ECONOMíA › LA ACELERACION DE LOS PRECIOS AMENAZA
LA RECUPERACION SALARIAL

Otra vez la larga mano de la inflación

La consolidación de una inflación de dos dígitos podría abortar la lenta recuperación de los salarios reales y con ello retrasar el crecimiento, un efecto similar a las políticas contractivas.

 Por Claudio Scaletta

La aceleración de precios durante el primer semestre, que podría terminar con una inflación anual en torno del 11 por ciento, amenaza abortar la recuperación de los salarios reales registrada desde la salida de la crisis. Los economistas coinciden también en que una inflación de dos dígitos podría diluir los aumentos salariales ya conseguidos en el sector formal, mientras que para los trabajadores en negro supondría un nuevo deterioro de su situación. Los especialistas aceptan que el ajuste salarial deberá darse inevitablemente para que los niveles de ingreso sean “macroeconómicamente consistentes” con el crecimiento económico. Las típicas recetas contractivas propuestas desde la ortodoxia sólo conseguirían retrasar el necesario proceso de recomposición.
“Está claro que los salarios en dólares no pueden volver a los niveles de 1998, pero tampoco resulta viable pretender dejarlos en los niveles de 2002”, señala el consultor Miguel Bein. “El óptimo se encuentra probablemente en un punto intermedio entre estos dos valores, punto del que todavía estamos lejos”, agrega. En otras palabras, resulta ilusorio pretender que, en el proceso de ajuste de precios relativos que la economía en algún momento completará, los salarios no se ajustarán también en términos reales. Para Bein, el escenario ideal surgiría del sostenimiento del actual nivel de tipo de cambio, con una inflación en torno al 8 o 9 por ciento anual y ajustes de salarios reales en torno a un 5 o 6 por ciento. Hacerlo más rápido significaría un probable traslado a precios y más despacio frenar el crecimiento.
Pero incluso estas conclusiones, ideales desde la perspectiva de la estabilidad macroeconómica del modelo y de una exasperante lentitud para quienes tienen sus ingresos más retrasados, choca con la continuidad de niveles de inflación como el 6,1 por ciento registrado en el primer semestre del año, un número similar al medido durante todo 2004 y que augura cómodos dos dígitos anuales.
Con diferencias de matices y énfasis, los economistas profesionales coinciden (excluyendo las perspectivas ultramontanas) en un punto: dada la recuperación de la economía y el cierre de brecha del producto, es decir, la aproximación a la plena utilización de la capacidad instalada, los inflación del primer semestre refleja una aceleración en el ajuste de precios relativos. Es la situación del peluquero que durante la crisis no consigue más que 4 o 5 cortes diarios y cuando tras la recuperación llega a 20 y no da abasto puede pensar en aumentar. A grandes rasgos, mientras desde la devaluación el ajuste de precios de los transables (bienes) estuvo en torno al 90 por ciento, el de los no transables (servicios) fue del orden del 30 por ciento. Dentro de este último rubro se encuentran muchas de las remuneraciones al trabajo que debieron limitar sus reclamos durante la crisis. Por eso Bein considera que durante los próximos 3 años la economía continuará registrando una “inflación propia” que se producirá “incluso en el contexto de políticas monetarias y fiscales neutrales” (no expansivas).
La “mala suerte” del primer semestre del año fue que sobre este proceso se montó también la inflación internacional provocada por el aumento en los precios de todas las materias primas, no sólo petróleo y muchos bienes intermedios. Héctor Valle, titular de FIDE, destaca que los últimos datos del Balance Comercial mostraron un crecimiento interanual del 22 por ciento en los valores de importaciones de bienes intermedios, los insumos de la industria. Para el ex director del Indec, con una estructura interna de formación de precios oligopólica y en el contexto del citado cierre de brecha y con una economía en rápido crecimiento, estos aumentos no tardan en llegar a los consumidores, lo que explica que “el horizonte de precios haya sido más alto de lo deseable”.
Pero los mayores precios no fueron sólo en los insumos industriales. La Argentina sigue exportando fundamentalmente los mismos productos que consume, cuyos precios internacionales también mejoraron. Esto explica los sensibles aumentos del primer semestre en carnes y aceites. Manuel Sánchez Gómez, economista de la consultora MVA Macroeconomía, sostiene que los números del Indec muestran no solo ajustes en los precios relativos, sino en todos los sectores. “Este mes puede haber sido el cambio en la metodología para medir las expensas o los pollos, pero el próximo serán los servicios turísticos o cualquier otra cosa”, argumenta. Desde esta perspectiva, los aumentos parecen haber llegado para quedarse. El dato nuevo es que los mayores precios contrajeron el consumo. Un estudio del Instituto para el Modelo Argentino (IMA) difundido ayer detalla que el crecimiento del segundo trimestre se asentó fundamentalmente en las exportaciones, una diferencia cualitativa respecto de 2003 y 2004 cuando las bases fueron el consumo y la inversión.
Al momento de sugerir posibles líneas de acción, los economistas creen que es probable que en el corto plazo, sobre todo por la diferencia de los números reales con las metas de inflación proyectadas por el Banco Central, se opte por algunas “políticas clásicas”, esto es, contracción monetaria y fiscal. En cuanto a posibles soluciones, Valle cree que Economía debe aumentar selectivamente algunas retenciones y profundizar los acuerdos de precios, mientras que Sánchez Gómez considera que la experiencia no arroja un resultado claro sobre la eficacia de este último instrumento.
Siempre excluyendo las opciones contractivas, que sólo significan postergar el proceso de ajuste de precios relativos y de recuperación salarial, realidad que sólo beneficiaría a los exportadores, las coincidencias entre los especialistas son las mismas que la preocupación de Lavagna, la necesidad de aumentar la inversión para expandir la oferta. En el ínterin, Bein prevé un horizonte de expectativas de inflación de dos dígitos (anualizada) por al menos dos meses más, inflación que debería conjurarse acudiendo a “una política fiscal dura que vuelva evidente que no hay impresión de papel”; es decir, que la compra de dólares para mantener el tipo de cambio se haga con superávit fiscal.
Cualquiera sea el caso, la distorsión de parámetros provocada por el mantenimiento de una inflación de dos dígitos resultará tan negativa para la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores como las políticas monetarias y fiscales más ortodoxas.

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La inflación puede volver a ser un problema para el bolsillo.
 
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