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Domingo, 17 de diciembre de 2006

CORDOBA > LAS ESTANCIAS JESUíTICAS

El corazón de las misiones

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Camino de las Estancias Jesuíticas de la provincia de Córdoba es uno de los principales atractivos para el turismo cultural. El recorrido comienza en la Manzana Jesuítica de la capital y continúa a través de los pintorescos paisajes serranos para reencontrarse con los monumentos históricos de Caroya, Jesús María, Santa Catalina, Alta Gracia y La Candelaria.

 Por Marina Combis

Conocida por sus coloridas serranías y por sus pequeñas villas turísticas como Carlos Paz, Cruz del Eje o Alta Gracia, la provincia de Córdoba también ofrece un recorrido por la historia cultural de nuestro país. Fundada en 1573 por don Jerónimo Luis de Cabrera en un valle atravesado por el río Suquía, la ciudad mediterránea no llegaba por entonces al centenar de habitantes. En poco tiempo se convirtió en la cabecera del Camino Real, y por la provincia pasaba gran parte del comercio que iba desde el Río de la Plata hasta las ricas regiones del Alto Perú.

En 1599 la Compañía de Jesús se instaló en Córdoba y comenzó a desarrollar su actividad misional y pedagógica en un terreno que le otorgó el Cabildo. Allí nacieron dos instituciones fundamentales para la cultura: el Colegio Máximo (más tarde la universidad) y el Colegio de Monserrat. Para sostener las actividades de sus centros de enseñanza, los religiosos fundaron las estancias, enormes establecimientos agrícolas y ganaderos que incluían obrajes textiles y explotaciones mineras. Los centros productivos se organizaban teniendo como eje la iglesia, y a su alrededor estaban la residencia de los sacerdotes, los obrajes, los depósitos, las “rancherías” para los esclavos e indios, las huertas y los campos de labranza y de pastoreo.

UN CENTRO DE CULTURA La Manzana Jesuítica concentraba la actividad religiosa, económica y cultural impulsada por los misioneros, y era el centro administrativo de la antigua Provincia Jesuítica del Paraguay. Cuando en 1767 el rey Carlos II ordenó la expulsión de la Orden de todos los dominios españoles, las instituciones culturales no interrumpieron su actividad. La universidad, la primera fundada en el país, se convirtió en una de las más prestigiosas del continente. La imprenta, que funcionaba en el Colegio Máximo de la Compañía, fue la primera de todo el virreinato del Río de la Plata y funcionó hasta 1785, cuando se la trasladó a los talleres de los Niños Expósitos, en la actual Manzana de las Luces de Buenos Aires, donde mantuvo una intensa actividad hasta 1820.

Ubicada entre las calles Obispo Trejo, Caseros, Duarte Quirós y la Avenida Vélez Sársfield, en el centro de la capital cordobesa, la Manzana Jesuítica comprende varios edificios: la iglesia, la capilla doméstica y la residencia de los padres; el Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba (antiguo Colegio Máximo de la Compañía de Jesús) y el Colegio Nacional de Monserrat. La enorme silueta de la iglesia de la Compañía deslumbra por su magnificencia, con sus dos campanarios y su interior ricamente decorado, presidido por un magnífico retablo del mejor estilo barroco hispanoamericano del siglo XVII, mientras que la capilla doméstica se destaca por su retablo excepcional y la pintura ornamental de su bóveda.

La iglesia de la Compañía es el templo más antiguo de la región, ya que su construcción se inició promediando el siglo XVII y su fachada restaurada emerge como una fortaleza pétrea. Lo más curioso de este edificio es su bóveda con forma de casco de barco invertido, que fue una solución arquitectónica obligada por la falta de grandes vigas de madera capaces de cubrir el espacio de la nave principal. En su interior se destacan también las cincuenta “empresas sacras”; unos emblemas rectangulares ubicados a diez metros de altura que expresan una síntesis de la historia de la Orden.

