El problema europeo no va a desaparecer, y el debate sobre la relación de Gran Bretaña con el resto del continente tampoco.
A las 11, la proyección digital sobre la fachada de 10 Downing Street de un reloj llegó al momento culmine luego de un conteo descendiente coreado en la Plaza del Parlamento como si fuera la llegada de año nuevo
El Acuerdo de Salida que se efectiviza a las 11 de la noche de Londres establece un período de transición hasta el 31 de diciembre de este año. Se vivirá una extraña normalidad.
El Reino Unido no formó parte del euro, no adhirió al tratado de Schengen sobre la libre circulación de bienes y personas y consumió la paciencia de sus pares europeos con una interminable lista de derogaciones a las reglas comunes.
El caballo de batalla de Boris Johnson es un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. El problema es que choca con el modelo regulatorio europeo.
La Cámara de los Comunes rechazó el gasto, pero ya hay colectas voluntarias. Los pro Brexit quieren que suene a toda costa, pero otros grupos se oponen.
Los integrantes de la Cámara de los Comunes aprobaron en una sesión histórica el plan definitivo del Brexit del ministro Boris Johnson.
Ahora sólo resta que el acuerdo pase por la Cámara de Lores. Desde la oposición criticaron a los conservadores por sacar del acuerdo medidas pactadas antes de los comicios.
El Parlamento británico, de mayoría conservadora, convalidó el proyecto de ley de Brexit, el eje de campaña del primer ministro Boris Johnson.
El líder conservador buscará la pronta salida del Reino Unido de la Unión Europea y negociar numerosos tratados de libre comercio.