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Zapatero dio la largada electoral al disolver el Parlamento a término

El jefe de gobierno español cumplió al no adelantar la elección, mostrando estabilidad. También muestra firmeza. En estos días, la fiscalía estaría ilegalizando al partido ANV del entorno de ETA.

 Por Oscar Guisoni
desde Madrid

José Luis Rodríguez Zapatero le dio ayer el pistoletazo de salida al proceso electoral que culminará el próximo 9 de marzo con la celebración de elecciones generales, disolviendo oficialmente el Parlamento. El primer ministro socialista agota de esta manera los cuatro años de mandato y lo hace sin haber oído a los que dentro de su propio entorno le aconsejaban que anticipara los comicios al menos unos tres meses, para que no coincidieran con los primeros indicios del fin de la bonanza económica extraordinaria de la que ha gozado durante todo su gobierno.

En España el primer ministro tiene la facultad de disolver las cámaras en el momento en el que lo crea oportuno para convocar a elecciones, un poder que utilizaron a su favor tanto Felipe González como José María Aznar. Zapatero prefirió esperar a que el plazo máximo de cuatro años se cumpliera porque está convencido de que de ese modo da una imagen de estabilidad importante a la hora de convencer a los electores de que lo reelijan para un segundo mandato. El Partido Socialista gobernó durante todo este período sin tener la mayoría absoluta en el Parlamento y sin necesidad de armar un gobierno de coalición, por lo que se vio obligado a realizar alianzas puntuales para lograr la aprobación de la totalidad de las leyes propuestas por el Ejecutivo.

Pero ese activo político corre el riesgo de diluírsele a Zapatero en las manos, acosado por la aparición de los primeros malos datos económicos en mucho tiempo. Ayer, una encuesta realizada por la radio de mayor audiencia nacional, Cadena Ser, le otorgaba al PSOE una intención de voto del 43 por ciento, apenas tres puntos por encima del Partido Popular, que conseguiría un 40 por ciento. La distancia entre ambas fuerzas políticas hace apenas un mes era de siete puntos porcentuales a favor de los socialistas.

Pero no todos son malos pronósticos para Rodríguez Zapatero. Según filtraciones publicadas por la prensa local el pasado domingo, la Fiscalía Nacional terminará de reunir esta semana las pruebas para pedir la ilegalización de Alianza Nacionalista Vasca, el partido que utiliza habitualmente el entorno político de ETA para participar en las elecciones.

El conservador Partido Popular les había pedido ya en varias ocasiones a los socialistas que procedieran a eliminar del mapa electoral a ANV, pero el gobierno prefirió dejar que el tema lo resolviera la Justicia. Ahora el PP sabe que un eventual dictamen a favor de la ilegalización de ANV le vendrá como anillo al dedo al PSOE cuando faltan menos de dos meses para las elecciones y se ha apresurado de tachar la medida de electoralista. Para Zapatero, sin embargo, es la oportunidad que estaba esperando de demostrar que se mantiene firme frente a la rama política del independentismo vasco, una firmeza que el PP ha puesto en duda a partir del momento en el que acabó la tregua con ETA.

El gobierno se está viendo también favorecido por la opinión pública en su agria disputa con parte de la jerarquía católica que llegó a convocar una multitudinaria manifestación el pasado 30 de diciembre, con intervención en directo del Papa incluida, en la que criticó la legislación socialista que instauró el matrimonio homosexual y simplificó los trámites de divorcio. En un mitin realizado el pasado domingo en la ciudad de Valencia, Zapatero reivindicó la libertad individual a la hora de elegir cómo conformar una familia, mientras que un gran número de dirigentes de segunda línea del PSOE ha atacado a la Iglesia con dureza durante las últimas dos semanas. El sondeo de la Cadena Ser publicado ayer afirma que el 46 por ciento de los españoles cree que el gobierno ha respondido bien a los obispos y un 65 por ciento considera incorrecta la postura eclesiástica.

De todas formas, Zapatero es consciente de las dificultades que tiene por delante para ganar las elecciones y ha decidido dar una clara señal a la izquierda en la composición de las listas de candidatos a diputados presentadas a final de la pasada semana. En ellas no sólo aparece un gran número de referentes importantes de este sector que amenaza con no concurrir a votar si los socialistas presentan una propuesta demasiado light, sino que además ha sorprendido por el gran número de mujeres –el 49 por ciento– y por la inclusión de un 40 por ciento de personalidades nuevas en los principales puestos de las listas. El PP hará público recién el próximo jueves quiénes serán sus candidatos, develando por fin si el sector más centrista del partido, encarnado por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, estará presente en la oferta electoral del partido. Haciendo gala de un autoritarismo sin precedentes, Rajoy ha decidido dar a conocer los nombres de los candidatos el mismo jueves por la noche para evitar que los sectores que se oponen a Gallardón establezcan una pulseada con la dirección nacional del PP que termine por empañar sus posibilidades de ganar las elecciones.

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El gobernante socialista anunció ayer que disolvía el Parlamento para convocar a elecciones en marzo.
 
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