En cuanto a los edificios de la universidad y el Colegio de Monserrat, ambos son ejemplo de la arquitectura construida alrededor de patios con claustros, típica de la época. En el edificio de la Universidad Nacional de Córdoba se destacan el Claustro, el Salón de Grados –que era la antigua capilla de españoles– y la Biblioteca Mayor. Allí, junto con el mobiliario de época y policromados frescos en los cielorrasos, se conserva una importante colección de incunables y de ediciones anteriores a 1767. En el templete se guardan los originales del Código Civil Argentino y la biblioteca personal de su autor, el doctor Dalmacio Vélez Sársfield.

EL CAMINO DE LAS ESTANCIAS El recorrido por las estancias jesuíticas incluye cinco sitios patrimoniales que contienen las huellas de la presencia misionera: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1678).

Desde su fundación, las estancias permitían generar los recursos necesarios para las actividades de la Compañía, ya que cada institución tenía asignado un establecimiento rural. A la universidad, por ejemplo, le correspondían Jesús María y Alta Gracia, con el complemento de San Antonio y La Candelaria. La primera estancia de este tipo, organizada en 1616, fue Casa de Caroya, ubicada en el sector oeste de Colonia Caroya, a 44 km al norte de la ciudad de Córdoba por la Ruta Nacional Nº 9. El complejo arquitectónico conserva las dependencias reservadas para los alumnos del Colegio Convictorio de Monserrat y una pequeña capilla de piedra, mientras que en el edificio de la residencia se mezclan criterios arquitectónicos de los siglos diecisiete al diecinueve, que se fueron agregando a medida que cambiaba el uso de las construcciones. Hacia 1814, luego de la Independencia, en la Casa de Caroya funcionó la primera fábrica de armas blancas del país.

La estancia Jesús María fue el segundo núcleo productivo, fundado en 1618 al noroeste de la actual ciudad de Jesús María, a 48 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba, y proveía de recursos al Colegio Máximo de Córdoba. Gracias a sus excepcionales condiciones geográficas y climáticas, el establecimiento se orientó a la producción de vino con una viña de seis mil cepas, trapiches, tinajas y barriles. De su bodega salió el “lagrimilla”, el primer vino de América servido en la mesa de los reyes de España. El complejo, ubicado junto al Camino Real por donde circulaba todo el tránsito del noroeste, también fue testigo de diferentes episodios de la historia argentina porque en él se hospedaron José de San Martín, Manuel Belgrano, José María Paz, Facundo Quiroga, Domingo Faustino Sarmiento y Dalmacio Vélez Sársfield, entre otros. Hoy alberga al Museo Jesuítico Nacional Jesús María.

Santa Catalina, creada en 1622, estaba destinada al mantenimiento de la Administración de la Provincia Jesuítica y del Noviciado Santa Catalina. Por sus características arquitectónicas y sus excepcionales dimensiones, las edificaciones de esta estancia pueden ser consideradas entre las más notables de todas las que se erigieron en la provincia de Córdoba. Conservadas casi en su totalidad, llama la atención la monumental iglesia con su imponente fachada de dos torres, uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura colonial americana. En el Colegio Máximo de Santa Catalina falleció en 1726 el padre Doménico Zípoli, el más célebre músico y compositor de las reducciones, cuyas partituras originales fueron descubiertas hace tres décadas en las misiones chiquitanas de Bolivia. Uno de los datos curiosos de estos establecimientos rurales era la vigencia de la esclavitud. La Compañía de Jesús se vio envuelta en el tráfico de mano de obra africana, llegada legal o ilegalmente desde el Río de la Plata, que no sólo alimentaba a las minas de Potosí sino que era destinada al trabajo en los obrajes textiles y a las labores agrícolas de las estancias. Sólo en las “rancherías” de Santa Catalina vivían en 1763 unos cuatrocientos esclavos. Mientras tanto, en sus campos pastaban doce mil cabezas de ganado vacuno, seis mil ovejas y varios miles de mulas que más tarde eran vendidas en el Alto Perú.

