EL PAíS › EL DIA EN QUE EL GOBIERNO MOSTRO SU ROMANCE CON LA CGT UNIFICADA

Brazos abiertos para el nuevo socio

Kirchner recibió a Susana Rueda. Los ministros de Salud y de Trabajo hicieron lo propio con otros dirigentes y le prometieron evaluar la chance de aportar dinero a las obras sociales para dar cobertura a desocupados. De Vido con Moyano.

 Por Diego Schurman

Seguramente existen diversas maneras de interpretar el rapto de amor entre el Gobierno y la CGT unificada. Pero hay una obligada, ya que la coyuntura la vuelve harto evidente: la necesidad de Néstor Kirchner de ampliar su base de sustento apoyándose en los cimientos del peronismo clásico. En ese marco se entendió ayer la política de puertas abiertas con la conducción cegetista, que también ve una oportunidad inmejorable para reposicionarse luego de un largo año de ostracismo. Y así lo dejó entrever en el raid de encuentros que incluyó a tres ministros, al propio Presidente y, como si fuera poco, a su socio irremediable Eduardo Duhalde.
El acercamiento de Kirchner con este extraño mix de sindicalismo ortodoxo y empresario aparece así como una movida que excede aquella especulación inicial de eclipsar a los piqueteros. Conforma ese “giro táctico” de volver al partido, a los interlocutores tradicionales, a llevar tranquilidad interna al justicialismo y, aunque el kirchnerismo lo niega, a garantizar la gobernabilidad.
La posibilidad de ofrecer una cobertura de salud a los desocupados –un acuerdo por el cual la CGT pone sus obras sociales y el Gobierno el financiamiento de las cápitas– también va en ese sentido. Los ministros Ginés González García, de Salud, y Carlos Tomada, de Trabajo –que se reunieron ayer con los sindicalistas–, habilitarán una comisión para analizar el tema.
La idea es que los desocupados que deseen vuelvan a su obra social de origen. El Gobierno lo presenta como un modelo de inclusión, pero evita abundar sobre otro significado político de la jugada: desplaza de la interlocución a piqueteros y hasta a la CTA de Víctor De Gennaro, que, en un caso por esencia y el otro por decisión, incluyen en sus estructuras a los propios desocupados.
Ante Ginés y Tomada, los sindicalistas no se privaron de loar la iniciativa, además de sugerir otras propias para incorporar al Plan Federal de Salud. Aunque tampoco perdieron tiempo: reclamaron la liberación de fondos para afrontar en sus obras sociales los tratamientos de “alta complejidad” (como los trasplantes) y realizar prestaciones especiales.
El diez por ciento del total de los aportes que hacen empleadores y trabajadores queda en una cuenta de la AFIP. Ese dinero es para prestaciones especiales o socorrer las obras sociales con problemas económicos, con las formas de subsidios no retornables. O sea, un dinero discrecional –que la AFIP liberaba a la Superintendencia de Salud– del que solía hacer uso el menemismo para disciplinar a la tropa sindical.
“Queremos que el Gobierno redistribuya ese dinero porque las atenciones se han encarecido”, aseveró anoche a Página/12 el titular de la Unión Tranviaria Automotor, Juan Manuel Palacios.
Ginés, quien ha hecho buenas migas con el “gordo” Carlos West Ocampo, el jefe de sanidad que llevó a Susana Rueda a la conducción tripartita de la CGT, no dijo ni sí ni no a nada. Aunque hubo sobradas fotos y gestos animados. Algunos antecedente colaboraron a tanta buena voluntad de las partes: por ejemplo, la decisión oficial de incorporar a la CGT en los consejos consultivos que deciden el destino de los planes sociales. Al fin, otro cepo a los movimientos piqueteros duros y esta vez con el guiño de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.
Pero hubo más. El Presidente recibió a Rueda y escuchó atentamente el pedido de rehabilitar el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Aníbal Fernández lo evaluaba por la positiva: consideró que al haber una perspectiva de crecimiento se incrementan las demandas y que por lo tanto ese sería un ámbito necesario para “contener” al sindicalismo. El viernes el ministro del Interior será –para confirmar la estrategia de acercamiento de Kirchner con el PJ– el anfitrión de un nuevo encuentro con la CGT.A lo largo de su año y pico de gestión, el Presidente se mostró renuente a las fotos con los jefes de las dos CGT, ahora unificada detrás de un triunvirato que además de Rueda integran Hugo Moyano y José Luis Lingeri. En cambio, no dudó en manifestar simpatía con hombres de la CTA, alejada de la interna peronista, como el líder del Movimiento Nacional Transversal y secretario de Organización, Edgardo Depetri, o el más mediático titular de la Federación de Tierra y Vivienda, Luis D’Elía.
Pero los tiempos que corren parecen haberlo forzado a volver a las fuentes, más allá de que la mayoría de los integrantes de la actual CGT podrían conformar aquello que algunas vez el propio Kirchner denominó como la “vieja política”. Se vienen tiempos electorales, y surge la necesidad de sumar lo más posible. Para unos y para otros. No por nada tras su baño de oficialismo, Moyano –que ayer fue recibido por el ministro Julio De Vido– cruzó el charco y se reunió con Duhalde para hablar de elecciones, del rol del sindicalismo en la actual estructura del PJ y de la alianza estratégica con Kirchner.

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El ministro de Salud, Ginés González García, da la mano a Luis Barrionuevo mientras Juan Zanola pasa.
 
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