EL PAíS › CONCERTACION POLITICA Y DISTRIBUCION DEL INGRESO

Lo que vendrá

La concertación presentada esta semana en el Luna Park trastocará el mapa político del país. La fórmula CFK-Cobos es el fin de la UCR, pero también del PJ, aunque no de las identidades peronista y radical. La recuperación del empleo y del ingreso ha llegado a un punto en el que el imprescindible avance adicional requerirá cambios de fondo. Hora de balance para Kirchner y de desafíos para Cristina.

 Por Horacio Verbitsky

En el lanzamiento de la fórmula presidencial que integra con el gobernador mendocino Julio Cobos, CFK exaltó la concertación política y exhortó a reconstruir el sistema de representación partidario. Antes se había proyectado un video en el que frases pronunciadas por distintos líderes políticos componen el discurso único del desarrollismo, popular, integrador y pluralista. En ese diálogo imaginario Juan Perón y Evita recuerdan el vendaval de conflictos y enfrentamientos del pasado, en un país en el que está todo por hacerse. Ricardo Balbín advierte contra la intolerancia y el socialista Alfredo Palacios reclama cohesión para “formar el alma nacional”, que Arturo Illia reclama “menos rígida y más solidaria”. Para que el país se realice en paz sobre la base de la unión de los argentinos que expone Balbín, Perón propone que cada uno sacrifique algo en bien del conjunto e Illia afirma que así se abatirán los obstáculos que impiden el desarrollo. Oscar Alende sirve de hilación entre dos conceptos, Arturo Frondizi postula la construcción de puentes, diques, caminos, oleoductos, usinas y fábricas sobre toda la República, en democracia, justicia y libertad y, luego de imágenes de Hipólito Yrigoyen y Alicia Moreau de Justo, Perón clama: “¡Unanse! ¡Sean hoy más hermanos que nunca!”

Al referirse a los aportes de radicales y peronistas, Cristina Fernández de Kirchner mencionó el significado que las clases medias y los obreros industriales tuvieron en la política argentina. En su primer acto, en La Plata, había propuesto la concertación socio-económica, en el aniversario de Eva Perón, en Berazategui, señaló como su modelo a “la Evita del puño crispado” y durante su último viaje a España planteó la apertura de la Argentina al mundo dentro de una política exterior independiente que no admite presiones para aislar a Hugo Chávez. Completa así un cuadro conceptual, de grandes lineamientos, a partir del cual es de esperar la definición de un plan de gobierno, que vaya más allá de la reivindicación de lo actuado por Néstor Kirchner desde 2003.

Tentativas

También recordó el salto de Balbín sobre la tapia trasera de la casa de Gaspar Campos para reunirse con Perón y lamentó que ese encuentro no haya consolidado un acuerdo político y electoral. Hubiera podido remontarse más atrás, mencionar la apertura que Perón intentó en 1945 hacia el radical Amadeo Sabattini, cuyo rechazo lo indujo a integrar su candidatura presidencial con el correntino Jazmín Hortensio Quijano, que también era radical pero no tenía la misma representatividad. Entonces no quiso Sabattini, en 1973 el caos que era entonces el peronismo rechazó al cuerpo extraño y aquel Perón envejecido terminó por aceptar la alternativa surrealista de Isabel Martínez. Las citas de las grandes tradiciones políticas del país fueron comunes en la oratoria del presidente radical Raúl Alfonsín. Pero esa retórica grandiosa se contrajo en los hechos a un acuerdo con la burocracia sindical más reaccionaria, al designar como ministro de Trabajo a Carlos Alderete. El ex subsecretario Armando Caro Figueroa cuenta que el día de la jura de Alderete, Enrique Nosiglia negoció que los asistentes no cantaran la marcha peronista. Bastó que Alfonsín entrara al Salón Blanco para que comenzaran sus estrofas, con bombo y todo.

En un contexto político distinto, en el Luna Park los asociados radicales también tuvieron que escuchar la marcha, por parte de una mayoría justicialista, pero más que hostilidad hacia ellos fue presión sobre Cristina, a quien llegaron a interrumpir para pedirle que nombrara al peronismo, cuando la candidata se refirió “al partido en el que he militado toda mi vida”. Pero a diferencia de 1946, 1972 o 1987, la concertación política tiene hoy las mejores probabilidades de concretarse y llegar al gobierno. Por otra parte, también la principal fórmula opositora, encabezada por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna tiene su componente radical, con el senador jujeño por la UCR Gerardo Morales.