La estancia de Alta Gracia, fundada en 1643, se encuentra en el corazón de la ciudad del mismo nombre, a 36 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Córdoba, y es la de mayor actividad en la actualidad. Sus instalaciones incluyen la iglesia, la residencia con sus patios y locales anexos, el obraje, las ruinas del molino y el antiguo horno. Muy cerca existe un gran tajamar o represa que contiene el agua, formando una extensa red que termina en un canal de irrigación. Este famoso tajamar, que ha pasado a ser un elemento identificatorio de Alta Gracia, alimentaba las ruedas hidráulicas del molino harinero. En la que fuera la antigua residencia de los padres hoy funciona el Museo Nacional Casa del Virrey Liniers, ya que este personaje fue uno de los propietarios de la estancia después de la expulsión de los jesuitas.

La estancia de La Candelaria, por último, está ubicada en la pampa de San Luis, en el departamento Cruz del Eje, al noroeste del territorio provincial y aproximadamente a 220 kilómetros de la ciudad de Córdoba. La propiedad comprende la capilla, la residencia y los locales anexos, las ruinas de la “ranchería” (habitaciones destinadas a los negros esclavos), los corrales y restos del tajamar, el molino y las acequias. La hacienda, que fue organizada en 1678 para el sostenimiento del Colegio Máximo de Córdoba, es el mejor ejemplo de un establecimiento rural serrano de frontera, mezcla de fortín y residencia, y una de las estancias jesuíticas más extensas en tierras cordobesas.

REGRESO AL PASADO Después de la expulsión de los jesuitas, en 1767, los antiguos establecimientos agrícolas y ganaderos tuvieron destinos diversos. En la actualidad, muchas de las estancias conservan su estructura original y, en los campos, alguna que otra construcción solitaria todavía recuerda la gran cantidad de puestos, corrales y potreros, de huertas, de molinos harineros, de caleras, de hornos y sistemas de riego como testigos silenciosos de la prosperidad de otros tiempos. Algunas de las estancias dieron origen a los actuales núcleos urbanos que se convirtieron en importantes destinos turísticos de la provincia, como es el caso de Alta Gracia, La Calera, Caroya y Jesús María. Por el contrario, Santa Catalina y La Candelaria mantuvieron sus raíces agropecuarias, conservando y ampliando sus instalaciones. De San Ignacio sólo quedan algunas ruinas, mientras que San Antonio y Santa Cruz fueron desapareciendo con el paso de los años.

Aun cuando pasen siglos o milenios, dicen que la memoria es la verdadera guardiana del tiempo y que el patrimonio es todo aquello que preservamos para reflejar nuestra propia historia. El Camino de las Estancias es uno de estos archivos inexpugnables. Incorporados en el año 2000 a la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, los magníficos exponentes de la arquitectura barroca colonial que se conservan en la Manzana Jesuítica y en los edificios de las cinco estancias son el testimonio vivo de un pasado de esplendor.

LA MITICA ESTELITA

  • Cómo llegar: Por avión: Aerolíneas Argentinas/Austral, Tel. 0810-222-86527. LAN, Tel. 0810-9999-526; www.lan.com. Por ómnibus: Andesmar, Balut, El Rápido Argentino, Nueva Chevalier.

  • Más información: Casa de la Provincia de Córdoba: Av. Callao 332, Tel. 4372-6566; Secretaría de Turismo de Córdoba: www.cordobaturismo.gov.ar; Secretaría de Turismo de la Nación: www.turismo.gov.ar

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Arriba, la residencia de los padres en la reducción de Casa de Caroya, la primera estancia jesuítica. Debajo, interior de la capilla de La Candelaria, en el departamento de Cruz del Eje.
 
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