EL PAíS › PERCEVAL, OCAÑA, VACA NARVAJA Y DI TULLIO

Las generalas K

Defienden con uñas y dientes el proyecto de Néstor Kirchner. Admiran a Cristina y acaban de crear un movimiento de mujeres que se propone incidir en la agenda pública. ¿Su inspiración? Eva Perón.

 Por Diego Schurman

Son integrantes del flamante Movimiento de Mujeres Evita. Y por eso no debería extrañar que la cita con Página/12 haya sido en el bar temático El General. Pero la convocatoria de María Cristina Perceval, Graciela Ocaña, Patricia Vaca Narvaja y Juliana Di Tullio pretende ser amplia. Y el objetivo inequívoco: que las mujeres participen en la confección de la agenda pública.
Cuentan con la bendición de Néstor Kirchner y reivindican el papel de su esposa Cristina, a quien apoyan abiertamente en su candidatura por ser la expresión más fiel del nuevo proyecto nacional. Pero se resisten a ser presentadas como “las cristinistas”. Cada una tiene su propia historia de militancia, y hoy ostentan cargos clave en la estructura oficial.
Perceval es presidenta de la Comisión de Defensa en la Cámara de Senadores y se la menciona como sucesora de José Pampuro en el Ministerio de Defensa. Ocaña es titular del PAMI y candidata a senadora nacional suplente en la provincia de Buenos Aires. Vaca Narvaja es subsecretaria de Defensa del Consumidor y candidata a diputada nacional en Córdoba. Y Di Tullio es representante especial para temas de la mujer de la Cancillería y candidata a diputada nacional en la provincia de Buenos Aires.
–¿Con qué fin crearon el Movimiento de Mujeres Evita?
Di Tullio: –Para defender con fuerza el proyecto del presidente Kirchner. Pero no es una sumatoria de mujeres con fuerza sino una fuerza de mujeres (se ríe). El movimiento es un canal de expresión para los que tenemos vocación política, las organizaciones sociales, las no gubernamentales, las de derechos humanos...
–¿Por qué un movimiento limitado a las mujeres?
Ocaña: –Las mujeres han sido parte de los grandes movimientos sociales y políticos de la Argentina desde los ‘70 para acá. Y nosotras creemos que con la llegada de Kir-chner hay una nueva perspectiva para las mujeres, hay un quiebre respecto a la vieja Argentina del 2001 y queremos reanimar a las mujeres para que participen en la decisión de las políticas públicas.
–¿Cómo se transforma esta prédica en hechos concretos?
Perceval: –Con mucho trabajo, compromiso y entusiasmo. Ya hemos recorrido algunas provincias, no convocando, porque no tenemos semejante soberbia, sino compartiendo. Como se había privatizado la utopía y la voluntad de participar, estos encuentros son para construir una red social y política. Queremos incidir en la agenda pública. Pensar la pobreza no es un paper de un organismo externo, es la realidad cotidiana de un millón de mujeres de Argentina.
–La calle, al menos en la protesta gremial, ha sido hasta hace unos años exclusiva de los hombres.
O.: –Pero hay otros casos, como el de Madres de Plaza de Mayo, María Soledad, las Madres del Dolor...
P.: –Sin desvalorizar a los varones, porque tampoco andamos en el auto apartheid mujeril, sus manifestaciones generalmente han sido corporativas y para negociar. En cambio, cuando las mujeres ganaron las calles no fue para negociar: fue para poner en la voz ciudadana plena justicia.
–Hay mucha presencia femenina en los movimientos piqueteros...
P.: –No les tenemos asco a las piqueteras, al contrario. Tenemos una responsabilidad de inclusión y por eso trabajamos con ellas. Mientras el hambre se universalizaba, ellas abrían comedores comunitarios.
O.: –Cuando el hombre perdió el trabajo, y en muchos casos al verse frustrado no salía de su casa, fue la mujer la que se hizo cargo. No sólo saliendo a buscar trabajo sino formando parte de distintos movimientos.
Vaca Narvaja: –Como parte del movimiento de defensa de los derechos de ciudadanos consumidores diría que más del 60 por ciento de los reclamos lo llevan adelante las mujeres. Son las que ponen la cara, las que se animan mucho más que los hombres. Lo que sucede es que eso no se traduce en conducción, que siempre queda en manos de hombres. Y eso tiene que ver con la dificultad de los múltiples roles que deben cumplir las mujeres, quienes además de ser sustento laboral y militantes sociales se ocupan de las tareas de la casa. Por eso acá le ofrecemos un lugar de encuentro.
P.: –Es bueno tener memoria. Mientras los aparatos sindicales se ocupaban de la entrega, banelquizando el Senado y flexibilizando el trabajo, las mujeres fueron inventoras de trabajo. Las microemprendedoras, que por ahí eran mujeres de alto nivel educativo y calificación laboral, encontraron salidas creativas para enfrentar la crisis económica, social y cultural que vivían sus familias. Eran tiempos en los que cínicamente un ex ministro, que ha vuelto con igual calvicie y las mismas mañas, decía que estaba tan atractivo el mercado laboral que las mujeres habíamos salido a buscar trabajo. Pero la mayoría de las mujeres no transaron.
–¿La mayoría de los hombres sí?
P.: –... con el excepticismo y la desesperanza. Las mujeres, por un compromiso por la vida, no transamos con la desesperanza. En esta etapa, en la que vuelve a tener valor la palabra y la dignidad, las mujeres tienen una enorme oportunidad. Ni en octubre ni hacia adelante sólo se eligen candidatos de listas, lo que se define es qué Argentina queremos.
