ESPECTáCULOS › ENTREVISTA AL TROVADOR SILVIO RODRIGUEZ

“La canción es siempre una respuesta a algo”

Desde La Habana, por correo electrónico pero aceptando por única vez las repreguntas, el cantautor cubano, que se presenta esta semana en el Luna Park, habla de sus canciones.

 Por Karina Micheletto

Salvo contadas excepciones, en general relacionadas con una causa a defender, Silvio Rodríguez sólo da entrevistas vía mail. Pocas. Su hermana y manager, María de los Angeles, es la encargada de ajustar todos los detalles electrónicos, y cumple eficientemente su rol. El autor de Ojalá y Te doy una canción, entre tantos otros hoy clásicos, parece encontrar en esta modalidad un atajo elegante para una obligación que, dice, le pesa más con el tiempo. Los conciertos que dará el próximo martes, viernes, sábado y domingo en el Luna Park agotaron las localidades rápidamente (ver recuadro). Serán una continuación del histórico concierto que dio el año pasado en Plaza de Mayo, ante 70.000 personas que lo esperaron bajo la lluvia. Antes de sus presentaciones, el trovador dialogó vía mail con Página/12.
“Alguna vez voy a hacer un tomo titulado Entrevistas completas”, explica Silvio respecto de su renuencia a las notas. No es que lo haga a desgano: sus palabras son amables y afectuosas. En un segundo mail continuará una suerte de conversación implícita y pasará la receta de un caldo frío de remolacha a la cubana, que además de remolachas incluye cebolla, manteca, caldo de pollo, leche evaporada y crema. Pero también aclarará que, una vez que logre sacarse de encima este trámite de la entrevista, podrá dedicarse a otros asuntos más gratos.
En los conciertos del Luna Park, Silvio mostrará parte del material de su último disco, Cita con ángeles. Aquí vuelve a mostrarse con toda la potencia del trovador, con bellísimas canciones como Mi casa ha sido tomada por las flores, donde expresa su felicidad por la familia que se agranda; Sinuhé, donde toma posición por la invasión a Irak; o la que da nombre al disco, que parece resumir todas las tragedias de la humanidad, a la que Víctor Heredia agregó un verso para el disco Canciones con Santa Fe, a beneficio de las víctimas de las inundaciones. El disco está dedicado a su hija Malva y a su nieto Diego, nacidos hace un par de años con una diferencia de meses. En la entrevista, el cantautor prefiere no explayarse demasiado sobre su rol de abuelo y padre de una niña pequeña: “Nada especial. Fíjese en su papá o en su abuelito y lo va a ver”, explica.
Para imaginar que se acorta la distancia que implica una entrevista vía mail –si es que tal cosa fuera posible– se le pregunta a Silvio Rodríguez por el lugar y el momento en que está respondiendo el cuestionario, a miles de kilómetros de distancia, en La Habana. El cantautor enumera entonces el paisaje:
–Es la habitación de mi casa donde suelo trabajar. Le llamo “la oficina”. Me rodean libros, en las paredes cuadros de amigos. Hay una guitarra, un par de cámaras, un ordenador, una impresora, buena cantidad de papeles, unos en blanco, otros escritos o garabateados. Acabo de llegar de un concierto de música de cámara y de beberme un par de vasos de caldo frío de remolacha. Creí que ya no habría más entrevistas (hoy ya respondí dos cuestionarios). Mañana es domingo y tengo muchas cosas pendientes, entre ellas cambiarle las cuerdas a la guitarra para la gira que se avecina. Prefiero enfrentarme ahora a sus preguntas y reservarme el día de mañana.
–Estuvo en la Argentina el año pasado en un concierto que fue histórico. ¿Qué recuerdo se llevó de aquella noche?
–Fue la primera vez que canté durante casi una hora seguida en cinco años. El año anterior, 2003, había estado en otros dos conciertos de solidaridad: el que convocaron Víctor (Heredia) y León (Gieco) para ayudar a los damnificados de Santa Fe y el del 30º aniversario del derrocamiento de Allende, en Santiago. En estas dos últimas actividades me expuse completamente. No tenía la preparación vocal debida y tampoco el suficiente estudio guitarrístico. Fue para el concierto en la Plaza de Mayo cuando más me preparé. Por eso quedé razonablemente feliz, al ver que no le había fallado a la gente que esperaba por mí bajo el agua.
–Muchos interpretaron su participación en aquel concierto como un apoyo explícito al gobierno de Kirchner y al rumbo que está tomando en materia de política internacional. ¿Fue así?
–Hay que empezar por decir que es el primer gobierno argentino que me invita a algo. Y yo realmente tomé más en cuenta su política nacional que la internacional. Me gustó la manera en que Kirchner tomó el toro por los cuernos con el FMI, tratando de resolver la crisis argentina. Dije y sigo pensando que este gobierno empezó a regresarle el alma al cuerpo a vuestro país. No es mi intención hacer proselitismo, no soy pro nada, sólo que estas actitudes me parecieron valientes y acertadas, dignas de apoyo, pensando más que nada en ustedes, en lo que estaban pasando los argentinos. O sea que en realidad acepté pensando que hacía un gesto solidario con el pueblo argentino.
–Hacía un par de años que no pisaba un escenario, excepto en ocasiones especiales como conciertos solidarios. ¿Por qué decidió romper ese silencio escénico desde hace un tiempo?
–Los amigos y diversas necesidades me fueron sacando poco a poco de la cueva. Cuando vine a ver estaba montado de nuevo en el tiovivo. Acabo de pasar un mes cantando por toda Cuba.
–Suele decir que no se siente un animal de escena, que lo que realmente disfruta es concebir los textos. ¿Cómo desarrolla el proceso de creación? ¿Tiene algún método fijo?
