EL PAIS › GANO CRISTINA KIRCHNER EN PRIMERA VUELTA, SEGUIDA POR ELISA CARRIO Y ROBERTO LAVAGNA

Kirchner, presidenta con “A” final

Cristina Kirchner superó la barrera del 40 por ciento y ganó en primera vuelta. Elisa Carrió ganó en la ciudad de Buenos Aires y salió en segundo lugar con más del 20 por ciento de los votos. Tercero fue Roberto Lavagna, que ganó en Córdoba. Sin Macri, el PRO hizo sapo. Alberto Rodríguez Saá, el más lucido del centroderecha.

 Por Mario Wainfeld

Será presidenta, con “a” final. Cristina Fernández de Kirchner obtuvo la mayoría necesaria y a punto de lograr una diferencia récord respecto de su principal rival, Elisa Carrió. La candidata oficial duplicó, número más o menos, los votos de Néstor Kirchner en 2003, una convalidación tan amplia como anunciada. Su legitimidad y una cómoda mayoría parlamentaria le abren perspectivas de gobernabilidad y le posibilitan el aura necesaria para empezar una nueva etapa. En un cuadro general de marcada disparidad geográfica y social de los apoyos, la senadora se hizo fuerte en el Conurbano Bonaerense, en el NOA, en el NEA, en Mendoza y en “su” Patagonia. Y claudicó o bajó mucho su promedio nacional en Capital, Rosario y Córdoba. Carrió, coronando una hábil y activa campaña, fue segunda, incrementando su caudal con relación a cuatro años atrás. Su desempeño le abre un espacio importante como referencia opositora. Roberto Lavagna y Alberto Rodríguez Saá capturaron porciones no desdeñables del padrón general.La sensación térmica y posiblemente la suma de diputados los dejan a la zaga de Carrió. Daniel Scioli arrasó en Buenos Aires, rebasó a Cristina y consolida un poder propio que habrá que mirar de acá en más. Fue una votación masiva, sobresaltada por denuncias opositoras que, de cualquier manera, no vician el resultado cuyo margen lo hace indiscutible. El pueblo argentino eligió por primera vez una mujer para la Casa Rosada, otra se quedó con la medalla de plata. Son avances progresistas en democracia, en un contexto que da plafond a la continuidad de una gestión a la que pocos atribuían viabilidad en sus inicios.

Con datos provisorios a su cierre, esta nota no consignará cifras precisas, Pero es del caso resaltar que Fernández de Kirchner superó el piso de 40 por ciento de los votos y que su gap con la segunda puede llegar a ser el mayor que obtuviera mandatario alguno desde 1983, el más cercano son los 21 puntos que le sacó Carlos Menem a José Octavio Bordón en 1995.

La postulante oficial obtuvo, siempre redondeando, entre el 25 por ciento y el 70 por ciento según las provincias. Ese abismo diferencial, que sólo registra antecedentes en 2003, es una advertencia sobre la dificultad de interpelar a todos los argentinos con un proyecto común. El trauma también aqueja a la oposición, rotunda en algunas comarcas y pigmea en otras. Lavagna se lució en Córdoba, flaqueó en Capital y Santa Fe. Carrió consteló alto en Capital y Rosario, no figuró en el NOA, estuvo opaca en su Chaco natal.

El Frente para la Victoria (FPV) cotejó con una oposición dividida, que le arrebató tres distritos. Se cimentó en bastiones clásicos del peronismo a los que añadió, por razones evidentes, la Patagonia y Mendoza. Es todo un detalle que se haya llegado a eso tras todas las peripecias que ensayó el Presidente para construir una nueva fuerza política, transversalidad incluida.

La presidenta electa hizo una campaña conservadora, a sabiendas de que iba en pole position. Mantuvo básicamente su patrimonio, acumulado a lo largo del mandato de Kirchner pero los guarismos y ciertos reveses fenomenales (Córdoba el más evidente) sugieren que agregó poco a lo que tenía al arranque.

