EL PAíS › DELEGACIóN EMPRESARIA EN PLAZA DE MAYO

“Nos impiden trabajar”

Industriales textiles, del calzado, metalúrgicos, autopartistas, jugueteros y marroquineros fueron al acto a protestar contra el lockout rural.

 Por David Cufré

“Vos golpeás tu cacerola, yo tengo la olla vacía”, decía el cartel de una de las manifestantes que colmaron ayer la Plaza de Mayo. Detrás suyo, los industriales Alberto Sellaro, presidente de la Cámara del Calzado, y Raúl Zylbersztein, titular de la Cámara de Marroquineros, explicaban las razones de su presencia en el acto. Estaban debajo del palco, junto a otros empresarios que defienden “el modelo” y cuestionan la metodología de protesta de las corporaciones agropecuarias. “Cuando nosotros desaparecíamos en los ’90, hacíamos marchas, conferencias de prensa, protestábamos, pero nunca cortamos la ruta, ni les impedimos trabajar a otros sectores”, cuestionó Sellaro, muy enojado. También asistieron directivos de las cámaras de la indumentaria, de Pro-Tejer, autopartistas (de Elementos de Fricción), jugueteros, del sector de motocicletas y metalúrgicos. Todos dijeron verse afectados por el lockout rural.

“Yo tengo una fábrica en la que procesamos caucho y hierro. No me llegan los insumos, no puedo mandar fletes. Estoy perdiendo plata. A diferencia del campo, a mí no me crece la soja durante la noche. Ellos siguen con toda su actividad productiva, a mí me hacen parar”, cuestionó Francisco Dos Reis, presidente de la Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN), quien firmó una solicitada adhiriendo a la convocatoria del Gobierno. Juan Sisca, director de Apyme, entidad asociada a esa central, también estuvo en la Plaza. Federación Agraria y los transportistas de Catac son miembros de CEEN. “Les pedí a Eduardo Buzzi y a Rubén Agugliaro (presidentes de esas entidades) que nos juntemos. Agugliaro me dijo que sí. Espero que Buzzi saque los pies de donde los tiene y los ponga acá, del lado del campo popular”, reclamó Dos Reis.

A Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Económica de la República Argentina (Cgera), se lo vio aplaudir el discurso de Cristina Fernández. Es dueño de una fábrica de cierres, Lys SA, rubro que a comienzos de la convertibilidad contaba con 18 empresas y que a raíz de la avalancha de importaciones se redujo a sólo dos compañías. “Los del campo se quejan porque no les gusta una medida. A nosotros nos barrieron y nunca bloqueamos un camino. No cortamos todas las rutas del país en defensa de nuestros intereses sin importarnos qué les pasara a los demás”, arremetió, en un argumento compartido por otros industriales. “El gobierno de Menem no sólo nunca nos escuchó sino que tuvimos que soportar que Roque Fernández nos tildara de ineficientes. Decía: ‘Los ineficientes tienen que desaparecer’”, comparó.

Fernández es diputado nacional por el kirchnerismo. También desde abajo del palco, el dirigente señaló a PáginaI12 que su actividad empresaria sufre las consecuencias del lockout. “Mandé mercadería a Brasil y el camión no pudo pasar por los piquetes de la Ruta 14. Tuvo que dar media vuelta. Eso fue en el primer paro. Ahora el mayor problema es que se rompió la cadena de pagos”, describió. Zylbersztein, de la cámara de marroquineros, marcó el mismo inconveniente. “Lo más grave que nos está pasando es que los comerciantes del interior bajaron mucho sus ventas y empezaron los problemas con los cheques, las demoras en los pagos, y eso nos hace bajar el nivel de producción”, advirtió. El empresario afirmó que las restricciones en la venta de hacienda provocó una disminución de la oferta de cueros y, en consecuencia, un aumento de precios. Igual que los demás empresarios consultados, Zylbersztein sostuvo que hay fuertes trabas en la llegada de insumos y en el despacho de fletes.

En el caso de los marroquineros, de más de 200 afiliados a la cámara que había a comienzos de los ‘90 sólo quedaron 25 cuando ese sistema terminó. Hoy son 250. “Nosotros aceptamos las reglas de juego democrático. Nos bancamos que lo reeligieran a Menem sin tomar medidas extremas como lo hace hoy el campo”, protestó. Entre las empresas del rubro que cayeron esos años figuran Primicia (hoy instalada en Brasil), Samsonite, Rosenthal y Carpatos.

En el caso de la industria del juguete, en 1990 había 220 fábricas y a fines de 2001 sobrevivían menos de 50. Se perdieron más de 6 mil puestos de trabajo directos e indirectos. En la actualidad, el sector cuenta con algo más de 100 empresas. Pero ya no están grandes empresas como Yetem (que fabricaba El Estanciero), Jocsa, Plastirama San Luis y Juan Suic.

El rubro textil estuvo representado ayer en la Plaza por Pedro Bergaglio, directivo de Pro-Tejer, Hugo Benyacar de la indumentaria y Oscar Pérez Larumb y Diego Adamosky de otra cámara de indumentaria. Entre 1994 y 2004 desaparecieron 2707 empresas textiles, según datos de los censos económicos del Indec. “Yo dejo de lado el tema de las retenciones. Es cuestión para expertos. Lo que digo es que nosotros en los ’90 padecimos la política económica, pero nos manejamos siempre dentro de las reglas de la democracia”, concluyó Zylbersztein.

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La convocatoria del Gobierno contó con la presencia de industriales y dirigentes del comercio.
Imagen: Gonzalo Martínez
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