–No tengo método, pero tomo notas cuando puedo. Siempre he tomado notas literarias y musicales. Lo ideal es emprender la aventura cuando aparece la chispa, pero la mayoría de las veces la señora se muestra inoportunamente. Así que se le hace una instantánea y se congela para cuando haya tiempo.
–Para el disco Canciones con Santa Fe, Víctor Heredia agregó una estrofa a su canción Cita con ángeles. Parece un tema al que se le pueden seguir agregando estrofas en el mismo sentido. ¿A quién autorizaría a hacerlo hoy y sobre qué posible hecho?
–Todo el mundo está autorizado. Cita... es una tonada que le debiera servir a todos. Mi sueño secreto siempre ha sido componer una melodía tan universal como La guantanamera, para que todo el mundo la cante con la letra que le haga falta.
–En la Argentina todavía son muy recordados los conciertos que dio junto a Pablo Milanés, en plena recuperación de la democracia. Usted ha contado que aquellos conciertos hasta influyeron en la forma en que su propio gobierno los veía a Pablo y a usted. ¿Por qué dijo eso?
–La culpa fue de Estela Bravo, que filmó lo sucedido en aquellos primeros conciertos en Obras Sanitarias. Luego pasó el documental en Cuba. Eso fue todo. Lo curioso es que desde hacía años habíamos acumulado reacciones parecidas por toda Latinoamérica y en España, pero lo sucedido en la Argentina fue lo que modificó ciertos criterios de la isla. Yo creo que aún pesaban sobre nosotros algunos estigmas de nuestra juventud, cuando no éramos muy bien vistos. Pero cuando los políticos vieron que quienes nos iban a ver en otros países le daban vivas a la Revolución, nos empezaron a querer un poco más. En Cuba, como en todas partes, los dirigentes respetan a lo que es capaz de movilizar masas. A mí me da vértigo todo eso, y también una especie de sarpullido.
–¿Qué cosas lo siguen sorprendiendo de Cuba?
–La capacidad de resistencia y regeneración, somos fuertes en eso.
–¿Y qué cosas lo siguen enojando, adónde se hace difícil el cambio necesario?
–Lo que pudiera detestar es lo que no sucede, la inercia que mastica su propia cola, esa que puede hacer tanto daño al espíritu como las más sofisticadas campañas del imperio. Esa inercia nos ha arrebatado juventud. Vamos a ver si ahora, con las mejoras económicas, logramos romperla con creatividad, con audacia.
–Usted participó activamente en la campaña a favor de la liberación de cinco compatriotas suyos presos en Estados Unidos, y hasta fue entrevistado por ellos. ¿Cuál es la situación actual de estas personas?
–El 10 de marzo de 2004 se presentó una apelación al tribunal de Atlanta. La apelación reclama una revisión por un alto número de irregularidades que hubo en el juicio. La carpeta es voluminosa y el tiempo pasado hace suponer que están revisando el caso. Según las leyes de Estados Unidos, no hay tiempo límite para responder la apelación, así que todo está en el aire hasta que el tribunal se pronuncie. Los cinco siguen aislados y con la misma actitud íntegra. No podemos olvidar que éste es un juicio político y tampoco la agresividad con Cuba de la actual administración de la Casa Blanca.
La respuesta llega rápida e inapelable por vía electrónica. A Silvio Rodríguez se le pide la posibilidad de un par de repreguntas breves, y acepta. En el nuevo cuestionario se le pregunta por la escasa felicidad que parece provocarle dar entrevistas y por qué de un tiempo a esta parte sólo lo hace vía mail, salvo contadas excepciones. Responde con galantería:
–Alguna vez voy a hacer un tomo titulado Entrevistas completas. Esa es la razón fundamental por la que cada vez le dedico menos tiempo, por el enorme tiempo que hasta el día de hoy les he dedicado a los cuestionarios. Y no crea que siempre es tan útil y grato como es el caso de esta conversación con usted. En ocasiones nuestro esfuerzo se esfuma en ediciones carniceras, cuando no macabras... Y la razón de que ahora haga más entrevistas por correo electrónico es simple: antes no existía el correo electrónico.
–Usted dice: “En Cuba, como en todas partes, los dirigentes respetan a lo que es capaz de movilizar masas. A mí me da vértigo todo eso, y también una especie de sarpullido”. ¿Cómo se manifiesta, concretamente, ese respeto de los dirigentes que le da vértigo? Y a esta altura del partido, ¿no se ha acostumbrado a lidiar con eso?
–No es la consideración de los políticos lo que me da sarpullido sino descubrir que las canciones son capaces de movilizar. Debe ser una especie de enano responsable que llevo dentro. Porque todo empieza cuando el mundo me moviliza a mí: las canciones a veces son como respuestas que doy a lo que me rodea, pero da susto ver que una multitud es capaz de responderle a uno. Los políticos sueñan con eso, invierten su vida tratando de conseguirlo, sea para hacer lo que consideran que es el bien (como en nuestro caso) o para llevar a la gente a donde les conviene (como también sucede). El verdadero show del mundo es el político. Las superproducciones son estas guerras que nos sobrecogen (cuando no nos tocan), los genocidios, las reuniones de alto nivel, los grandes pronunciamientos históricos. Y todo no es más que la pretensión de cuatro gatos comprometiendo la suerte de millones... Vaya si me da sarpullido. A veces me da hasta espanto.
–¿Qué va a hacer cuando termine de sacarse de encima este cuestionario?
–Fumigar. Hay una cantidad de mosquitos que no se la va a creer.

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