ECONOMíA

Lavagna les tiró la historia del Banade por la cabeza a los industriales

En tono de advertencia, frente a la propuesta que impulsa la UIA de crear un banco de fomento con fondos públicos, el ministro les recordó cómo terminó la experiencia del ex Banco Nacional de Desarrollo: 5700 millones de dólares en créditos incobrables.

Por D. C.
Desde Mar del Plata

Antes que anuncios, las palabras de Roberto Lavagna de anoche contuvieron una velada advertencia a los industriales de no tentarse por meter mano en los recursos del Estado. Es lo que sugieren los dos pasajes más destacados del discurso con el que clausuró el V Foro Federal organizado por la Unión Industrial Argentina. A los que reclaman un banco de fomento al estilo del BNDES de Brasil, el ministro de Economía les recordó “un par de datos para compartir”: el ex Banco Nacional de Desarrollo, en 1996 cuando habían pasado tres años de su cierre, todavía permanecía con más de 5700 millones de dólares en créditos incobrables, buena parte de ellos colocados en el sector industrial. Algunos de los presentes, cuyas empresas figuran en esa lista de “incobrables”, tuvieron que hacer esfuerzos para disimular el impacto. Pero no fue aquélla la única estocada que debieron recibir de parte del ministro: subrayó que para defender la solidez fiscal alcanzada “hay que animarse a decir ‘no’ a los buscadores de subsidios que están listos para cargar sobre los recursos del Estado, que son los recursos de toda la sociedad”.
Lavagna buscó en su archivo antes de viajar a esta ciudad al seminario de los industriales. Quería ser preciso en su mensaje, luego de haber leído en los diarios cómo algunos empresarios empezaron a instalar la idea de que se necesita un banco de desarrollo. El ministro sabía que el pedido tenía poco de inocente: hay bancos privados e industriales que están por proponer al Gobierno la creación de una entidad gerenciada por ellos, con fondeo estatal. Lavagna buscó dinamitar el negocio antes de que nazca.
El ministro no renegó de la alternativa de contar con un banco como el BNDES u otros similares de Europa o Estados Unidos. “La banca pública tiene un rol especial a jugar como testigo (del sistema financiero). Esto me lleva a comentar la iniciativa de ustedes sobre la creación de un banco de desarrollo. Desde ya concuerdo con la idea, luego veremos la mejor forma de instrumentarla, teniendo en cuenta la existencia del BICE”, sostuvo. Pero el sentido de su comentario fue dejar en claro que no se pueden repetir experiencias como la del ex Banade, que terminó quebrado con millonarias deudas incobrables de parte de Massuh, Alpargatas, Celulosa y Alto Paraná, entre otros.
“A tres años de su cierre y después de haberse dado de baja numerosos créditos, le quedaba una cartera impaga de 5637 millones de dólares”, recordó. “El 99,4 por ciento de esa cartera era irrecuperable y sólo 20 empresas representaban más de la mitad de esos créditos. La idea es buena, hay que rescatarla, pero con un contenido distinto de lo que fue aquella experiencia”, indicó el ministro.
Lavagna centró su discurso en las grandes líneas de la política económica que considera necesaria para el desarrollo del país, dejando de lado anuncios de medidas específicas. Defendió la política cambiaria como herramienta para mantener la productividad del sector industrial e hizo una sola alusión a la convocatoria al Consejo del Salario, pese a que muchos de los presentes esperaban una definición al respecto. “El poder de compra de la población está en el centro de la política económica”, aseguró como toda sentencia sobre el tema. En cambio, fue más explícito al sostener enfáticamente que “necesitamos un tipo de cambio realista, una búsqueda permanente de la productividad, y la inversión como proceso constante y no esporádico”.
Haciendo un juego con las proyecciones, Lavagna vaticinó que si Argentina mantuviera el actual modelo, para el año 2010 podría completar 98 meses consecutivos de crecimiento, sin interrupción desde abril de 2002. Remarcó que sólo necesita cinco años más sosteniendo lo que él mismo definió como un “un modelo de país en crecimiento con justicia social”.

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Roberto lavagna, ministro de Economía. Una vez más, la ironía fue su arma de contraataque.
 
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