EL MUNDO

La sangre volvió a Pakistán

Los chiítas de Pakistán, donde son una minoría, fueron víctimas del mismo tipo de atentado que en Irak. Hubo al menos 41 muertos.

Por Alexia Torres *
Desde Nueva Delhi

Al menos 41 víctimas mortales y 150 personas heridas graves es el balance de un atentado llevado a cabo ayer contra una procesión de musulmanes chiítas en Quetta, cerca de la frontera con Afganistán. El ataque se produjo contra una procesión de miles de fieles, que celebraban el día más importante del culto chiíta, llamado “Achura”, el día que recuerda el martirio en el siglo VI del Imán Hussein, nieto del profeta Mahoma. El número de muertos podría aumentar en las próximas horas, según declaraciones de médicos que atienden a los heridos en los hospitales civiles de la zona paquistaní.
Cuando los fieles esperaban en un cruce céntrico de la ciudad, una explosión seguida de una ola de disparos sembró el caos entre la multitud. En un primer momento los heridos fueron llevados a la mezquita o a domicilios particulares y poco a poco trasladados a los centros sanitarios. El atentado provocó la furia de algunos chiítas, que incendiaron tiendas, bloquearon calles con la quema de neumáticos y atacaron una estación de televisión.
Después de dispersar a los autores de los disturbios con gases lacrimógenos, se impuso el toque de queda, con el despliegue de soldados y paramilitares. Con todo, la situación en la zona sigue siendo tensa. El gobierno paquistaní había reforzado las medidas de seguridad con motivo de esta fiesta religiosa, para prevenir incidentes violentos entre la mayoría sunnita y el grupo minoritario chiíta, que suma un 20 por ciento de la población de los 150 millones de habitantes de Pakistán, de abrumadora mayoría musulmana.
El presidente paquistaní, Pervez Musharraf, condenó el ataque y encargó a las autoridades responsables tomar las medidas necesarias para llevar a los culpables ante la Justicia. Según el ministro de Información paquistaní, varias personas fueron detenidas, aunque no especificó las motivaciones ni la naturaleza de los retenidos. “Es un atentado interconfesional y las detenciones se han efectuado en este sentido”, señaló. En la región del Punjab paquistaní, a 160 kilómetros al este de Islamabad, dos personas, un chiíta y un sunnita han muerto y otras 40 personas han resultado heridas por causa de un enfrentamiento entre las dos comunidades religiosas.
Ningún grupo ha reivindicado el ataque de Quetta, pero los enfrentamientos religiosos entre los seguidores de las dos distintas ramas del Islam han sido una constante en Pakistán desde comienzos de la década de los ‘90, cobrándose las vidas de cientos de ciudadanos. Aunque la convivencia entre la población suele ser pacífica, la actuación de sectores extremistas está haciendo de Pakistán el lugar donde los enfrentamientos entre ambas partes alcanza mayor violencia, sobre todo después del 11 de septiembre y la expulsión de los talibanes de Afganistán. La minoritaria comunidad chiíta, la que más sufre los atentados selectivos, ha denunciado varias veces sentirse desamparada por el Estado.
En julio pasado, 50 murieron como consecuencia de un ataque suicida llevado a cabo por tres hombres armados de ametralladoras y granadas, que se lanzaron contra una mezquita chiíta de Quetta, un atentado atribuido al grupo integrista sunnita Lashkar-e-Jhangvi. La mayoría de las víctimas eran chiítas de la etnia hazara, que aunque llevan viviendo en la región varias generaciones, son originarios de Afganistán.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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