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Sin empacho y sin rubor

Por Diego Bonadeo

En diálogo monologado con Fernando Niembro, su interlocutor mediático funcional por antonomasia, Julio Grondona, tal su costumbre, esto es sin empacho y sin rubor, declaró como sorprendido: “De la AFA se llevaron toda la plata...”, como si él fuese un periodista de investigación, o el conserje de Viamonte 1366 y no el ya por más de veinte años amo y señor de todos los negocios “grandes” vinculados al fútbol en la Argentina. Es la misma cultura que tiempo atrás, también sin empacho y sin rubor, lo llevó a afirmar respecto de la sanción a Jorge Burruchaga cuando jugaba en el fútbol francés y antes de volver a Independiente. “En la FIFA hubo una mano negra” como si fuese, al igual que en el caso de la AFA, un oscuro periférico y no el vicepresidente del feudo que en Zurich antes regenteaba Havelange y ahora Blatter.
Por supuesto, Grondona se cuidó muy bien de esconder la mano al tirar la piedra, sin decir quién se llevó la plata ni cuánta plata se llevaron. Es la típica y perversa palinodia de quienes sin perder la petulancia de los poderosos, van avizorando que el régimen en el que necesariamente articulan sus negocios y relaciones se va cayendo a pedazos.
Todo esto después de entrevistarse con Eduardo Duhalde, como si ahora el Estado debiera acudir en socorro no del fútbol sino de quienes hicieron negocios con el fútbol. Como si los esquilmados hubieran sido los mercaderes de la pelotita y no quienes pagan su entrada a la cancha o su cuota de cable por los partidos codificados, que en definitiva somos el Estado, mal que les pese a Luis XIV, Julio Grondona, Carlos Avila, Raúl Monetta y demás responsables, activos o amanuenses, del supuesto vaciamiento que ahora se denuncia como si el sayo fuese para otro.
En medio de esta hipocresía, el balbuceante supuesto ex motonauta Daniel Scioli insiste con su histórico “discurro” sobre la necesidad de reimplantar el Prode, que a uno se le ocurre, de mal pensado que es no más, sea tercerizado a algún Hard Comunication o por el estilo, tal como la dupla Scioli-Grondona lo insinuaron en su momento.
Pero la frutilla berreta del postre indigesto es la conclusión final del presidente de la AFA: “Ahora estamos todos pobres...”, como si alguien hiciera referencia a una AFA opulenta con clubes en la ruina, cuando la lectura correcta cuenta una vez más la historia de los empresarios ricos de empresas fundidas. ¿Se entiende? Y si están pobres de verdad, a hacer la cola para los planes trabajar por –con suerte– doscientos pesos por mes.

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