turismo

Domingo, 4 de mayo de 2014

GRAN BRETAÑA. DE LYME REGIS A FORDE ABBEY

Una costa “so british”

Frente al Canal de la Mancha, la costa británica encierra tesoros del Jurásico, fósiles estudiados por una marginada geóloga del siglo XIX y la espectacular Forde Abbey, cuyo recorrido hace sentir al visitante entre los muros de la famosa y televisiva Downton Abbey.

 Por Dora Salas

Fotos de Dora Salas

La imagen cinematográfica de una mujer vestida de negro que desafía al mar embravecido se recuerda de inmediato al recorrer el espigón de Lyme Regis, un pueblito pesquero conocido como “La perla de la Costa Jurásica británica”, enclave de historia, arte, ciencia y bellezas naturales frente al Canal de la Mancha, en el condado de Dorset.

Entre el Atlántico y la campiña inglesa, el muelle de Lyme Regis (“the Cobb”), construido en el siglo XIII, mantiene intacta su arquitectura naval vinculada con dos famosas novelas: Persuasión, de Jane Austen (1816), y La mujer del teniente francés, de John Fowles (1969), ambas llevadas al cine.

No pocos admiradores de Austen se toman fotos en las escaleras del Cobb donde resbaló y cayó uno de sus personajes (Louisa Musgrove), y numerosos seguidores de la actriz Meryl Streep se acercan a la punta del espigón para revivirla, con capa y capucha negras, en el papel de Sarah, la amante del teniente francés.

Esta “joya de Dorset”, en el sudoeste de Inglaterra y limítrofe con Devon, Somerset, Wiltshire y Hampshire, se encuentra a sólo tres horas de tren de la londinense Waterloo Station, donde una línea de buena frecuencia lleva a Axminster, punto de partida de autobuses que en pocos minutos conducen a Lyme Regis.

Quien arriba al puerto en horas de marea baja encuentra las barcas pesqueras algo inclinadas en la arena, como adormecidas en la bruma, en espera del oleaje. Y puede recorrer los acantilados en que Sarah (Meryl Streep) despertó la pasión de Charles (Jeremy Irons) en el drama ambientado en 1867, que pinta la rígida moral victoriana.

Otro atractivo es el viejo casco urbano, cuya primera mención conocida se remonta a un registro (“Domesday Book”) de 1086 y que, por decisión de Eduardo I, consiguió en 1284 la categoría de “Regis” agregada al nombre de la ciudad.

El pueblito, como una postal antigua, conserva aún la cabaña frente al mar en que Austen, visitante frecuente del lugar a partir de 1803, escribió Persuasión, y la casa en que vivió Fowles desde 1926 hasta su muerte en 2005.

COSTA Y FóSILES El “plato fuerte” de la visita es el Museo construido en el sitio donde estaba la casa de Mary Anning (1799-1847), paleontóloga autodidacta que –mujer y pobre– sufrió la marginación de la comunidad científica de su época, dominada por hombres ricos anglicanos. En ese medio, la Sociedad Geológica nunca la admitió como miembro.

Mary y su hermano Joseph, hijos de un carpintero de magros ingresos, lo ayudaban desde pequeños a buscar fósiles, que él vendía para solventar las necesidades familiares. Cuando la niña tenía 12 años, Joseph encontró un cráneo que supuso de cocodrilo pero Mary decidió investigarlo. Era el año 1810, sólo uno después de la presentación de la teoría evolucionista de Jean-Baptiste Lamarck: en ese contexto, el ejemplar desconocido provocó gran interés y el naturalista William Bullock lo expuso en Londres. Se trataba de un ictiosauro, reptil marino del período Jurásico.

Mary abrió luego un “Almacén de Fósiles”, que tuvo clientes notables, como el primer geólogo estadounidense, George W. Featherstonhaugh. Sus estudios fueron un valioso aporte a la teoría de la extinción de las especies y a ella se le deben –entre otras contribuciones– la primera identificación correcta de un esqueleto de ictiosauro y los dos primeros hallazgos de esqueletos de plesiosauros.

Mary conocía como nadie la costa local, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2001, que en 155 kilómetros, desde Swanage hasta Exmouth, permite una aproximación a la historia de la Tierra en los períodos Triásico, Jurásico y Cretácico. Buenos autobuses, que parten de Axminster, posibilitan este “viaje en el tiempo”, al que asimismo se accede por carretera desde Londres, avión desde los aeropuertos de Bristol, Exeter y Bournemouth, o por mar desde el continente.

