EL MUNDO › LA JUNTA MILITAR DE MYANMAR NO CEDE ANTE LA PRESIóN EXTERNA

La Nobel birmana seguirá presa por un año más

 Por Andrew Buncombe *

Incapaz de o no dispuesto a brindar asistencia de emergencia a los cientos de miles sin hogar y desesperados después del ciclón Nargis, para el régimen birmano fue una prioridad ayer asegurarse de que la más importante ciudadana del país permaneciera bajo arresto domiciliario.

Un funcionario del gobierno dijo que el arresto de Aung San Suu Kyi –que ha pasado casi 13 de los últimos 18 años detenida– ha sido extendido por otro año. La Premio Nobel fue informada de la decisión por los funcionarios que visitaron la casa de Rangoon, que se ha convertido en su prisión. Suu Kyi ha pasado los últimos cinco años bajo arresto domiciliario, la detención más reciente fue en mayo de 2003 para “su propia protección”. Sus partidarios dicen que, bajo la ley birmana, nadie puede estar detenido por más de cinco años y que los términos del arresto de la líder de la oposición no pueden extenderse legalmente.

“La extensión hecha por la junta birmana del arresto domiciliario de Aung San Suu Kyi, en clara violación con su propia ley, no es una sorpresa”, dijo Jared Genser, un abogado estadounidense contratado por su familia. “Cumplir la ley no es su fuerte y la junta está muy preocupada por su influencia sobre el pueblo birmano.”

Con la atención del mundo puesta en Myanmar (ex Birmania) después del ciclón Nargis y con millones de dólares en asistencia prometidos por varios países, algunos observadores se pueden haber permitido un ápice de esperanza de que la jefa del partido Liga Nacional para la Democracia (LND) podría quedar en libertad.

Pero el régimen dejó en claro sus intenciones en la mañana de ayer, cuando arrestó hasta 20 miembros de LND que habían tratado de marchar de su sede en Rangoon al hogar de Suu Kyi, en el lago. Las fotos mostraban a los partidarios cuando se los llevaban en camiones de la policía bajo la lluvia. La decisión de mantener presa a la líder de 62 años pone en relieve su posición única en Birmania para reunir gente contra la junta militar que ha gobernado al país desde 1988.

En 1998, su partido LND ganó una victoria aplastante en una elección que el régimen decidió ignorar y aunque algunos activistas birmanos –tanto dentro del país como en el exterior– pueden no estar de acuerdo con todo lo que dice, el nivel de apoyo sigue no teniendo parangón.

“Los generales se sienten confiados y no están bajo una presión significativa para liberar a Aung San Suu Kyi”, dijo Mark Farmaner, de la Campaña Birmana del Reino Unido. “No se implementaron las sanciones prometidas después del levantamiento el año pasado; no cumplieron con su palabra sobre las conversaciones con Aung San Suu Kyi sin consecuencias, y ahora el secretario general de la ONU visitó Birmania dos veces y no se animó a mencionar su nombre.”

El secretario de Exterior, David Miliband, dijo que estaba “entristecido, si no sorprendido” por la decisión de continuar su detención. “Mientras nuestro objetivo inmediato es aliviar el sufrimiento causado por el reciente ciclón, la restauración de la democracia en Myanmar todavía es vital para el futuro a largo plazo del país”, dijo. “Insto al gobierno birmano a que libere a Aung San Suu Kyi y le permita ejercer su rol en el proceso de una genuina reconciliación nacional.”

Ayer también marcó el 18º aniversario de la elección de 1990 que vio cómo la LND lograba 392 bancas de las 492 disponibles. Unos 200 miembros de la LND sostuvieron una reunión en sus oficinas en Rangoon y pidieron a la junta que la liberara. Además de guardar silencio durante un minuto por aquellos muertos por el ciclón Nargis, también entonaron el nombre de Suu Kyi y gritaron “Libérenla inmediatamente”.

Se cree que por lo menos 130.000 personas han muerto por la tormenta tropical, que azotó la región del delta de Irrawaddy de Birmania hace tres semanas. El régimen ha sido ampliamente condenado por los lentos y poco convincentes esfuerzos para brindar asistencia a aquellos que la necesitaban. Hubo informes de que el ejército estaba acaparando los alimentos donados de mejor calidad para ellos mismos. También hubo críticas que a los trabajadores humanitarios se les negaba al acceso a las áreas más damnificadas.

* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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