EL PAíS › PANORAMA POLITICO

COTILLON

 Por J. M. Pasquini Durán

El tronco peronista sigue floreciendo ramas que se presentan como si fueran una especie nueva, tal como acaba de pasar con Roberto Lavagna, un economista que viene de servir a dos presidentes del mismo origen, pese a que brotaron en distintas direcciones. Por lo pronto, Raúl Alfonsín lo alienta como si fuera propio y también Eduardo Duhalde lo sigue de cerca desde su platea en el Mundial de Alemania. Ambos, según parece, al fin encontraron un madero para aferrarse después del naufragio, aunque ninguno de los dos hoy puede ofrecerle a ningún postulante los recursos que disponían antaño. Mauricio Macri dejó de dudar entre ocupar la Casa Rosada o dedicarse a la intendencia o entre ir de la mano del gobernador neuquino o del bulldog bonaerense y se proclamó aspirante por el PRO a la sucesión de Néstor Kirchner. Elisa Carrió ya lo tenía decidido, de manera que lo único que debió aclarar es que su partido, el ARI, irá solo, sin acuerdos ni alianzas, hacia la derrota o la victoria. El alcalde Jorge Telerman desacomodó su gabinete “para mejorar la gestión”, pero los relevos lo acercaron a la novedad, al menos como imagen pública, no tanto porque ésa fuera su decisión sino porque los cambios provocaron fastidio en los salones del Ejecutivo nacional. Y una bandada de comentarios y especulaciones de la derecha antiperonista aletea sobre el rumbo del ex ministro de Economía quien, por su lado, empezó a renegar de su empleo con Kirchner y, lo mismo que en su momento hizo Cavallo con Menem, trata de explicar que le corresponde la patria potestad de la recuperación económica ya que, según sus cuentas, se había gestado antes de que llegara el actual Presidente, o sea cuando Lavagna trabajaba para Duhalde.

Aparte del refrán –“no hay peor astilla que la del mismo palo”–, es conocido que para el Poder Ejecutivo no hay enemigo chico, de manera que las voces del oficialismo hicieron coro para criticar la conducta actual del ex ministro que perdió su cargo, como él mismo lo recordó estos días, porque lo renunciaron una vez que estaba terminada la renegociación de la deuda. Quienes trataron de conocer la reacción del Presidente aseguran que su primera impresión indica que con Lavagna en competencia la oposición se atomizará aún más. Otros altos niveles del Gobierno piensan que tal candidatura podría restarles votos al PRO y al ARI antes que al movimiento “K”. En estas mismas líneas de pensamiento, hay confianza en las gestiones reservadas que buscan acercar a gobernadores e intendentes de la UCR, sin que renieguen de su identidad partidaria, a la versión oficial de la pluralidad. Esas confidencias aseguran que cuando se aplaque la pasión por la Copa de fútbol, puede haber un pronunciamiento en esa dirección de una docena de intendencias de la provincia que supo ser bastión radical durante décadas. Tampoco han cesado las expectativas de un acercamiento socialista, pese a que falló el intento para nombrar a un funcionario de ese origen, así sea por vía de acuerdos a escalas provinciales.

Cuando se revisan estos entremeses inter o intrapartidarios, es frecuente que el observador se quede con la impresión de que todas las maniobras forman parte del cotillón electoral, pero que nada de todo ese barullo influirá en los asuntos nacionales más serios, que siguen siendo los que afectan el trabajo y la vida de las mayorías: el empleo, el salario, la educación, la salud, la seguridad y la justicia, para mencionar los más sobresalientes. Es notable, por ejemplo, la indiferencia que merece de la dirigencia política la protesta de los aborígenes del Chaco que están acampando frente a la gobernación de la provincia en demanda de tierras que les pertenecen, pese a que los noticieros de la TV lo registran a diario, pero debe ser porque no influyen en las encuestas o son pocos votos. ¿Esperan que usen la violencia como pasó en Brasil para calificarlos después de vándalos? Más aún: cuando se procuran respuestas para garantizar la redistribución equitativa de los ingresos o la reforma del sistema tributario según el principio de que paga más el que más tiene o una revisión crítica de los fondos privados de jubilación, son muy escasas las posibilidades de traspasar los límites de la retórica o de encontrar una variedad de propuestas diferentes. Los dirigentes del ARI, por citar un caso de oposición absoluta ya que califican la gestión gubernamental de usar prácticas corruptas, suelen afirmar que los mejores logros del kirchnerismo han sido copiados de su plataforma programática. Cuando Lavagna ahora critica los subsidios oficiales o la concesión de obras públicas, ¿quiere decir que empezaron recién después de que perdió la poltrona oficial o pasaban en los tres años anteriores y él es un arrepentido como Pontaquarto?