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El sostén: El soporte popular de Cristina Kirchner son las provincias que vieron resucitar sus economías regionales y los capas más humildes de la sociedad, seguramente las más receptivas a varios pilares del consenso del gobierno: la generación de puestos de trabajo, la consiguiente merma del desempleo, la reducción del universo de la pobreza, la ampliación de la masa jubilatoria. Ratificando lo visto en 2005 o ahondándolo, el punto débil del kirchnerismo fueron los grandes centros urbanos: Capital, Rosario, Córdoba, Mar del Plata. El kirchnerismo deberá reparar que no sólo le cuesta granjearse el aval de “los capitalinos”, sino el de casi todas las urbes populosas. El clivaje alude a imaginarios políticos previos (peronistas vs. no peronistas) pero no sólo a eso. También a diversidad de agendas y demandas entre distintos sectores ciudadanos.

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El paladín: Scioli fue, no más, la nave insignia del voto cristinista. Un container de boletas le da legitimidad hacia afuera y hace crecer su figura dentro del espacio kirchnerista. Si se corrobora que tiene más votos que Fernández de Kirchner todo lo antedicho se potencia.

Es un gobernador con peso propio, con un abanico de relaciones más parecido al peronismo tradicional que al kirchnerismo (Iglesia Católica incluida). Sus potencialidades le abren un abanico de futuros posibles: pueden sustentarlo como una estrella K o como un prospecto de aliado de alguna versión del “peronismo-peronista”.

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Las que suben: Carrió volvió por sus fueros, es hábil y vivaz en campaña. El diseño de la competencia, signada por la ventaja dudosamente descontable de la favorita, incentivaba la búsqueda del voto útil para el segundo puesto. En esa lid, la líder de la Coalición Cívica superó a Lavagna en manejo, en su instalación imaginaria como la más opositora de todos y luego en las encuestas. Premiada en la Capital, el distrito que le es más propicio, queda como una referencia firme de la oposición, pese a sus dos traspiés contra Mauricio Macri: ella misma hace dos años, su aliado Jorge Telerman hace cuatro meses.

Lavagna brilló menos que Carrió en campaña, las encuestas previas y las bocas de urna de ayer le daban fatal. Quedó tercero pero puede seguir en carrera, merced a esa percepción previa que quebró y a un porcentaje no desdeñable.

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El que miraba por tevé: Mauricio Macri observó (y en gran parte fomentó) la licuación de su primacía en Capital. Carrió fue torazo en ese distrito, Ricardo López Murphy hizo sapo y Carlos Melconian rondó el piso.

Terminada la contienda, el Jefe de gobierno recobrará vigencia y poder, aunque no es menor el desagio simbólico que padeció.

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Sí que sos mi Margarita: Margarita Stolbizer reincide en ser grata sorpresa, con poca estructura y magros recursos materiales. Si bien quedó a una distancia sideral de Scioli, su segundo lugar tiene mérito, le da visibilidad y la coloca bien para una construcción futura... por no hablar de la madre de todas las batallas, la interna radical que ya vendrá.

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Los que caen: Jorge Sobisch y Ricardo López Murphy darán tela para cortar en las pocas horas en que se seguirá hablando de ellos. Su cosecha fue patética. Nadie muere en política pero sí hay descenso a primera “B”, ese será su sino que deberán remontar.

En el caso del neuquino valdría la pena calcular cuánto le costó cada voto, un cociente que podría nominarlo para un Guinness. Su provincia le dio la espalda, un tropiezo inmenso que contradice los exorbitantes éxitos de Alberto Rodríguez Saa y Cristina en sus terruños.

En el caso del Bull Dog su oratoria pretenciosa, su vedettismo y el grado de acogida mediática no se compadecen con su real talla, la de un dirigente testimonial, segundón. Y pensar que hace cuatro años fue la locura de muchos... En ese lapso (a puro error y obstinación) dilapidó una pequeña fortuna.

Lo que es el paso del tiempo: Juan Carlos Blumberg, el ingeniero que movía multitudes “ya” no es ingeniero y no convocó casi a ningún elector.