Autopsia de la UCR

Cobos representa al sector mayoritario de lo que fue el radicalismo: cinco de las seis gobernaciones provinciales que obtuvo la UCR (Mendoza, Río Negro, Catamarca, Santiago del Estero y Corrientes, de las cuales ya revalidó dos, en otras dos el mandato durará hasta 2009 y sólo pondrá en juego Mendoza); dos senadores y cinco diputados nacionales, dotación que incrementará en forma sustancial en octubre; no menos de la mitad de los 400 municipios en manos de radicales (entre ellos algunas tan importantes como San Isidro, Mar del Plata, Vicente López, Neuquén, Santiago del Estero y Río Cuarto); centenares de concejales en todo el país. Frente a este poder territorial la burocracia partidaria que impulsa la candidatura de Lavagna retiene la mayoría de la Convención y del Comité Nacional. En la Convención reunida el año pasado, ese sector reunió a 270 delegados, número que Cobos desdeña, porque la gran mayoría son porteños o bonaerenses, aquellos dos distritos en los cuales la UCR fue más fuerte en el pasado y ha dejado de existir ahora. Hay también unos pocos no alineados, como el senador Rodolfo Terragno, el cómico Nito Artaza y Margarita Stolbizer. Pero también esa representación institucional se modificará dentro de dos meses cuando se cuenten los votos. Una encuesta que en los despachos oficiales se atribuye a Hugo Haime, quien no trabaja para el gobierno, coloca a CFK-Cobos al filo del 50 por ciento de los votos, mientras tres fórmulas disputan con poca diferencia entre ellas el segundo lugar, todas alrededor del 10 por ciento: Blancos y Anulados, Lavagna-Morales y la Coalición Cívica Libertadora de Elisa Carrió. Esto implica el fin de la UCR, cuyo candidato presidencial Leopoldo Moreau obtuvo el 2 por ciento de los sufragios en 2003, pero también el del PJ, que presentó entonces tres candidatos a la presidencia y está dividido hoy en innumerables líneas incapaces de cualquier síntesis. Así lo indica la elección de hoy en La Rioja, donde dos candidatos de origen justicialista se disputarán el privilegio de poner el punto final a la carrera de Carlos Menem, que se inició en el mismo partido. En cambio Alberto Rodríguez Saa, con una gestión más preocupada por lo social que por lo institucional será reelecto en San Luis, donde la concertación entre kirchneristas y radicales ni siquiera consiguió presentar candidaturas. Nada de esto implica la extinción de las identidades culturales que ambos partidos encarnaron. De hecho, nada hay tan radical como Carrió y Ricardo López Murphy, que se fueron del partido hace muchos años, así como han sido vanos los esfuerzos de Kirchner por dejar en penumbras su raigambre peronista. Cobos dijo en el Luna Park que la invitación del kirchnerismo era generosa, porque no necesitaba de ellos. Tal vez no para ganar, pero sí para gobernar con algunos márgenes de autonomía respecto de los poderes constituidos en el peronismo, que resistieron impávidos la paliza electoral de 2005. La Concertación constituye una novedad muy significativa en la morfología política del país que aun no parece haber sido metabolizada por actores y analistas.

Conflictos

El viernes, al anunciar algunos controles no arancelarios a las importaciones industriales asiáticas, Kirchner reunió a representantes de diversas cámaras patronales. Les dijo que la Argentina no tenía fuerza para influir en los mercados mundiales, pero sí para impedir que las burbujas especulativas descuajeringuen su economía, a diferencia de lo que sucedió con las políticas neoliberales; que pese a los vaticinios sobre un apocalipsis energético la economía creció en junio el 8,3 por ciento y la desocupación cayó al 7,8, mientras la inversión sigue superando topes históricos (podría agregarse que con especial acento en equipo durable de producción, con un índice de 159 contra una base 100 en 1993 y un tope previo de 148 en 1998). No se privó de recordar sus advertencias acerca de los fondos especulativos que hoy están colapsando en Estados Unidos y Europa. Algunos de ellos están entre los holdouts que no aceptaron la propuesta oficial de renegociación de la deuda externa y otros intentaron apoderarse de la principal transportista eléctrica del país y, pese a las presiones de la embajada de Estados Unidos, fueron vetados por el gobierno. La sustentabilidad de este esquema no está asegurada si la protección a la industria no es acompañada por condiciones que mejoren el empleo y el ingreso de sus trabajadores.

Representaciones

A diferencia de la convertibilidad, donde la valorización financiera prevalecía, ahora la distribución del ingreso se dirime en la economía real. Más allá de la legítima discusión acerca del modo en que se elaboró el último número sobre desocupación en el caotizado Indec, décima más o menos la reducción del desempleo es un estímulo para las reivindicaciones salariales. Las posibilidades de continuar mejorando los ingresos de los trabajadores por el incremento de la ocupación se reducen y las mejoras distributivas deberán provenir de incrementos en el salario real. Esto no se logrará sin la movilización de los trabajadores. Para mala fortuna política del gobierno, uno de los casos más ríspidos ocurrió en Las Heras, zona petrolera de la provincia presidencial, y terminó en una tragedia, con el asesinato de un policía.