Para no ir más lejos, ahí está el tema militar. Voceros de la oposición criticaron el discurso presidencial en el que afirmó “no les tengo miedo,” refiriéndose a los promotores del acto de plaza San Martín en el que se reivindicó la dictadura militar con el pretexto de honrar a sus muertos, y también reclamaron que las reformas de las Fuerzas Armadas sean sometidas a la consulta legislativa. Son opiniones válidas, por cierto, pero la ciudadanía necesita más para formar opinión, ya que son desconocidas otras propuestas, distintas a la del Ministerio de Defensa, para realizar esa indispensable reorganización. Han pasado tres décadas desde marzo de 1976 y el próximo año se cumplirá un cuarto de siglo desde los combates en Malvinas, lo que significa que las promociones últimas, de subteniente a capitán por mencionar los grados del Ejército, tienen como únicas referencias de esos períodos las versiones contrapuestas de muchos de sus superiores activos o retirados, de un lado, y del otro, las de los defensores civiles de los derechos humanos, pero entre las dos partes se interpone el espíritu de cuerpo, el respeto por la cadena de mandos y la disciplina interna, características distintivas de la cultura castrense. ¿De qué modo se pueden insertar en esa cultura los conceptos de ciudadanía democrática?

¿Cómo elaborar una síntesis histórica si la propia civilidad, demorada en la impostergable búsqueda de verdad y justicia, tampoco tiene una versión acabada de la violencia que ocurrió en aquellos años? A título de referencia, es común que en los resúmenes profesionales elaborados por oficiales superiores puedan encontrarse menciones del tipo: “Artillero combatiente en Malvinas y defensor de La Tablada...”, como conductas equivalentes. Uno de los méritos indiscutibles del actual gobierno es su compromiso con los derechos humanos y su irrestricta condena al terrorismo de Estado, pero sería de un voluntarismo ingenuo suponer que ese compromiso no provoca alguna inquietud en las Fuerzas Armadas, y hasta la curiosidad y el debate, pero en sus círculos cerrados, adonde llegan todavía las voces de plaza San Martín con más nitidez que las de Plaza de Mayo.

Son polémicas que ni siquiera están acabadas en la sociedad civil, y no sólo en la derecha ideológica, donde hay opiniones controvertidas, incluso entre los que aceptan que la Justicia debe condenar los crímenes aberrantes cometidos, pero desean que la tarea quede circunscripta al ámbito de los tribunales y salga de sus vidas personales y de las de sus descendientes. Mucho avanzó la conciencia pública mayoritaria desde la inicial teoría de “los dos demonios” hasta la irrefutable condena del terrorismo de Estado, pero quedan abiertas todavía, entre otras, reflexiones sobre las insurgencias políticas, sus causas y razones, métodos y conductas, errores y desconciertos. Ahora bien: ¿cómo juzgar las conductas de quienes siguen en condición de detenidos.desaparecidos porque la cobardía y la ilegalidad de sus verdugos han procurado desaparecer también la verdad? Cada vez que se intenta abordar estos temas, un interrogante provoca otro en sentido inverso, pero no hay manera de avanzar que no sea desbrozando el camino, encontrando una a una las debidas respuestas. Por lo mismo, la política no puede continuar desinteresada o zafando con frases hechas, cuando no tratando de reconciliar lo inconciliable. El presidente Kirchner tuvo el coraje cívico de hacerse cargo de un honorable compromiso, pero los otros líderes y partidos políticos que se reivindican democráticos y republicanos ya no pueden seguir esquivando sus responsabilidades con civiles y militares, con los muertos y los vivos. Que cada cual ocupe el lugar que prefiera, pero sin tapujos ni disimulos.

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