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Miércoles, 28 de mayo de 2008

CINE › ENTREVISTA AL FRANCéS ERIC-EMMANUEL SCHMITT

La imaginación que enriquece

Dramaturgo y narrador, debuta como cineasta con Odette, una comedia sobre la felicidad, que mañana se estrena en la Argentina. Dice que una anécdota personal disparó la historia, pero no quiere verse reflejado en el protagonista.

 Por Oscar Ranzani

Para presentarlo en sociedad conviene señalar que el francés Eric-Emmanuel Schmitt es el autor de obras como Pequeños crímenes conyugales (que aquí protagonizaron Mercedes Morán y Jorge Marrale) y Oscar y la dama de rosa (con la participación de Thelma Biral). Es un reconocido dramaturgo y narrador que está debutando como cineasta con Odette, una comedia sobre la felicidad. Si bien sus novelas fueron premiadas en numerosas ocasiones y traducidas a más de cuarenta idiomas, su ópera prima no está basada en un cuento suyo, sino que Schmitt escribió el texto pensando en un personaje cinematográfico: “Escribí el guión y la historia de Odette primero para la pantalla, porque para mí es un personaje de cine. Hacía falta el canto, la danza, el movimiento y, sobre todo, el color”, señala el director en diálogo con Página/12. Luego aclara que escribió la novela después de filmar la película que se estrena mañana en Buenos Aires.

Odette (Catherine Frot) es una mujer de unos cuarenta años que ha enviudado. Los golpes de la vida no le impidieron seguir conservando una calidez humana que le permite mostrarse muy positiva. Es amante devota de las novelas románticas de Balthazar Balsan (Albert Dupontel), un escritor de gran éxito, acomodado económicamente, famoso y atractivo, pero que no consigue ser feliz. Su malestar aumenta cuando se entera de que su mujer lo engaña con su editor. En uno de los tantos sitios donde Balthazar firma ejemplares, llega Odette a que le estampe la firma en el suyo, pero por la emoción ella se queda sin palabras. Para el escritor será una situación más e, incluso, intrascendente. Pero todo cambia cuando el escritor recibe una carta de Odette y, a partir de entonces, entrará en la vida de esta mujer feliz de una manera muy particular.

–¿Es una comedia que reivindica el optimismo?

–Sí, y me di cuenta de que hoy en día hay un prejuicio, porque es políticamente incorrecto ser optimista.

–¿El punto de partida fue una anécdota?

–Sí. Una vez me encontré con una de mis lectoras que cuando me vio fue incapaz de decir una palabra. Estaba tan emocionada que no pudo ni siquiera moverse. Fue en Alemania. Se sentía tan infeliz de no poder moverse que desapareció como un pájaro, pero me dejó sobre el escritorio una carta con un corazón dibujado. Y al principio, yo era exactamente como el escritor de la película: no quería esa carta. Me parecía algo completamente kitsch. No quería tener una lectora que me ofreciera ese corazón horrible. Pero dos horas después, leí la carta y me pareció que venía de un alma magnífica. Y cuando llegué a mi casa me di cuenta de que había sido víctima de mis propios prejuicios y que quería escribir una historia sobre esto, que es Odette...

–Teniendo en cuenta que usted también es escritor, ¿cuánto tiene de autobiográfica esta ficción?

–Si hubiese querido hacer una película autobiográfica sobre un escritor lo hubiese hecho menos ridículo (risas). En la película nunca digo si es un escritor bueno o malo. No lo sabemos. Lo que vemos es que es alguien muy egocéntrico. Quiere ser amado por quienes nunca lo van a amar y rechaza a aquellos que lo aman. Yo aceptaría con todo gusto ser amado por quienes me aman.

–La pregunta apunta a si las sensaciones que usted tuvo como escritor tienen una raíz autobiográfica en el film.

–Sí, de hecho en mi vida pasé más tiempo firmando libros que escribiéndolos. Ese es mi caso también. Al mismo tiempo, cuando en la historia el editor le reprocha que Balthazar es muy sensible, él le responde: Si yo no fuese frágil, ¿cómo haría para escribir libros? Eso es una confesión mía. Hay muchas cosas que vienen de mí, pero no soy yo.

–¿Y usted cómo se lleva con las admiradoras?

–Intento tener admiradoras, pero no fanáticas. Cuando una admiradora pasa a ser una fanática me pongo muy duro.

–El hecho de que Balthazar desprecie el amor que tiene y busque más allá, ¿es algo que usted considera que les pasa a todos los seres humanos?

–Sí, es algo muy universal despreciar o desestimar lo que uno tiene y buscar otra cosa. También es la típica crisis de un hombre de cuarenta años que luchó por tener una casa, un buen empleo, un departamento en París para llegar a ser feliz. Pero se da cuenta de que esa no es la felicidad. Coleccionó los clichés de la felicidad.

–¿Por qué pensó a Odette como la contracara de Balthazar?

–Odette representa todo lo que Balthazar no es: es la humildad, la generosidad, la modestia. Creo que el equilibrio está entre los dos. Es difícil en la vida conciliar la modestia con la ambición. La modestia es aceptar los propios límites y la ambición es tratar de pasarlos. Para mí es algo problemático.

–¿En esa dicotomía está el mensaje de la película?

–Creo que sí. No es un film unívoco, trata de crear la emoción y la reflexión en el espectador.

–¿Un libro es suficiente para hacer feliz a una persona, como le sucede a Odette?

–Cuando ella dice que le debe su felicidad a este escritor, para mí está exagerando. Yo creo que ella naturalmente tiene una buena disposición hacia la felicidad, a pesar de que su marido murió. Estas novelas de Balthazar Balsan la unieron de vuelta con la vida. Yo, por ejemplo, cuando era adolescente tuve una gran depresión y lo que me curó fue la música de Mozart. Fue Mozart, pero pudo ser Schubert, The Beatles o Beethoven. Lo que me curó fue el arte.

–¿El hecho de que Odette vuele (literalmente) puede leerse como una metáfora de que para alcanzar la felicidad hay que volar con la imaginación, que no es algo tan concreto?

–La pregunta sería para mí: ¿cuál es el rol de la imaginación en la felicidad? Habitualmente se describe la imaginación como la facultad para escaparse de la realidad. Para mí la imaginación no es una fuga, sino la capacidad de enriquecer a la realidad. Lo que quise mostrar en la película es que Odette, a través de la imaginación, ve las cosas de una manera mucho más rica, mucho más compleja que los otros. En nuestra vida cotidiana podemos profundizar nuestra realidad a través de la imaginación.

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Eric-Emmanuel Schmitt es autor de obras que fueron interpretadas aquí, como Pequeños crímenes conyugales.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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