SOCIEDAD

Despegue exitoso hacia Mercurio de una misión forrada en dólares

Partió el Messenger
en su viaje de 7900 millones de kilómetros, siete años y medio de duración y 435 millones de dólares de presupuesto. Enviará fotos y análisis químicos del planeta. Concluirá en marzo de 2012.

 Por Horacio Cecchi

Hora: 06H16GMT bip. Cape Cañaveral, Florida, USA bip bip. Delta II bip bip bip despegue exitoso bip hurra! Sonda Messenger bip bip. Target: Mercurio. Pasaron los nubarrones que colgaban amenazando con una tormenta tropical y el Messenger partió. Sí, partió entre los alborozados gritos y el trance de euforia al que nos tienen acostumbrados los muchachos de la NASA, cada vez que mandan al espacio un tubo impulsado con un lanzallamas y con millones de dólares en su interior. Para el caso, el Messenger vuela con los 435 millones que demandó el programa dispersos entre su aparataje de ultimísima generación y poco más de media tonelada de combustible. Según los especialistas de la NASA, ya vuela en dirección a Mercurio. Menuda tarea: hoy llevará cumplido apenas un dedal de los 7900 millones de kilómetros por recorrer antes de finalizar su misión, en marzo de 2012. Cosa que hará, como el mejor monumento a la cultura del descarte y la chatarra, estrellado contra su objetivo junto con sus 435 millones de dólares. Bip.
Mercurio no es, lo que se dice, un bonito espacio de fin de semana ni mucho menos. Según aseguran los expertos, es el planeta con mayor amplitud térmica del sistema solar: la friolera de 662º grados de temperatura de diferencia entre el día (450ºC) y la noche (212º grados bajo cero). Entre sus particularidades destaca su pequeñez. Tiene 4880 kilómetros de diámetro, apenas 400 más que la distancia que separa, por ruta, a la helada Ushuaia de Posadas, la caliente.
No sólo eso. La jornada mercuriana, además de ardiente y gélida, es inagotable, latosa, drásticamente insufrible: a Mercurio le lleva 59 días terrestres dar una vuelta sobre sí mismo, dos meses terráqueos para alcanzar un nuevo día y que el ominoso Sol que está a la vuelta de la esquina comience su proceso de bronceado rápido. ¿Podrá creerse? La explicación científica es que Mercurio gira sobre su propio eje a razón de 10 kilómetros por hora terrestre. En comparación con la Tierra, es 150 veces más lento. Sin embargo, Mercurio tarda 88 días terrestres en dar la vuelta al Sol, con lo que el año del planetita rojo dura poco menos que dos días mercurianos. Habrase visto. Semejante locura esquizoide, tanta complejidad horaria sin sentido, tamaña diferencia en la columna de mercurio y tan horrible paisaje (los que saben están convencidos de que es pura piedra gris y aburrida) sólo aseguran momentáneamente que Mercurio no será territorio de resorts ni condominios.
Para los expertos de la NASA, Mercurio es una fuente de preguntas. Preguntas que brotan al ritmo de los dólares del presupuesto que apruebe el Senado. Se sabe que tras varias décadas de estar en la luna, la NASA comprendió que corría serios riesgos de desaparecer por costosa (nadie crea que sus presupuestos iban a ser destinados a comida para los marginados del Harlem) y comenzó su defensa con un buen ataque. Primero apuntó a Marte. Está en pleno trance. Pero ahora extendió su pasaje hasta Mercurio, o sea, sobrevivencia asegurada hasta el 2012. Siete años y medio. En Estados Unidos, padre del descarte, la chatarra y la idea del fin de la historia, siete años y medio de proyectos firmes y dinero embolsado no son moco de pavo.
Como se dijo, con los dólares la materia gris trabaja y la curiosidad aparece con la forma de preguntas: cómo es posible (how it’s possible?) que el planeta más caliente tenga lo que los expertos entienden que es hielo, en sus polos. La hipótesis científica predominante es que al hielo mercurial se lo encuentra en profundos cráteres a los que no llega la luz del Sol, y por lo tanto tampoco su calor de infierno, con el mismo y terrenal efecto de congelamiento que sufre un alimento colocado dentro del freezer aunque éste se encuentre al lado del horno. Otra cuestión: lo del frío está OK (it’s all right). Pero, por más frío que haga, siguiendo el teorema cartesiano, si no hay agua no habrá hielo. Pregunta: ¿quién le habrá puesto H2O? Según la hipótesis, seguro que fue un par de cometas antediluvianos que se estrellaron en los polos y, como sabe hasta un niño en edad preescolar, un cometa, además de roca y polvo, es una bola de agua congelada. Los expertos están casi convencidos de que Mercurio tiene un núcleo de hierro sólido en torno del cual suponen que se mueven inmensas e inimaginables masas de metales líquidos.
También se preguntan sobre la fuerza que alcanza el formidable campo magnético del planetita, sobre el núcleo de hierro al que consideran desproporcionadamente grande (aseguran que corresponde al 60 por ciento de su masa total), sobre la constitución básica de su superficie, sobre la química del suelo, sobre la atmósfera casi inexistente, sobre el proceso que llevó a la formación de Mercurio. En definitiva, según dejaron entrever los directivos del programa, “las respuestas a estas preguntas nos dirán no sólo más cosas sobre Mercurio, sino sobre el proceso que sufrieron todos los planetas rocosos”. Básicamente, éste viene a ser el motivo de existencia del Messenger.
Mercurio es, además de tanta pregunta, un viejo y no olvidado target de la NASA. Se le había escurrido hace 30 años, cuando el Mariner X dio tres vueltas a su alrededor fotografiando casi la mitad de la superficie. Bueno, la otra más de la mitad es lo que va a buscar Messi. Cómo hacerlo es una de las preguntas que ya tuvo respuesta para la NASA: el cohete Delta II despegó ayer y a los pocos minutos ya se había desprendido de una parte descartable. Cuando usted haya concluido esta nota, Messi estará varios cientos de miles de kilómetros más lejos. Dará 15 vueltas alrededor del Sol; la primera rodeando la Tierra; otras dos por Venus y las tres últimas por Mercurio, estimadas con precisión en enero y octubre de 2008 y septiembre de 2009. En marzo de 2011 se calcula que terminará dentro de la órbita del planeta. A partir de allí, sus siete aparatos de alta precisión comenzarán a medir todo. Tiene un año para cumplir esta última fase del recorrido.
Después, en marzo de 2012, Messi, de 500 kilos de peso y del tamaño de una heladera de lo más doméstica, será guiada hacia su tumba, a estrellarse contra el planetita que tanto estudió, a convertirse en chatarra inútil y costosa entre hurras, vítores (quizás alguna emotiva lágrima) de aprobación de los NASA boys que, para entonces, estarán encarando su nueva y más difícil misión: volver a convencer a los Senado boys de que les entreguen otra remesa de verdes.

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El Delta II acaba de iniciar el despegue.
 
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