

Durante años Miechi fue acumulando en un cuarto de su casa las piezas de su colección, que llegaban casi hasta el techo. Incluso una de las razones por las que decidió abrir el bar surgió de un acuerdo con su esposa para vaciar ese cuarto habitado por pedazos de la vida beatle.

Claro que poner todo eso en vitrinas será un trabajo de años. Lógicamente, Miechi tiene la colección completa de los discos oficiales, en vivo y piratas –longplays y simples– en ediciones argentina, norteamericana e inglesa de sus admirados músicos. Pero también colecciona las versiones interpretadas por toda clase de artistas: “Aún me falta traer 1800 longplays, 3500 CD, 300 DVD, 8500 grabaciones en MP3, 150 casettes VHS, ocho magazines de audio y algunos discos láser. Hasta ahora he traído un tercio de todo lo que tengo”. Cuando le cuento que tengo una edición cubana de un CD del guitarrista Leo Brower con orquesta sinfónica versionando a Los Beatles le brillan los ojos con deseo. Sabe de la grabación, pero no la tiene.

Viaje a los ’60: un submarino amarillo cuelga del techo del Beatlesmemo de Rosario.

DE TODO Y MAS La decoración del pub Beatlememo imita a The Cavern Club e incluye fotos tamaño natural de John Lennon desnudo en la puerta del baño para hombres y otra igual de Yoko Ono en el de mujeres (extraídas del diseño de tapa del álbum Two Virgins). En el patio interno con escalera que lleva a una sala del museo hay un mural de Los Beatles y junto a las mesas lucen toda clase de posters y fotos. Del techo cuelga un submarino amarillo y se exhiben muñecos de los músicos vestidos como en la película del mismo nombre. También hay en las paredes un “disco de oro del siglo” del disco Imagine y otros dos de platino adquiridos por Internet en las subastas anuales: corresponden al disco Yeah Yeah Yeah del grupo y al álbum Banda en fuga, de Paul McCartney.

En una pared cuelgan una reproducción del bajo Hofner con forma de violín que tocaba McCartney y una copia de una guitarra Rickenbacker como la de Harrison. Una de las piezas más apreciadas es una foto firmada por los cuatro Beatles. Además están el doble Album Rojo firmado por McCartney y un programa del Concierto por Bangladesh con la estampa de Harrison.

Los posters originales recrean muy bien el ambiente de los ’60, como uno de la película Anochecer de un día agitado. Otro anuncia a The Silver Beatles en el Cavern Club el 9 junio de 1962, y está también el afiche del último concierto de Lennon –con Elton John– en Nueva York el 30 de agosto de 1972.

YESTERDAY Beatlesmemo es pura nostalgia y por eso viernes de por medio, a las siete de la tarde, se organiza el “día de vinilo”. Estas curiosas veladas transcurren con los mayores fans rosarinos de Los Beatles –unas dieciséis personas–, instalando un tocadiscos iluminado sobre el escenario, donde se reproducen con equipos de alta fidelidad vinilos de 180 gramos remasterizados. Luego los fanáticos conversan sobre lo escuchado y cuentan las historias que vivieron en aquel tiempo.

Los martes a las ocho de la noche hay conciertos en vivo con bandas locales haciendo covers de Los Beatles y temas propios. Cerveza de por medio, Miechi sincera sus sentimientos: “¿Sabés una cosa? Una de las razones para abrir este local fue una cuenta pendiente. Con un amigo del alma habíamos armado de jóvenes un grupo que hacía covers de Los Beatles y para poder tocar en los bares teníamos que traer a nuestra familia y amigos a que consumieran. Los dueños de los bares nunca creyeron en nuestro proyecto. Y yo siempre le decía a mi compañero que un día íbamos a tener nuestro propio bar para poder tocar cuando quisiéramos”.

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La entrada del bar replica el estilo de un auténtico pub tradicional inglés.
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