Ahora, el “Día de Mary Anning” evoca cada año su labor y una placa recuerda: “La famosa paleontóloga nació aquí, en una casa en el lugar del Museo de Lyme Regis. La casa fue su hogar y tienda de fósiles hasta 1826”. Recorrer el museo, admirar esqueletos, amonites y belemnites, dibujos y mapas, es un placer intelectual y un homenaje a Mary. La paleontóloga está enterrada en el cementerio local, que se puede visitar.

Galerías de pintura y escultura, cine, teatro, un Festival anual de Jazz, otro de Fósiles, y una Semana de Regata y Carnaval enorgullecen hoy a los casi 4500 habitantes de Lyme Regis, quienes aún hablan del asedio de ocho semanas que aquí soportaron los parlamentaristas en 1644, durante la Guerra Civil inglesa (1642-1651), enfrentados con los realistas. También explican que Jacobo Scott, duque de Monmouth, desembarcó en 1865 en el lugar para iniciar la llamada “Rebelión de Monmouth” en busca del trono. No lo logró y fue ejecutado ese mismo año, acusado de conspiración.

Para almorzar se puede optar por algún restaurante en la costanera, probar el tradicional “fish and chips”, sopas de pescado o distintos platos internacionales. No faltan los bares y pastelerías, una de las cuales –con elaboración a la vista– ofrece café con leche, té, mermeladas caseras y pan fresco, entre otros productos ecológicos.

Si es verano, la playa de arena invita a tomar sol. Además, una zambullida en el mar puede ser agradable, pues las aguas son templadas en la bahía por efecto de la Corriente del Golfo. Como alternativa hay paseos en barca para pescar o ver la costa desde el Canal.

Para quien viaja con tiempo, en Lyme Regis y sus alrededores hay numerosos hoteles y “bed and breakfast” (estos últimos a unos 84 dólares por noche). Vale la pena, entonces, acercarse en autobús a Axminster, recorriendo la costa a través de colinas que pisaron cazadores mesolíticos, celtas, romanos y vikingos.

FORDE ABBEY A diez minutos de automóvil desde Axminster (condado de Devon) se encuentra Forde Abbey, un monasterio cuyos muros encierran 850 años de historia, habitado desde 1905 por la familia Roper. Recorrer su historia y sus muros centenarios da al visitante toda la impresión de haber ingresado en la majestuosa mansión que inspiró Downtown Abbey, la popular serie televisiva de la BBC que recrea los cambios de la aristocracia a comienzos del siglo XX.

En 1943 Forde Abbey quedó en manos de Geoffrey Roper, quien se dedicó al cuidado de los jardines, los bosques y las fuentes, abriendo el castillo a los visitantes, tarea que continúan su hijo Mark y una de sus nietas. Es una majestuosa “casa de familia y una finca de trabajo que da la bienvenida a los visitantes durante todo el año”, explican los propietarios. En Forde Abbey se pueden cosechar y comprar frutillas, visitar el vivero, tomar refrescos o té y admirar los muebles, tapices y objetos históricos del castillo y de la capilla. En primavera “hay más de 12.000 tulipanes”, destaca la familia. Los Roper organizan también eventos especiales y algunos para niños, como la búsqueda del huevo de Pascua para esa festividad.

El sur de Inglaterra ofrece también, en el condado de Hampshire, el atractivo natural de su New Forest que, a pesar del nombre (Bosque Nuevo), se caracteriza por la antigüedad de sus árboles. Se accede al promediar la ruta entre Axminster y Southampton y es interesante dar un paseo para conocer el monolito que recuerda la muerte del rey Guillermo II, Rufo, alcanzado allí por un flechazo el 2 de agosto de 1100. La “Piedra de Rufo” presenta el hecho como un accidente, aunque otras versiones hablan de asesinato.

Rufo había iniciado su reinado en Inglaterra en 1087 y la crónica anglosajona lo describe como “odioso para casi todo su pueblo y odioso a Dios”. Se cuenta que, mientras cazaba ciervos y jabalíes, una flecha lanzada contra un animal por uno de sus acompañantes, sir Walter Tyrrell, rebotó en un árbol y penetró en el pecho del rey. El cadáver fue llevado en carro hasta la catedral de Winchester, donde fue enterrado sin grandes homenajes.

Estos relatos de injusticias, conspiraciones y asesinatos no ensombrecen la belleza natural al recorrer los 110 kilómetros entre New Forest y Southampton (Hampshire), donde acecha otro recuerdo trágico: desde allí soltó amarras el 10 de abril de 1912, en su viaje inaugural y final, el mortal Titanic.

Forde Abbey, una mansión señorial que nació como monasterio y hoy se puede visitar.

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Las casitas costeras de Lyme Regis, la “perla de la Costa Jurásica” británica.
 
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