turismo

Domingo, 13 de noviembre de 2016

URUGUAY > ESCAPADA EN CARMELO

Fin de semana rural

Diseño, vinos y puro campo en la costa uruguaya, recorriendo los paisajes donde anduvieron con distinta suerte Darwin y Juan Díaz de Solís. Descanso puro bajo el signo de una gastronomía tentadora y mucho paisaje sin obstáculos en el kilómetro cero del río Uruguay.

Es viernes por la noche en la recepción de un hotel rural de la ribera uruguaya. Un gran sillón mira hacia la puerta de entrada y detrás de él, sobre una mesa, asoma un dinosaurio fucsia de casi un metro de altura. Está justo en el centro de una habitación amplísima, decorada como un auténtico rancho uruguayo, por lo que esta pieza –que luego sabremos que es del artista chino Sui Jianguo– no pasa inadvertida ante la mirada de los huéspedes. A la izquierda del protagonista de la sala funciona el restaurant y, a la derecha, varios sillones antiguos rodean una gran biblioteca que ocupa toda la pared lateral. Ahí, entre los libros de arte y diseño, gastronomía y las guías de viaje, aparece una pequeña colección de lecturas en torno a la figura de Darwin, que nos recuerda que además de estar en el exclusivo hotel Casa Chic de Carmelo estamos en el kilómetro 0 del Río Uruguay, escenario largamente descripto por el padre de la biología moderna en sus crónicas de viaje a bordo del Beagle. Según se lee en sus escritos, el científico estudió la flora y la fauna del lugar, pero también los restos óseos de dinosaurios que encontró a su paso. La pieza de arte estrella de la recepción, entonces, ya no parece un objeto elegido al azar.

CRUZAR EL CHARCO A esta parte de la costa uruguaya se llega a descansar. Por eso el tránsito de Carmelo se acelera durante las últimas horas del viernes, cuando los turistas –muchos de ellos o casi todos argentinos– llegan para pasar un fin de semana que interrumpa la rutina. Viajar por el río es la opción más considerada: si se parte desde Buenos Aires, en menos de tres horas se llega a destino y si se viaja durante la tarde la vista de las islas del Delta ofrece un recorrido disfrutable. Casa Chic se encuentra en las afueras de la ciudad, por lo que después del desembarco en Carmelo quedarán por recorrer unos 20 minutos por tierra hasta llegar al Club de Campo Médanos de Punta Gorda, en un servicio de traslado que ofrece el hotel.

El sábado por la mañana amanece sin nubes, y se descubre lo que no pudo verse la noche anterior y que es uno de los principales encantos del lugar: el paisaje que lo rodea. Alcanza con salir de la cama y asomar por la terraza. Al final está el río, con su playa y cuatro pequeños paradores para que los huéspedes se protejan del sol. Más cerca, camino arriba, hacia donde se encuentran las habitaciones, una calle de tierra cruza una gran masa verde de árboles, de los que hay una enorme variedad en el predio, dado que a las especies autóctonas se sumaron aquellas que trajeron los primeros pobladores europeos en el siglo XVI, y otras especies que se sumaron más recientemente y permiten ver espinillos, cactus y palmeras en el mismo lugar.

Para casi todos los turistas que llegan a este sitio el cronograma del fin de semana consiste en ir de la habitación al restaurante, luego quizás a la pileta, después recostarse en las reposeras detrás de un libro o simplemente hacerlo para tomar sol. El paso por el restaurante se repite varias veces al día, y los huéspedes del hotel se mezclan con otras personas que vienen exclusivamente a comer. La gastronomía es uno de los fuertes: con un menú mediterráneo, el lugar ofrece carta de vinos de producción propia.

Más tarde algunos visitantes se acercan al río y los más inquietos esperan que baje un poco el sol para tomar una de las bicicletas del hotel y salir a recorrer el lugar un poco más allá. Ese más allá también genera gran interés porque en grupos, y con previa reserva, se pueden realizar visitas a los olivares y los viñedos de Finca Buena Vista (productos que también se ofrecen en el restaurante del establecimiento). Al mismo tiempo, si se cuenta con movilidad propia, existen dos monumentos de gran valor histórico para conocer en la zona, que recuerdan el paso de dos importantes figuras por estas tierras.

SITIO CON HISTORIA La historia de Punta Gorda está marcada por dos importantes acontecimientos que sucedieron en el paraje. Por un lado, la mencionada visita de Charles Darwin hace un poco más de dos siglos, a partir de la cual en 1988 se construyó una escalera en forma de caracol que se conoce como El Rincón de Darwin y desciende hacia la playa recorriendo una barranca de unos 15 metros. La escalera tiene 120 escalones que permiten apreciar las distintas capas geológicas que lo conforman y que recuerdan la importancia del descubrimiento que llevó a un cambio de paradigma con la idea de la evolución.

