EL PAíS › EN LA CASA ROSADA CELEBRARON EL APOYO UNANIME

“Un éxito ciento por ciento”

Por F. C.

“Lo tienen que aprobar, no tienen otra”, avisó por la mañana el presidente Néstor Kirchner en un acto en José C. Paz y un par de horas después en Washington el directorio del FMI le dio la razón. Si bien la aprobación nunca estuvo en duda, lo que era motivo de festejo ayer en la Casa Rosada era el voto unánime de los representantes del G-7, incluyendo al Reino Unido y Japón, a los que se creía partidarios de la abstención. “Ya habíamos dicho que el acuerdo había sido un éxito ciento por ciento y ahora el Fondo nos da la razón”, sostenía un funcionario cercano al Presidente.
Había algo cierto: por lo menos en público, en Gobierno nunca habían mostrado dudas respecto a la aprobación y la correspondiente devolución de los 3100 millones de dólares abonados diez días atrás. Era verdad que Krueger había predicho la restitución en un comunicado que llevaba su firma, pero allí también se aclaraba que quedaba a consideración de la aprobación del directorio del organismo.
Pero, desde ese día, el Gobierno hizo buena letra y aceleró las negociaciones con los acreedores privados, una de las condiciones del acuerdo. “Está todo cumplido”, remarcó ayer temprano Kirchner. Por eso, en la Rosada nadie salió a hablar ni a capitalizar el éxito de la aprobación. “Para nosotros ya estaba cerrado. Los que lo ponían en duda eran de afuera del Gobierno, nunca nosotros”, sostenían.
La sorpresa de ayer no fue tanto la aprobación sino el voto de los países que se habían abstenido en la anterior revisión. Y ahí tallaba el trabajo de convencimiento que hizo el canciller Rafael Bielsa junto con su jefe de asesores Eduardo Valdés y el secretario de Relaciones Económicas, Martín Redrado. Primero convocaron a todos los embajadores de los países que votaron contra Argentina para explicarles la situación del país y la lógica de la renegociación de la deuda.
“Les dijimos que si habían votado a favor de la Argentina en ocasión del blindaje y el megacanje en condiciones mucho más desventajosas, no tenía sentido que ahora lo hicieran en contra cuando no les estamos pidiendo ni un dólar de préstamo”, explicaba uno de los negociadores que formaron un equipo junto a los funcionarios de Economía.
Bielsa convenció personalmente en Roma a los funcionarios de Silvio Berlusconi de las razones argentinas, lo que significó un quiebre del frente abstencionista: hasta ahí, Italia había estado entre los más duros opositores a la estrategia del gobierno de Kirchner. Otro de los duros era Japón. Allí Bielsa utilizó un arma más heterodoxa que hasta ayer no se sabía ni había tenido efecto: cuando fue a Tokio en su gira asiática les pidió perdón a los inversores japoneses.

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