CONTRATAPA

Homo Nuevo

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO Hágase la oscuridad para que destaque la luz de fuegos artificiales. Otra vez, la semana más artificiosa del año. La zona fantasma entre Navidad y Año Nuevo, donde la realidad parece algo casi irreal o rara o en broma; porque a no olvidarse que en su centro –entre el parto de Dios y la parida de un nuevo almanaque– está eso perversamente llamado Día de los Inocentes. O, al menos, luce y suena como una extraña y graciosa realidad a otra velocidad: como en cámara lenta –demorándose entre lo que ya pasa y lo que vendrá– o, mejor, como los avances de una película por estrenarse pero que ya sabemos de qué trata, piensa Rodríguez entrando al cine. Porque el futuro no deja de ser una secuela del pasado y el presente no es otra cosa que cuando uno se levanta para ir al baño rápido y volver al asiento pronto. Coming soon, promo, promesas, escenas escogidas, good parts, aquí viene ya el 2014: título diferente para la misma historia de siempre y con los mismos actores, pero un poco más viejos, un poco más cansados y cansadores de tanto hacer de Hombre Nuevo; un poco peores porque ya se conocen y se saben de memoria sus tics y sus taras y sus frases (des)hechas.

Advertencia, por las dudas: nunca confundir lo nuevo con lo renovado.

DOS Pero aun así, entre estos días raros –puro efecto especial, puro afecto especializado– que van del 24 y al 31 se disfruta, por una semana, de algo que no es lo que es ni lo que vendrá. Algunas cosas, por suerte, ya han quedado definitivamente atrás, arrastradas hacia el ayer con la última gran borrasca modelo Ciclogénesis Explosiva (a la que Rodríguez siempre rebautiza, y en estas jornadas más que nunca, como Exégesis Elíptica Metafórica) y, ah, quién fue el genio que programó, en La Sexta, en la Nochebuena, esa monstruosidad de título Sharknado en la que los tiburones caen desde el cielo tormentoso y atormentador. Sí, ya pasó y fue desmenuzado y analizado como si se tratase de pronunciamientos oraculares el anual discurso del Rey, a quien se vio bastante desmejorado, y que, por supuesto, encantó a los partidos mayoritarios como socios del asunto y desencantó a los partidos minoritarios, que siguen soñando con República: The Movie. Y ya se fotografió a Letizia (saliendo cargada de bolsas y sin maquillar y bastante poco principesca y regia). Y Serrat cumplió setenta años (muchos de ellos cantando eso de “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”). Y Mariano Rajoy volvió con eso de cuánto mejor que estamos, de que el 2014 es el año de la recuperación, y de que ya se ve la luz al final del túnel pasando de puntillas por el hecho de que la luz (y el agua y el gas) sale cada vez más cara. La luz aumentará, finalmente, el 2,3 por ciento. Pero sólo el primer trimestre del 2014: “mecanismo transitorio”. Después ya veremos mientras la ONU ya anunció que el 2015 será el Año de Luz. Lo que le permitirá a Rajoy decir que entonces dejemos lo de la recuperación del año que viene para el siguiente y así estamos en sincro y voltaje con el resto del planeta. Y no importa que mujeres de su mismo partido le insinúen que se pasó un poco –mientras el resto de los ejecutivos europeos le recrimina el haber dado marcha atrás en una de las pocas cosas en las que de verdad se había avanzado– con la para Rajoy “equilibrada” retro-ley del aborto; porque “El gobierno ha tomado la decisión que ha querido”, dijo el jefe del mismo. Ah... Y más claro, echarle agua o nieve derretida. Nieve o hielo es eso que se usa para volver a congelar el salario mínimo interprofesional. Lo que, por supuesto, no impide el que cada vez todo vaya mejor, mejor que con Coca-Cola...

TRES ...y más propaganda y publicidad y promoción: Campofrío –marca histórica de embutidos– ha estrenado nueva campaña perteneciente al género chistoso-sentimentaloide. Y ahí es la alguna vez almodovariana y transgresora Chus Lampreave quien arrea a las celebridades que coquetean con hacerse extranjeros para, por supuesto, concluir comprendiendo que no hay nada como ser español y olé. El que la tan ibérica Campofrío sea propiedad desde no hace mucho, luego de una OPA, de una sociedad chino-mexicana no parece importar mucho a los que se les ocurrió la idea, aunque los espectadores del asunto no hayan dejado de señalarlo y acusar a la gracieta como una “apología del conformismo” y el aguantar a pan y agua mientras el jamón ibérico y del país se lo comen unos pocos.

CUATRO Faltan pocas horas para las 12 y Madrid y Barcelona no deponen las armas: la primera volverá a ofrecer esas deprimentes y desangeladas campanadas lunares desde Sol mientras la Ciudad Condal ha decidido sacar del arcón de los recuerdos aquel Hombre del Milenio de La Fura dels Baus, en tiempos en que España iba bien y era el centro del mundo.

Mientras tanto y hasta entonces, la mujer y la hija de Rodríguez salen del cine de ver Nymphomaniac, de Lars Von Trier, con los ojos vidriosos, como si hubiesen sido sometidas a... algo. ¿Es Von Trier un creador de obras maestras o, apenas, un maestro a la hora de presentar su obra? Rodríguez acabó antes, en otra sala, viendo La vida secreta de Walter Mitty, de Ben Stiller, y con su hijo. En la butaca, pasmado, Rodríguez se preguntó a lo largo de casi dos horas cómo es posible que se estropeen letras tan nobles (Walter Mitty es una versión admirable y bien escrita del igualmente fantasioso Mariano Rajoy y los suyos, que ya han marcado calendario para hacer historia: “2012 fue año de recortes; 2013 de reformas; 2014 será el año de la recuperación”, dijo Mariano) al ser llevadas a la pantalla. Otra desilusión, pero Rodríguez siempre esperará de Stiller otra joya digna del creador de Zoolander. No ha llegado aún, pero falta menos para el 1º de enero. Y el 2 de enero ya veremos, otra película, la misma película de siempre, luego de los avisos comerciales. Otro de ellos habla de que “Hoy te presentamos una nueva Iberia”. Y añade: “¿Y mañana? ¿Te imaginas?”. Y Rodríguez sí se imagina lo de mañana: otra nueva Iberia (y van...). Y la publicidad es rara; porque muestra a pasajeros corriendo sin parar por diferentes ciudades del mundo, casi desesperados, como si el avión hubiese salido antes de lo anunciado o (más seguramente) no vaya a salir nunca. Pero ahora es el momento de apagar los artefactos electrónicos y ajustarse el cinturón y comprobar que hay salvavidas bajo la butaca de una película que ahora empieza y tiene nombre de número. No es 2001, no es 8 1/2, no es 2046, no es 1900, no es 10, no es 1941, no es 300, no es 2010, no es 1492, no es 2012.

Es 2014.

Y –luz, cámara, acción, felicidades, y que la inocencia les valga– empieza exactamente así.

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