EL PAíS

“Toda construcción se hace con parte de lo viejo”

Miguel Angel Pichetto, jefe de la bancada oficialista en Senadores, es un ardiente converso al kirchnerismo. Y explica cómo figuras de antaño podrían ser parte de una renovación.

 Por Eduardo Tagliaferro

El hombre está en campaña, no cabe duda. Basta mirar la página web Pichetto 2007.com para darse cuenta de que ser gobernador de Río Negro es una de sus ambiciones. Defensor a ultranza del encuadramiento con el jefe, como bien lo muestra su destacado paso por el menemismo tardío y ahora por el kirchnerismo, este abogado nacido en Banfield en 1950 y graduado en La Plata en 1976, se pone la camiseta del Presidente y sale a la cancha. Pensando en los seguidores de otro hincha de Banfield como él, Eduardo Duhalde, dice: “Me pregunto qué tipo de campaña podrán hacer los duhaldistas. Me parece difícil explicar cómo se apoya a Kirchner sin estar con Kirchner”.
–Néstor Kirchner dijo que, como en Chile, habría que ir a un sistema de dos o tres grandes nucleamientos. Uno de derecha, otro de centro y otro de izquierda. ¿Y cuál es el futuro del peronismo?
–La reflexión del Presidente yo la comparto. Me parece imprescindible que el fortalecimiento político e institucional se dé con un agrupamiento de las fuerzas de centro, de centroderecha, de centroizquier-da y de izquierda. Como también tienen los sistemas europeos. Allí las diferencias pasan por las políticas económicas y sociales, los procesos políticos son de alternancia. Me parece que el peronismo está viviendo la crisis del 2001. Estoy convencido de que hay que construir una opción mucho más abierta y superadora que la del propio peronismo. Hay que terminar con las construcciones corporativas como se dan en algunas provincias. El peronismo solo no contiene la mirada de la sociedad argentina.
–¿Se está viviendo el post-peronismo?
–No. Me parece que estamos en el punto de inflexión de una construcción nueva. Tratamos de recuperar un proyecto nacional que rescate los ejes centrales de la política que lleva adelante el Presidente: la recuperación del país, de la autoestima, retomar un proyecto productivo y dignificar a través del trabajo. Es innegable también, la necesidad de dejar de lado metodologías de las viejas estructuras del partido, que producen una construcción corporativa que impide a los independientes incorporarse a la política.
–¿Está hablando del clientelismo?
–Estoy hablando de formas de construcción de la política. En los últimos tiempos se visualiza un cierre, un bloqueo de las estructuras de los partidos. Obviamente también en el justicialismo. Así no se hace otra cosa que reciclar figuras y no permitir la renovación, ni el recambio. El que maneja el aparato, el que conduce el aparato, recicla poder.
–Los duhaldistas dicen que cómo no van a apoyar a Kirchner si tiene la misma política económica, social y hasta internacional que impulsó Duhalde.
–No es fácil explicar que se apoya al Presidente y que al mismo tiempo se construye una lista opositora. La política, para ser creíble, tiene que tener una concordancia entre imagen y discurso. Desde la matriz justicialista y movimientista sabemos que no hay liderazgos bifrontes. Nunca los hubo y en general estos liderazgos siempre estuvieron vinculados con el Presidente, con quien dirige. En las coyunturas electorales, las estrategias, los grandes trazos de la política, el armado de las candidaturas, deben estar en manos de quien conduce. En este caso, quien conduce es el Presidente y esto no termina bien. En la campaña comenzarán a desarrollarse perfiles bien diferenciadores. Indudablemente ya hay heridas. Acá el gran lesionado es el Presidente. Lo que la otra lista está discutiendo es un esquema de liderazgo y el manejo de la campaña.
–El duhaldismo gobernó 17 años la provincia. ¿Por qué algunos de los responsables de esa política, que recientemente sumaron su apoyo al Presidente, son creíbles para llevar adelante una nueva política?
