EL MUNDO › EXPECTATIVA ENTRE LA GENTE Y LOS ANALISTAS POR LA ASUNCION PRESIDENCIAL

Preocupa la gobernabilidad

Con minoría de legisladores de izquierda en el Congreso y la mochila de 61 años de dominación colorada del aparato estatal, el ex obispo Fernando Lugo asume la primera magistratura de Paraguay en un país ilusionado.

 Por Darío Pignotti

Desde Asunción

Fernando Lugo recibirá hoy el bastón y una banda presidencial confeccionada por un grupo de hermanas carmelitas ecuatorianas, pero esos atributos formales no le garantizarán un requisito indispensable para su gestión: la gobernabilidad.

Asunción está inquieta ante la inminencia del traspaso del mando, a nadie escapa que la siesta política acabó, junto con los 61 años de régimen del Partido Colorado.

“Lugo le ha prometido mucho a la gente, si nos cumple la mitad de lo que prometió va a estar bien, pero los que se están yendo le están dejando problemas, los colorados son muy malandros”, dice Celestina, apretujada, en el pasillo del ómnibus de la Línea 30, que va de la ciudad de Luque hasta la capital, Asunción.

Otras señoras, llevando chicos con cara de sueño a la escuela, acompañan la explicación de Celestina con aparente aprobación. Una de ellas, menos inhibida ante la presencia de un reportero en el colectivo, se animó y aportó: “Lugo ya dijo que no va a vivir en Mburuvichá Roga (palacio presidencial), que eso es mucho lujo. El es un hombre simple, honrado, se le nota, por eso le votamos”.

“La preocupación de la gente con la gobernabilidad es comprensible, hay conciencia de que costó mucho llegar a esto y que el enemigo está replegado pero no se fue, siempre tiene nuevas cartas, nos están poniendo trampas. La gobernabilidad es un tema de debate dentro del gobierno”, analiza Camilo Soares, 33 años, quien será el ministro más joven del nuevo gobierno, entrevistado en el primer piso del edificio que hasta ayer fue cuartel general de Lugo.

Soares resume la paradoja del nuevo esquema de poder en una línea: “Lugo sacó más del 40 por ciento de los votos, pero en el Congreso es minoría”.

“Hay diferentes perspectivas frente a ese dilema, una es la clásica, que propone que el nuevo gobierno se juegue todo a garantizar la gobernabilidad de Lugo, entendida como un juego de fuerzas entre el Ejecutivo y el Parlamento.”

“Pero con este Parlamento, dominado por las fuerzas conservadoras es imposible pensar en una relación productiva y constructiva si se coloca en la perspectiva de un proyecto transformador”, razona Soares.

Para él la salida es por afuera: “No vamos a encontrar una solución con esa fórmula para la gobernabilidad, tenemos que construir una masa organizada y movilizada más allá de lo que ocurra en el Congreso y los partidos”. “Necesitamos una base que se movilice incluso en contra del gobierno, si fuera necesario, para presionarlo a que se saque sus parásitos, se desperece del estado oligárquico.”

“Si pensamos al gobierno sólo para ir manejando el barco, que no haya oleaje en el Parlamento, tenemos que asumir que llegamos a él para administrar el statu quo... ¿Reforma agraria?, olvidate”, sentencia Soares, que ocupará la estratégica Secretaría de Emergencia Nacional, con rango de ministerio, y una de las carteras más pródigas en recursos. “Con esta secretaría los colorados (Partido Colorado) financiaban parte de su política de prebendas, nosotros pensamos motorizar programas de alfabetización masivos, vamos a trabajar con foco en los jóvenes.”

Secretario general del Partido Movimiento al Socialismo, P-MAS, Soares es uno de los hombres de consulta del presidente Lugo, y expresa el “lado izquierdo” de una alianza gubernamental amplia, en la que cuenta con un peso decisivo el centroderechista Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Las divergencias públicas entre las “alas” internas del gabinete luguistas fueron uno de los leit motiv de la transición iniciada tras la victoria electoral del 20 de abril.

–Entonces el gobierno que usted integrará es de izquierda, de centroderecha, reformista, posibilista?

–Nosotros apuntamos a una revolución, confiamos en Lugo y en su liderazgo, pero con la actual correlación de fuerzas en Paraguay, el techo político al que podemos aspirar es casi menos que una reforma, es cerrar el ciclo de transición del pos stronissmo (dictador Alfredo Stroessner 1954-1989).

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Muñecos de Lugo y Lula, presentes en el acto que organizaron los movimientos sociales ayer en Asunción.
Imagen: EFE
 
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