EL MUNDO

Con amigos como Dick Cheney...

El vicepresidente de EE.UU. tuvo que salir ayer a dar explicaciones por el accidente de cacería en que le disparó a un viejo amigo de Texas el sábado. El incidente llegó en un momento de dificultades para la Casa Blanca.

Por Rupert Cornwell *
Desde Washington


Cediendo a la intensa presión de los demócratas, los republicanos y funcionarios de la Casa Blanca de Bush, el vicepresidente Dick Cheney habló ayer por primera vez sobre el accidente durante una cacería en la que le disparó e hirió a otro cazador y viejo amigo de Texas. A regañadientes, en una entrevista para la conservadora Fox News Network, Cheney explicó las circunstancias en que había herido a Harry Whittington con pequeños perdigones durante una cacería el sábado pasado, a 100 kilómetros al sur de la ciudad de Corpus Christi.

Ayer, el abogado de 78 años, que había sufrido un leve ataque cardíaco, todavía estaba en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Corpus Christi. Un vocero dijo que su condición era estable y que andaba bien, “sentándose en una silla, comiendo regularmente bien y planeando hacer algo de su trabajo como abogado”. Aunque estaba siendo monitoreado, Whittingon estaba en la unidad de cuidados intensivos básicamente por motivos de privacidad, añadió el vocero. Hasta ayer, el vicepresidente, cuya conducta reservada y su desdén por la prensa son legendarios aquí, había emitido sólo dos declaraciones escritas, la segunda diciendo que sus “pensamientos y oraciones estaban con Whittington” y que los dos habían hablado por teléfono. El martes fue visto en el Capitolio, en silencio, e inexpresivo como siempre mientras iba de una reunión a otra. Pero en la entrevista admitió: “En definitiva, fui yo quien disparó el gatillo. La imagen de él cayendo es algo que nunca podré sacar de mi cabeza. Disparé, y veo a Harry que cae, y fue, debo decirlo, uno de los peores días de mi vida en ese momento”. Sin embargo, y frente a acusaciones de que había tratado de tapar el incidente, declaró que “aún pienso que hice lo correcto”.

El resultado ha sido un desastre de relaciones públicas para la administración Bush, reforzando su reputación por su hermetismo y prepotencia. Por todas las razones equivocadas, Cheney, quizás el vicepresidente más poderoso en la historia de Estados Unidos, se ha convertido en una noticia más grande que su jefe en estos últimos tres días. Muy inusualmente, el episodio creó tensiones visibles entre los edecanes del presidente y el propio personal de Cheney, insistente hasta ayer en que las cosas se hicieran a su manera.

Bajo la mordaz crítica de los corresponsales de la Casa Blanca, Scott McClellan, el vocero del presidente, dejó saber que, de no ser por la insistencia del campo de Cheney, la Casa Blanca hubiera hablado sin demora y más abiertamente sobre el incidente. Marlin Fitzwater, el muy querido vocero de los presidentes Reagan y Bush padre, dijo que estaba horrorizado por cómo se había desarrollado el asunto. “La responsabilidad del manejo de esto, por supuesto, es de Cheney”, le dijo a la revista Editor and Publisher y un racconto completo “hubiera podido salir en dos horas el sábado”. Pero saltó el mediodía siguiente en el sitio web del dueño del rancho donde tuvo lugar la cacería.

La debacle instó especulaciones de que Cheney podría tener que renunciar. Seguramente eso no sucederá, ya que nada sugiere que los disparos hayan sido otra cosa que un accidente –y la culpa de éste estaba siendo dividida ayer entre el vicepresidente, un experimentado cazador, y su no intencionada víctima–. Pero llegó en el peor momento posible, cuando la popularidad de Bush está muy baja, minada por los infinitos conflictos en Irak y la nueva controversia sobre las injustificadas escuchas telefónicas de la supersecreta Agencia de Seguridad Nacional (ASN).


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Dick Cheney explica a su cadena amiga por qué piensa que hizo lo correcto.
Imagen: AFP
 
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