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Jueves 27 de Diciembre de 2001

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THE STROKES, LA GRAN APARICION

De moda

The Strokes: la banda hype por excelencia, según el parámetro puesto de moda por la palabra puesta de moda. Todo muy lindo pero, ¿quiénes son The Strokes? Según el semanario inglés New Musical Express, la mejor banda estadounidense y la que hizo el disco del año, Is this it. Mucho fervor hype para describir a un quinteto neoyorquino que saltó de las sombras al éxito (en especial en Europa) en menos de seis meses, gracias a su álbum debut y a sus shows, al parecer incendiarios. Los cinco son jóvenes, pintones y ricos: el cantante Julian Casablancas es hijo de uno de los fundadores de la agencia de modelos Elite, que lanzó a la fama a Cindy Crawford y Linda Evangelista, entre otras. Y conocen a la perfección la historia rockera de su ciudad. Por momentos, la voz de Casablancas parece calcada de la de Lou Reed, mientras la banda se lanza en la búsqueda de un sonido entre sucio y estilizado que patentó The Velvet Underground y que continuó Television. De éstos tienen, también, esa actitud de desparpajo calculado y cerebral. Pero lo que distingue a The Strokes de unos burdos copiones es su deslumbrante y juvenil vitalidad, y –fundamentalmente– su capacidad para componer muy buenas canciones. Is this it se editó antes en el Reino Unido que en Estados Unidos, donde reemplazaron el tema “New York City Cops” después de los atentados a las Torres Gemelas, y cambiaron la tapa (la silueta de la sugerente cintura de una mujer dio paso a un collage algo tonto). Aunque hasta ahora no fue publicado en la Argentina, varios músicos locales ya se hicieron de su copia importada; de ahí que haya logrado el primer puesto en la categoría "revelación". Todo indica que la compañía discográfica BMG finalmente lo editará en marzo, porque el renombre del grupo no para de crecer. Si en el siglo XXI se está hablando de un resurgimiento del rock de guitarras es, precisamente, gracias a The Strokes. Hasta tienen una especie de tributo en joda llamado The Diff’erent Strokes (sin el apóstrofo, ése era el nombre en inglés de la serie “Blanco y negro”), con covers en versión tecladito...


MIMI MAURA, VOTO A VOTO

En el Caribe Sur

A principios de este año, eran pocos los que sabían de la existencia de Mimi Maura. La cantante portorriqueña y su esposo, el ex Cadillacs Sergio Rotman, habían armado una banda con sus amigos, publicado en forma independiente un muy buen álbum debut y recibido algo de atención por parte de la prensa especializada. Pero fue el boca a boca el determinante para el moderado éxito que el grupo –ya establecido como tal– disfruta en estos días. La estrategia de tocar tan seguido como se pudiera y de ofrecer siempre shows calientes provocó una rápida aceptación del público. Ayudó, sin dudas, que mucha gente descubriera a los mimimauros cuando oficiaron de invitados de Los Fabulosos Cadillacs y Divididos. Por eso, en la segunda mitad del año pudieron darse el lujo de desbordar La Trastienda cinco veces. Al mismo tiempo grabaron el reciente Raíces de pasión, con la producción de su fan número uno, Ricardo Mollo. El lanzamiento fue independiente, por eso no cuenta con el apoyo publicitario que sí tienen otros artistas, pero amenaza con constituirse en el disco del verano. Y no hay que ser iluminados para imaginarlo, basta con sumarle calor y playa a la receta de ska, reggae, rock steady, salsa y bolero que elabora el grupo. Pero, incluso por encima de todos estos componentes, es la voz de Mimi la que es capaz de producir el salto a una popularidad mayor, porque encanta tanto a adolescentes (en especial a las chicas, como queda evidenciado en sus shows) como a señoras mayores que se derriten con sus bolerazos sentimentales. Por lo pronto, varios de los colegas del grupo -y algunos de sus integrantes, justo es reconocerlo– votaron a Mimi Maura como revelación (1º puesto) y a Raíces... como disco del año (3º puesto). O sea que son muchos los que extrañaban una relectura porteña del sabor caribeño, ése que no trascendía desde que los Cadillacs decidieron tomar nuevos rumbos estéticos. Ahora, además, viene con voz de mujer.


GORILLAZ, LOS GANADORES VIRTUALES

El futuro llegó

¿Cómo no se le había ocurrido a nadie? Ahí están los cuatro Gorillaz, criaturas del pincel trash de Jamie Hewlett, rapeando esas canciones de pop insolente en todas partes del mundo, convirtiéndose en remeras, melodías pegajosas y en la primera invención de la industria rock para el siglo XXI. Repasemos la lista de seres humanos involucrados en la fama de 2-D (cantante de pelo violeta, sexy y alelado), Murdoc (bajista y cerebro malicioso del cuarteto), Russel (el negro gigantón que toca la batería y rapea) y Noodle, una japonesa de 10 años virtuosa de la guitarra y las artes marciales. He aquí la carne y los huesos detrás de todo: Damon Albarn, estrella de Blur, Dan “The Automator” Nakamura, Miho Hatori (Cibo Matto), Tina Weymouth y Chris Frantz (de Tom Tom Club), y las honorables colaboraciones de Kid Koala, Del tha Funkee Homosapien y el veteranísimo cubano Ibrahim Ferrer. Pero, ¿qué hizo Gorillaz para merecer la mayor cantidad de votos como mejor disco extranjero en la encuesta 2001 del No? Pues procesó la electrónica refinada, el hip hop contemporáneo y el rock indie y los tradujo a un formato de pop universal, apto para todo público y con una estética novedosa y atractiva, basada en el muy oportuno concepto de la virtualidad y a caballo de un par de videos infalibles (“Clint Eastwood”, “19-2000”). Se podría teorizar acerca del principio de la desintegración de la estrella de rock carnal, pero lo cierto es que Gorillaz es, simplemente, un muy buen producto de la industria del entretenimiento. Anímense.