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Los inquilinos de la Casa Nueva

 Por SOS *

La Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE-UBA) está construyendo un nuevo edificio, de 10 mil metros cuadrados. El domingo pasado, el economista de la UBA Manuel Fernández López se refirió en su ya histórico “Baúl de Manuel” en el suplemento Cash de Página/12 a este proyecto, cuya piedra fundamental se colocó ayer al cumplirse el 95º aniversario del nacimiento de nuestra casa de estudios. La nueva ala de Económicas se (re)construirá, luego de muchos años, en el lugar donde hasta hace pocos meses funcionaba un estacionamiento. Fernández López augura que con este edificio se recuperará un espacio que había sido “restado al conocimiento, en la forma de aulas, gabinetes de computación y bibliotecas”. El profesor espera que los pasillos de este grato proyecto vean transitar a futuros premios Nobel y brillantes investigadores, recuperando la excelencia perdida en las últimas décadas.

Lamentablemente, la realidad es bastante distinta. El nuevo edificio será para los posgrados arancelados que ofrece la facultad. No estamos frente a una posible recuperación de nuestra calidad académica, sino ante un fabuloso negocio.

En la FCE cursan aproximadamente 60 mil estudiantes que, por “falta de espacio”, están desperdigados en siete sedes a lo largo y ancho de la ciudad y alrededores. En una institución donde las aulas de su sede central, en la avenida Córdoba, no alcanzan para cubrir la demanda actual de cursos colmados de estudiantes, parece ridículo (provocativo y violento) que se asignen 37 millones de pesos de fondos públicos nacionales para erigir un nuevo edificio que no contribuya a mejorar la formación de grado de los futuros economistas, contadores, administradores, actuarios y licenciados en sistemas de la información.

A fines del año pasado, La Gaceta de Económicas, el medio de difusión oficial, anunció que las autoridades de la FCE impulsaron “la construcción del nuevo edificio de la Escuela de Estudios de Posgrado en el espacio ubicado en la esquina de Córdoba y Uriburu” (La Gaceta de Económicas Nº 68, diciembre de 2007). El nuevo edificio no tiene por misión mejorar la calidad académica de los estudiantes de Ciencias Económicas. El nuevo edificio será la sede donde funcione el negocio de los posgrados, auspiciados por empresas y que cuestan alrededor de 20.000 pesos.

La FCE nos tiene acostumbrados desde hace varios años a priorizar estas actividades por sobre la educación. La nuestra es la facultad que más financiamiento privado recibe de toda la UBA y es casi la única en donde el aporte de las empresas privadas supera y con creces al financiamiento estatal. Como advirtió el economista Axel Kicillof en un artículo publicado en Página/12 a fines de 2006, la Universidad “fue vaciando su carácter público hasta convertirse, en el mejor de los casos, en un centro de enseñanza con profesores mal pagos o en una comunidad de científicos que luchan individualmente, por las suyas, para conseguir fondos externos; en el peor de los casos, en la cáscara que recubre a una federación de kioscos ubicados en distintas facultades”.

A principios de año, los estudiantes nos sorprendimos al enterarnos por un informe del decano de que el Banco Santander había donado 240.000 pesos para fondear el alquiler de la actual sede central de los posgrados, ubicada en la calle Tucumán. Pero no se trató de un gesto altruista. Al inicio de este cuatrimestre, tras el receso invernal, nos encontramos con que nuestra facultad (que es pública) le cedió al banco un terreno en el interior de la sede Córdoba. Así este pulpo financiero inaugurará en poco tiempo un local para vender créditos a los estudiantes que deseen acceder a los posgrados.

Todo esto es posible con la complicidad de las autoridades y la conducción del Centro de Estudiantes en manos de Nuevo Espacio (Franja Morada), que se atribuye el logro del nuevo edificio sin decir a los estudiantes que probablemente nunca tengan acceso a sus aulas, más que durante alguna conferencia o tour guiado.

La construcción de este nuevo y lujoso edificio sólo sirve para profundizar las polaridades de la educación superior nacional y fomentar aún más la elitización. Económicas es una de las facultades de la UBA con mayor deserción de estudiantes, que abandonan sus carreras por la mitad. Además, en la FCE, 2580 docentes, más de la mitad del plantel, trabajan sin cobrar. En una universidad sumergida en la miseria presupuestaria, denunciada por el propio rector y las autoridades, en donde los 1000 millones de pesos que recibe anualmente apenas alcanzan para pagar salarios bajos a algunos de los docentes, la construcción de este ambicioso edificio expresa una brutal discriminación hacia las necesidades primarias de nuestra universidad a favor de inversiones más rentables. El nuevo edificio es una necesidad e impartir posgrados también, pero ¿por qué en lugar de hacerse bajo un criterio mercantil, no se utiliza para mejorar la enseñanza de grado, evitar la deserción y la degradación académica? ¿Será que ese “negocio” no es rentable?

Tenemos la seguridad de que el nuevo edificio contará con lujosas aulas, numerosos avances tecnológicos y la comodidad que la enseñanza de grado y toda la UBA debería tener. Suponemos, además, que se instalarán más negocios y stands de diversos grupos económicos, al estilo de las universidades empresariales. Pero también sabemos que el futuro no será el de la producción de científicos de excelencia como anuncia Fernández López en su Baúl. Por el contrario, el nuevo edificio, que podría ayudar a resolver los graves y urgentes problemas de la enseñanza en ciencias económicas, sólo servirá para abultar los negocios privados y profundizar la elitización y mercantilización de nuestros especialistas. El nuevo edificio no generará nuevos conocimientos para el desarrollo del país, sino nuevos negocios para el poder concentrado de la economía.

* Agrupación independiente de estudiantes, graduados y docentes de la FCE-UBA.

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