turismo

Domingo, 16 de agosto de 2015

BUENOS AIRES. CCK, EL ANTIGUO CORREO

El palacio de las artes

Una visita al flamante Centro Cultural Kirchner. De Correo a moderna usina de arte, un lugar donde las manifestaciones culturales y la historia de nuestro país se funden con proyección al futuro y a las artes.

 Por Guido Piotrkowski

Fotos de Guido Piotrkowski

La historia de Néstor Kirchner y el correo no empezó el día que el ex presidente imaginó hacer un gran centro cultural en el antiguo Palacio de Correos y Telecomunicaciones. Se remonta a muchos años atrás, a los tiempos en que el ex presidente era un niño. Kirchner tenía un vínculo estrecho y especial con el mundo postal: su padre fue empleado de Correo Argentino en Río Gallegos.

Un siglo después, aquel precioso edificio de estilo francés emplazado sobre avenida Alem, una de las joyas arquitectónicas de nuestra capital, se transformó en un centro cultural moderno, que conserva su cáscara y su mobiliario intactos, y sorprende con salas para conciertos y exposiciones de alto vuelo. El nuevo centro cultural argentino tiene 110.000 metros cuadrados, es tan grande como el Centro Pompidou de París y casi duplica al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

La perla de la novedosa usina cultural es la Ballena Azul, la sala sinfónica que a partir de ahora pasa a ser la casa de la Orquesta Sinfónica Nacional, sin sede propia hasta el momento. La Ballena tiene capacidad para 1950 personas, y ostenta un impresionante órgano tubular de 56 registros y 3500 tubos, fabricado y diseñado especialmente para esta sala por la firma Klais en Alemania.

“La idea del CCK es que dialoguen todas las disciplinas artísticas: la danza, la música, el teatro, audiovisuales. Y los que le vamos a dar valor somos nosotros, los protagonistas”, dice una de las tantas guías que conducen las visitas.

En el CCK hay más de 40 salas, entre las que se destacan la Cúpula, un espacio de 500 metros cuadrados para usos múltiples; la Gran Lámpara; la sala de los Escudos y las salas Eva Perón, Néstor Kirchner y Argentina.

Para recorrerlo íntegramente, entender bien de qué se trata, cómo fue construido y conocer su historia, las visitas guiadas resultan indispensables. La historia del correo está íntimamente ligada a la nuestra como sociedad de inmigrantes, y el recorrido de la mano de un guía especializado funciona como un faro para el visitante.

LA HISTORIA El primer correo se encontraba en la Casa Rosada, y en 1888 el entonces presidente Miguel Juárez Celman aprobó el proyecto para la construcción de un nuevo edificio, a cargo del arquitecto francés Norbert Maillard. Así fue que el Palacio de Correos comenzó a construirse en 1889, pero solo se inauguraría cuarenta años después, en 1928, bajo la presidencia de Marcelo T. de Alvear. En el medio, hubo varios presupuestos, cambios de planes y funcionarios.

Maillard era exponente de la Escuela de las Artes de París, que venía con el antecedente de construir el Teatro de la Victoria en Chile, y que también se encargó de hacer los planos de los Tribunales y el Colegio Nacional de Buenos Aires, trayendo nuevos aires de estilo francés a las construcciones anteriores, que respondían a una escuela italiana.

Este diseño, que estaba inspirado en la Estación Central de Nueva York, tenía su entrada principal sobre la Avenida Alem y fue aprobado por primera vez en 1888, pero se vio interrumpido hasta 1905, cuando se aprobó un nuevo plan de obras, esta vez mucho más ambicioso. Las población crecía vertiginosamente con las oleadas inmigratorias y las tareas del correo, en consecuencia, aumentaban. Por ejemplo, en aquella época existía el curioso empleo de los “descifradores”. Es que muchas veces los inmigrantes no escribían bien en castellano, o no se les entendía bien la letra, y el trabajo de estos empleados entonces consistía, justamente, en descifrar la escritura y lograr que la carta llegara al destino correcto. “Tenían que adivinar el destino, los barrios eran pequeños pero no tenían numeración”, explica la guía.