Por otra parte, está la Pirámide de Solís, que recuerda que en 1515 el navegante español Juan Díaz de Solís se dedicó a buscar un paso que pudiera comunicar el océano Atlántico con el Pacífico Después de partir el 8 de octubre desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda , y luego de llegar a la costa de Brasil, Solís se detuvo en la costa uruguaya al ingresar en el Río de la Plata, al que confundió con un brazo de mar de bajísima salinidad. Lo bautizó Mar Dulce, y a pesar de que no era el objetivo del viaje, se convirtió en el primer europeo en conocer este importante brazo de agua. En su navegación debió detenerse en una isla a sepultar a un compañero de viaje, Martín García, y le puso su nombre al lugar. Finalmente, al llegar a Punta Gorda Solís y su grupo de navegantes fueron atacados. Para algunos historiadores, fueron asesinados a flechazos por los charrúas. Para otros fueron los guaraníes. Hay quienes sostienen que este grupo de indígenas luego se comió a toda la tripulación, y para otros se trató de un levantamiento de los propios navegantes, que a su regreso contaron otra historia.

SABORES LOCALES A unos 10 minutos en auto desde el hotel se llega a la bodega del lugar, ubicada donde se unen la Ruta 21 y el paraje de Punta Gorda. Sergio Tajes, su encargado, nos espera en la puerta para recibirnos. Nos cuenta la historia de la bodega: fue construida hace dos siglos por la familia Icardi y adquirida por los nuevos dueños hace poco más de una década para poner en valor el edificio. “No hubo que cambiar tanto, a pesar de ser una construcción antigua, se mantuvo bien, ta. Y todo lo que pudo mantenerse quedó como estaba”, explica. Y agrega otros uruguayísimos “ta” mientras nos cuenta cómo se elaboran los vinos de Finca Buena Vista y que, por ejemplo, además de la fisonomía de la bodega también se buscó mantener de la forma más artesanal posible esos procesos. Por ejemplo, el prensado –fundamental en toda la cadena de elaboración y del que depende la calidad del futuro vino– todavía se realiza en una vieja prensa mecánica. Cuesta más trabajo, explica, pero vale la pena por el resultado.

Con la enóloga Katerina Viña a cargo, desde 2009 Finca Buena Vista se dedica a la producción de Tannat, Syrah, Cabernet Franc, Pinot Noir y Sauvignon Blanc, todas variedades de plantación propias, algunas de las cuales se encuentran allí mismo, frente a la bodega. En época de cosecha, el lugar celebra la vendimia con los huéspedes del lugar. Y para quienes realmente disfrutan del entorno de un viñedo, Casa Chic ofrece habitaciones junto a la bodega, algo apartadas de servicios como el restaurante, pero con una vista excepcional al campo de cultivos, una opción para los que buscan un entorno silencioso.

Mientras recorre la bodega Sergio nos muestra otros elementos que sí fue necesario reemplazar, principalmente espacios de almacenamiento sustituidos por materiales inoxidables de alta calidad. Señala piletas, tapas, barriles y recuerda cómo eran los objetos originales, el motivo por el que hubo que cambiarlos y los países de los que fueron importados. Después nos conduce a la pequeña y fresca cava subterránea, donde hay toneles de roble de 5000 litros –heredados de los primeros dueños– que conviven con una nueva camada de barricas.

Antes de despedirnos, rodeamos el edificio siguiendo los pasos de Sergio y encontramos algo más que se decidió conservar de los propietarios iniciales: una camioneta antigua color rojo gastado, con la que los Icardi repartían las damajuanas de vino por la zona. Se vuelve a encontrar así la constante fusión de lo tradicional con lo nuevo, desde el hospedaje hasta el vino.

Compartir: 

Twitter
 

Los atardeceres en el río tienen todo el encanto y tranquilidad de la “otra orilla”.
SUBNOTAS
 
TURISMO
 indice
  • Nota de tapa> MISIONES > La Ruta de la Selva
    Riberas de oro verde
    De Posadas a los Saltos del Moconá e Iguazú, recorriendo lodges en territorio misionero.
  • BUENOS AIRES > UN VIAJE MUSICAL A LA PLATA
    Clave de rock
  • BERLIN > LA ISLA DE LOS MUSEOS
    Tesoros del mundo antiguo
  • URUGUAY > ESCAPADA EN CARMELO
    Fin de semana rural
  • NOTICIERO
    Noticiero

Logo de Página/12

© 2000-2018 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.