D. T.: –Las mujeres que no dejan sus convicciones de lado, como es el caso de Cristina, no se masculinizan políticamente, sino que es una característica muy femenina llevar sus ideas hasta las últimas consecuencias.
–¿Son cristinistas?
D. T.: –(Se ríen.) Los “istas” es lo peor que le ha pasado a la Argentina. Kirchner sin duda es la cabeza de este proyecto y Cristina es sin duda su mejor expresión. Por eso apoyamos decididamente su candidatura.
–Las últimas mujeres fuertes de la política no parecen ser aquello que ustedes pregonan. María Julia Alsogaray es un ejemplo.
P.: –María Julia no representaba utopías sociales sino intereses corporativos. Fue una pieza clave de los intereses financieros, de un gobierno que entregó el Estado a las corporaciones. No todas las mujeres son iguales. Kirchner convocó a mujeres que no están en el toma y daca.
–O sea... ¿ustedes?
P.: –Mire, se puede silenciar al pueblo con planes asistenciales. Ahora, promover y provocar el debate social sobre los derechos que nos merecemos, es otra actitud ante la sociedad. No es poco que estemos promoviendo las demandas de las mujeres. En el norte las mujeres no sólo piensan cómo mejoran sus ingresos y encontrar trabajo decente sino también cómo se combate la trata de mujeres y niños, que es un flagelo que nos importa y nos convoca. Lo mismo la violencia intrafamiliar.
–¿Las cuatro son candidatas no?
P.: –Tres, yo no los soy.
–¿No es candidata a ministra de Defensa?
P.: –(Se ríe.) No existen las candidaturas a ministerios.
–¿Pero va a ser ministra o no?
P.: –El gabinete es decisión exclusiva del presidente Kirchner.
–¿Le gustaría ser o no?
P.: –Me parece que las mujeres que han liderado ese ministerio en otros países, como Michelle Bachelet en Chile, aportaron una visión muy enriquecedora. Ningún lugar tiene que ser ajeno a las mujeres.
–En mi barrio eso es un “sí”.
P.: –...
–¿El movimiento pondrá énfasis en temas puntuales en el Congreso?
D. T.: –Se tiene que debatir la brecha salarial de mujeres y hombres. A igual trabajo no hay igual remuneración: las mujeres ganan casi un 37 por ciento menos. Hay muchas mujeres, que por la situación social hoy son jefas de hogar, y si estas mujeres cobran un 37 por ciento menos y, además, como está comprobado, son las que mejor distribuyen el ingreso entre todos los miembros de la familia, las familias donde hay jefatura de mujeres ganan menos.
V. N.: –Una aclaración: no sólo vamos a estar vinculadas a las actividades en el Congreso. No hay una agenda restringida. Estamos hablando del potencial aporte de las mujeres en distintos ámbitos: economía, educación, salud, incluso temas que no son únicamente femeninos.
–¿Sufrieron en carne propia la discriminación?
V. N.: –Sí, el tema de los horarios son terribles. Cuando los chicos eran más chicos, y tenía una pareja que también hacía política, las reuniones eran imposibles.
P.: –En el Senado las mujeres no teníamos baño. Los legisladores adaptaron una vieja canción estudiantil: “El na-cio-nal, congreso de varones, el na-cio-nal no entran maricones”. Son las discriminaciones de los espacios. Pero hay otras. Hace poco debatíamos un proyecto de ley que había presentado sobre la reconstrucción de mamas para aquellas mujeres que, operadas de cáncer de mama, han tenido una mastectomía. Numerosos países han reconocido el derecho de una cirugía plástica reconstructiva. Y no sólo por una dimensión estética sino también psicológica. Cuando empecé a fundamentar el proyecto, fue una de las pocas veces –la otra fue cuando derogamos las leyes de obediencia debida y punto final –que se me llenaron de lágrimas los ojos. ¿Sabe qué me decían?: “Eh, las mujeres vienen por todo. No sólo la salud reproductiva, también las lolas”.
O.: –Hay una discriminación particular, que se da con aquellas mujeres que han sido incorporadas a una lista para cumplir con el cupo femenino pero que no llegaron por su militancia. Eso denigra.
–¿No se corre el riesgo, con el cupo femenino, de autodiscriminarse?
O.: –Yo era una lírica de eso, hasta que empecé a militar en política. El cupo es una garantía mínima de participación. La mujer aporta un estilo, que no es histeria sino pasión, a las discusiones. Las mujeres crean alianzas interpartidarias para defensa de temas, que por ahí los varones no lo hacen. Ojalá que en algún momento el cupo no sea necesario y que la mujeres tengan una representación natural.
D. T.: –Es lo que nosotros llamamos discriminación positiva. La lucha para el cupo en las lista es del movimiento de mujeres. Cuando escucho debatir sobre el cupo escucho a los hombres. A las mujeres nos ha garantizado el acceso a la participación política efectiva. Hubo una superación. El Senado tiene un 43 por ciento de mujeres y Diputados casi un 36.
–Exceptuando a Evita, ¿se referencian en alguna mujer?
D. T.: –Para las mujeres que son parte de este proyecto, Cristina es una expresión importante. Pero también las mujeres que tienen menos oportunidades. Queremos refrescar este paso histórico que dio Evita de llevar a las mujeres de la lucha privada a la pública.
V. N.: –Esto es una propuesta de construcción colectiva. Queremos que haya muchas mujeres, no importa el partido. No queremos el personalismo, la atomización, la salvación individual. Somos la contracara de eso.

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María Cristina Perceval, Graciela Ocaña, Juliana Di Tullio y Patricia Vaca Narvaja.
 
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