En el nuevo diseño se agregaron rampas, escalinatas, y puentes aéreos para nivelar la pendiente de la ciudad. “En aquella época el río llegaba hasta acá, era un área fangosa. Y poner el edificio le daba relevancia”, agrega la guía. El proyecto fue modificado una vez más en 1916, con sus puentes y calles al alto nivel suspendidas; luego se le reasignó una nueva partida de dinero en 1923, para finalmente ser inaugurado, tal como se ve la fachada hoy, en 1928.

LAS REFORMAS Hoy El Palacio de Correos y Telégrafos, con todo su mobiliario, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997 por su calidad arquitectónica y su importancia histórica. Ese mismo año, el correo también fue privatizado, hasta que en 2003 a poco de asumir el gobierno de Néstor Kirchner lo reestatizó. En medio de ese escenario, y ante la notable reducción del tráfico postal como consecuencia del avance tecnológico, se vislumbró la posibilidad de transformar el edificio en un espacio de arte. El proyecto fue para los estudios argentinos de arquitectura Bares y Asociados (B4FS) y Becker-Ferrari, y en 2010 se iniciaron la obras.

El Palacio, a priori, tiene dos áreas bien marcadas: un área noble, y un área industrial. La parte noble era el lugar destinado a la atención al público y lleva ese nombre por los materiales con los que fue construida. Este sector no fue modificado sustancialmente, sino que se hizo hincapié en conservar sus piezas originales, parte del patrimonio. Se restauraron los pisos, las luminarias, la herrería, los muebles y mostradores originales. También se limpiaron los tres vitrales que hay en el edificio, como el que está en la Sala de las Américas, del artista Alfredo Armadino, de 550 piezas. Los otros dos están en la sala Unasur y en la Sala Central y funcionan como claraboyas para la entrada de luz natural.

El área industrial era el sitio donde se hacía el trabajo interno del correo, las algunas oficinas y depósitos, y este sector sí fue transformado y remodelado para dar lugar a los grandes cambios, como fueron la construcción de la Ballena Azul o la Gran Lámpara.

LAS SALAS El CCK tiene más de cuarenta salas para albergar diferentes manifestaciones artísticas, entre ellas las Sala Néstor Kirchner, la Sala Eva Perón, el Salón de los Escudos, el Salón de Honor, la Sala Federal, el Museo del Correo, el Salón de las Américas y el Salón Unasur. Aún falta inaugurar algunas, igual que la terraza panorámica que contará con un gran bar restaurante con vista panorámica y privilegiadísima vista al Río de la Plata.

La Sala Eva Perón es el espacio que ocupó Evita en el año 1946, un lugar que le cedió el director general de correos para que pudiera trabajar con su fundación. Hay retratos de Evita y Perón, está el mobiliario original intacto, hay réplicas de los juguetes que enviaba la fundación a los niños de todo el país, y las cartas que recibía, recreando así el ambiente de trabajo.

Además de Ballena Azul, hay otras salas para conciertos, como la Sala Argentina, con capacidad para 540 personas. Está ideada para música de cámara, aunque también pueden presentarse aquí conciertos de música popular y teatro. Una de las muestras más emotivas es la de Mercedes Sosa, que se puede ver hasta el 23 de agosto en una de las salas del área noble, justo enfrente de la sala Eva Perón. En la sala Néstor Kirchner hay una exposición dedicada al ex mandatario, responsable en gran medida de este centro cultural. La muestra es una instalación sensorial, con algunas fotos también, que propone mantener viva su memoria.

“Nosotros nos vamos a colgar de la lámpara”, invita la guía. En la sala que cuelga de una estructura de vigas a través de tensores de acero, hay una muestra permanente de videos y paneles con infografías: “Una obra y dos modelos” que narra, a través de paneles e infografías, la historia del edificio en sus dos etapas fundamentales: su proyecto y construcción, y su puesta en valor y refuncionalización.

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La fachada del emblemático edificio que fuera la sede del Correo Argentino.
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