La crisis de representación ostensible en el sistema político no es menos grave en el sindical. Distintas decisiones del Poder Ejecutivo (como la reforma previsional, los incrementos constantes del salario mínimo y del ingreso de los jubilados); de la Corte Suprema de Justicia (que declaró inconstitucional la Ley de Riesgos del Trabajo) y del Congreso (una reforma a la ley de contratos de trabajo protege al trabajador contra cambios unilaterales en las condiciones de trabajo; la modificación a la ley de quiebras devolvió la competencia de los juicios laborales a la justicia del Trabajo, que Menem le había quitado en 1995 para asignársela a los juzgados comerciales donde se tramitan el concurso o la quiebra de la empresa; la ratificación de la Convención Internacional sobre la protección de los trabajadores migratorios y de sus familiares) han ido devolviendo a los trabajadores algunos de los derechos perdidos en las últimas tres décadas. Pero muchos de los proyectos presentados por el abogado de la CGT Héctor Recalde están trabados en alguna de las cámaras del Congreso, porque no hay una presión social organizada que los apoye y, en cambio, sí funciona el lobby patronal para bloquearlos. Sólo Diputados aprobó las modificaciones a la ley de Contrato de Trabajo que restablecen principios básicos derogados en 1976, como la apreciación de las pruebas y las normas en el sentido más favorable al trabajador en caso de duda o de respeto a la dignidad del trabajador en los sistemas de control del personal y de los establecimientos. Y ni siquiera esa Cámara trató los proyectos de ley de riesgos de trabajo, de elevación del piso y derogación del tope en las indemnizaciones por antigüedad o despido, y de irrenunciabilidad de los derechos de los trabajadores.

La sindicalización

La falta de fuerza para empujar a favor de ese reequilibrio de la balanza tiene causas estructurales. Consecuencia del terrorismo de Estado impuesto por el patronato en 1976, del menemismo y de la indolencia y la corrupción de las conducciones sindicales, sólo en el 56 por ciento de las grandes empresas (aquellas con más de 200 trabajadores) hay comisiones internas o delegados. Este porcentaje se reduce con el tamaño del establecimiento: el 27,7 por ciento en las empresas que tienen de 50 a 200 trabajadores y apenas 7,5 por ciento en las de menos de cincuenta. Sólo un tercio de los trabajadores está afiliado a un sindicato y apenas en algo más de la mitad de las empresas hay algún trabajador afiliado. Durante los gobiernos peronistas de hace medio siglo, las comisiones internas fueron centrales en la conformación y movilización del movimiento obrero. Con la garantía de estabilidad, aseguraban que la legislación laboral y los convenios colectivos se aplicaran en cada empresa y mantenían el vínculo entre las bases y el sindicato.

Promesas

Entre quienes hace 48 horas aplaudieron el mensaje proteccionista y heterodoxo de Kirchner había varios conocidos gremialistas patronales que vendieron sus empresas, o que nunca las tuvieron, arquetípicos de la degradación de lo que alguna vez fue la burguesía nacional, siempre ávidos de subsidios y transferencias estatales. Pero además de esos pillastres locuaces, también había representantes de las grandes empresas, que en estos días se están endureciendo en las negociaciones salariales con sus trabajadores. Desde la devaluación, objetaron cualquier aumento salarial superior a los incrementos en la productividad, para no incluir en la puja distributiva las enormes ganancias que extrajeron de sus trabajadores en los periodos anteriores. Ahora que los niveles salariales medidos en dólares se aproximan a los del tiempo del 1=1, y en las grandes empresas ya los han alcanzado, pretenden que los aumentos salariales se limiten a reponer las posiciones perdidas según la inflación vencida y ya no se enganchen con la productividad, que sigue creciendo. El cuadro elaborado por el Area de Economía y Tecnología de Flacso y la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines de la CTA (Fetia) permite medir la pérdida de los asalariados en cada momento. Sobre la sequía de la convertibilidad cayó en 2002 el diluvio de la devaluación: de los 429.553 millones de pesos que los trabajadores perdieron en los últimos quince años, el 60 por ciento ocurrió a partir de 2002. Las tasas impresionantes de crecimiento y la consecuente recuperación del empleo iniciadas en 2003, en especial en la construcción y en la industria, han achicado la distancia entre las curvas de remuneraciones y de productividad. Sin embargo aún es apreciable. Reducirla es una cuestión de primera importancia y requiere tanto de cambios estructurales como de decisiones políticas, como por ejemplo, la pendiente personería jurídica de la CTA. Ése es el más grave incumplimiento de Kirchner a una promesa y lo que haga en los meses que le quedan de mandato incidirá en la valoración histórica de su gobierno, que se aproxima a la hora del balance.

Productividad y salarios: Evolución de la productividad de la economía, los salarios reales y pérdida de los asalariados, 1992-2006 (en NI 1991 = 100 y millones de pesos de 2005)



Pérdida de los asalariados:
1991-2006: 429.553 (100%)
1991 - 2001: 169.697 (39,5%)
2002 - 2006: 259.856 (60,5%)

Fuente: Flacso/Fetia, sobre la base de fuentes oficiales.

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Imagen: Pablo Piovano
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