–Todo proceso de construcción se hace con parte de lo viejo. Si uno analiza la historia de los cambios y de las revoluciones en el mundo se dará cuenta de que en la Revolución Francesa muchos de sus integrantes participaban del viejo régimen. Para poner un ejemplo quizás exagerado. Lo nuevo surgirá con la experiencia de lo viejo, con la importancia de la gestión. Muchos de los hombres que hoy están con el Presidente tienen experiencia en gestión. Es cierto que lo acompañaron a Duhalde pero hoy están decididos a avanzar en un respaldo muy firme al Presidente, siendo parte y protagonistas de este proceso de cambio. Proceso que se plasma en la elección de octubre pero que continúa a futuro.
–En la Revolución Francesa los jacobinos fueron desplazados por la restauración. ¿Se viene una política de realismo luego de octubre?
–Si hay algo que caracteriza al Presidente es su realismo, el manejo de los límites y la capacidad de negociación. Estas son las cualidades extraordinarias que tiene. Al Presidente le sobran realismo y comprensión del tiempo histórico. Comprende que estamos frente a una posibilidad que no se puede desaprovechar. El Presidente entiende que necesita consolidar electoralmente el poder. Este país es muy complejo cuando no se tiene poder.
–¿Por qué fracasó la construcción transversal?
–Me parece que se explica por las características de las fuerzas de la izquierda argentina. Fuerzas que tienen un alto componente anárquico, que no tienen una visión de Estado, que carecen de sentido práctico del poder y del gobierno. Es muy difícil construir proyectos con estas fuerzas. En algunos lugares se han incorporado a la idea de un frente nuevo, como puede ser el Frente para la Victoria.
–¿En Río Negro?
–Por ejemplo. En mi provincia ha habido un debate muy importante con el Frente Grande y con otros partidos y eso nos permite abrirnos a otros sectores de la comunidad. Esta me parece que es la idea central del Presidente. No desprecia al peronismo, que es su origen, sino que entiende que estamos en una etapa superadora.
–En Río Negro comparte espacio político con Julio Arriaga, que supo pertenecer al Frepaso.
–Hoy es nuestro candidato a diputado nacional. Es el candidato que respalda el Presidente.
–En los ’90 usted estuvo muy enfrentado con el Frepaso. ¿Cambiaron ellos o cambió usted?
–Cambiamos todos. La crisis tiene que dejarnos experiencias tanto en lo individual como en el pensamiento colectivo. Nosotros hemos cometido errores en la década del 90. En el justicialismo todavía no se ha hecho un debate de fondo sobre esa etapa y sobre todo lo que perdió. Nadie en Latinoamérica privatizó su petróleo. Siempre hay un lugar para el reencuentro cuando se piensa en los intereses del país. Creo que también de parte de ellos hubo un repensarse. Especialmente de parte de su principal líder que hoy está fuera de la política (en referencia a Carlos “Chacho” Alvarez). Creo que han repensado su rol y el de su partido.
–¿La disputa entre Kirchner y Duhalde compromete la gobernabilidad?
–Creo que puede haber algún que otro coletazo en la Cámara de Diputados. Eso será así de aquí a octubre. Pero luego, el proceso de consolidación del poder presidencial será arrollador. Habrá sectores de la opinión pública que ven todo mal, como siempre, pero los grandes temas de la gobernabilidad estarán garantizados. No puede haber conducción política, ni hay liderazgo fuera del esquema institucional.
–Desde la oposición se insiste en que luego de octubre el peronismo definitivamente se instalará como un partido hegemónico.
–El peronismo no se puede hacer cargo de la mediocridad o de la torpeza de la oposición. Ni de si no logran los votos necesarios para tener una banca en el Senado o tener más diputados en la Cámara baja.
–Dicen que con listas fuera del partido se viola la ley de internas y se vulnera la Constitución que da dos senadores a la mayoría y uno a la minoría.
–Son los electores los que votan. Acá no hay ninguna violación a la ley. Acá hay expresiones políticas que pueden tener un tronco común pero en este momento no tienen una visión común en temas que superan lo electoral. Estos argumentos son muy burdos. López Murphy, el radicalismo y otros sectores tendrán que hacer un esfuerzo para convencer a la ciudadanía. Siempre es el ciudadano el que vota.

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