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La galaxia boina blanca: Al cierre de esta nota el justicialista Celso Jaque se encaminaba a la gobernación de Mendoza. Triunfaba sobre César Biffi, radical que representa a la Concertación Plural. Si se confirma ese desenlace, será un sosegate al interior de la coalición de gobierno. mendoza es el terruño de Julio Cobos, un vice que nacería herido. Y fue el primer laboratorio de una fórmula a gobernador de la Concertación. Sería el domicilio de la única derrota de un radical K en su terreno. El gobierno acompañó a las dos listas, la resultante fue fantástica para Cristina, queda por saberse cómo resultará para la construcción política nacional del oficialismo.

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Las bocas (de urna) se inundaron: La restricción a las bocas de urna por tres horas después del cierre de la votación es módica y sensata. No priva a nadie de información esencial, apenas difiere el flujo informativo. La propagación de datos puede inducir a confusión y alterar el escrutinio. No es letal pero fue poco respetuosa la información inmediata propalada por medios electrónicos. Para colmo, no era del todo ajustada mimimizaba un poco a Lavagna.

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Fiscales sin fiscales: Varios dirigentes opositores clamaron formulando denuncias por falta de boletas. El reclamo tuvo notable propagación radial y televisiva. Muy a menudo denunciantes y cronistas parecían ignorar cuáles son las incumbencias de las autoridades nacionales, provinciales y de mesa versus la de los fiscales. Varios de los problemas señalados derivaban de la carencia de fiscales, un karma de fuerzas sin implantación territorial. El fervor aminoró a medida que se conocían las cifras. Las irregularidades deben ser investigadas pero no tuvieron la magnitud que les confirió.

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Sin promesas, suavemente: La vencedora habló en el Hotel Intercontinental. El estilo pareció ser el mensaje. Hizo un discurso sosegado, sin reproches ni matices. Faltaron promesas o señales acerca del rumbo de su inminente gobierno sólo mensajes de transigencia y convocatoria. Kirchner lucía radiante a su lado, más allá de que (o porque) la diferenciación de modales parece empezar a ser un tópico de su sucesora.

No es tarea menuda despojar de sonido y de furia la campaña y sobrevolarla a título de balance. La crispación es la media de los políticos argentinos y cuesta sustraerse a ella. Ayer mismo Carrió asoció a sus votantes con los “ciudadanos libres”, estigmatizando por default a los que optaron por otras boletas. Y aseguró que es la primera vez que una entente de esa estirpe accede al segundo puesto, desmereciendo la trayectoria del Frepaso. Pero si se promedia lo hecho puede concluirse que las vicisitudes de meses sólo tocaron el total de votos de Cristina e influyeron en cómo se distribuyó el resto. El resultado era previsible, como lo han sido en los últimos años los vaivenes de la economía y los más importantes indicadores sociales.

Néstor Kirchner termina su mandato y nadie parece percatarse de que ha dado un paso al costado, pero lo hizo. Arriesgó al proponer a la primera ciudadana y le resultó. Su sucesora arranca con un país más estable, reservas en caja, mayor paz social. Y a la vez tendrá que apelar a instrumentos menos rústicos que los que valieron para enfrentar la emergencia. El purgatorio es menos cálido que el infierno, pero en algún sentido es más endiablado.

Hace un año que se suceden elecciones de todo jaez en la Argentina. El soberano ha mostrado notable versatilidad, según los momentos y las ofertas. Es de buen gusto y de calidad republicana respetar todos y cada uno de esos pronunciamientos, difíciles de sintetizar. Algunos primaron en la “argentina profunda”, otros en los centros urbanos. Ninguno de esos colectivos es ínsitamente mejor que otro, su encanto es ser distintos. La voz de las urnas debería ser acatada por todos los que someten a ella. Y escuchada, especialmente en los casos en que dice “no”.

Lo sustancial del veredicto popular es la decisión que atribuye a cada uno un lugar, eminencia, autoridad, potestades. El pronunciamiento fue claro y amplio, se designaron ganadores y opositores viables, se relegó a otros. Acatar lo que dicen las urnas y comprenderlo es la primera misión de quienes se someten a ellas.


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